Una mirada marxista-leninista del mundo

Una mirada marxista-leninista del mundo

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Ponencia presentada por el Partido en el panel internacional con el tema Una mirada marxista leninista al mundo de hoy realizado el 21 de noviembre organizado por el PCMLE.

¿Cómo están las fuerzas de la clase obrera? ¿Qué perspectivas tienen? ¿Cuáles son las tareas de los Partidos de la clase obrera? Estas son las preguntas que los marxistas-leninistas tenemos que responder cuando intentamos analizar la situación mundial.

Situación orgánica de la clase obrera en la región

Luego del período de crecimiento sostenido de la posguerra, que fruto de la reconstrucción de Europa pudo desarrollarse de manera estable, se hicieron pesar las tendencias fundamentales del sistema capitalista, particularmente la ley tendencial de la baja de la tasa de ganancia. Para buscar la recomposición de esta, la fracción dominante del imperialismo, Estados Unidos, viene impulsando a nivel mundial un conjunto de reformas y reestructuras que tienen por objetivo recomponer sus márgenes de ganancia.

Este fenómeno se da en la fase imperialista del capitalismo, lo que marca que la producción mundial está organizada por un grupo de monopolios imperialistas que pertenecen a un puñado de potencias, que son los que vienen impulsando estos cambios en la producción a escala global.

La revolución en las tecnologías de la información y la comunicación permitió realizar grandes cambios en cadenas productivas, deslocalizando cadenas enteras para ubicar la producción en Asia mientras que América Latina se consolida como productora de materias primas, cerrando y relocalizando las industrias instaladas allí.

Además de esto, se viene impulsando acorde a la estrategia productiva vigente, tercerizaciones y externalizaciones de sectores enteros de la producción.

Estas políticas han venido acompañadas de la aprobación de nuevos marcos jurídicos que facilitan la movilidad de capitales y mercancías necesarios para la organización productiva que se impulsa.

Como resultado de este proceso la clase obrera en la región (y en otras) ha sido golpeada orgánicamente, su número ha disminuido y se ha venido fragmentando y atomizando. Lo que debilita su fuerza y capacidad de lucha.

Otro resultado son las constantes dificultades económicas por las que pasan los países de la región, ya que el empleo ha disminuido y ha venido en aumento la población “sobrante”, que no trabaja y el sistema la impulsa a la marginalidad.

Como respuesta a las consecuencias de las políticas que vienen impulsando los centros imperialistas en la década de los 90, se gestó una gran movilización social que desestabilizó políticamente a la región. Las burguesías locales lograron controlar la situación creando en muchos casos opciones que resumieran la protesta social, canalizandola por vías institucionales, con una fuerte política de asistencialismo promovido desde BID, el BM, etc., y que todos los gobiernos, de los distintos colores, han mantenido.

Erróneamente -al menos eso creemos- gran parte de la izquierda ha planteado que todo el agravamiento de la situación económica y el constante empobrecimiento de las clases trabajadores han sido fruto de las políticas y gobiernos neoliberales. Este es el discurso que ha sabido promover el progresismo, que se presenta en oposición al neoliberalismo como una forma de gestionar el Estado burgués de manera diferente.

Como se ve claramente en las últimas décadas, los gobiernos llamados progresistas y los gobiernos llamados neoliberalistas se asemejan a dos caras de la misma moneda, se van turnando en el gobierno según las condiciones puntuales de la situación económica y política, pero las políticas que impulsan y la adaptación a las necesidades del capital financiero se mantienen en los diferentes gobiernos. El comintern había alertado ya sobre cuestiones similares.

Este planteo debilita la posición de las organizaciones revolucionarias, al criticar una “política” económica, al no aclarar que el aumento sistemático de la explotación de los trabajadores, la disminución de los salarios y el gasto social de los Estados, los cambios en el sistema productivo, etc., son mecanismos que la burguesía utiliza para mantener los márgenes de ganancias que el desarrollo del capitalismo impulsa a la baja. Por lo tanto no son fruto de una política de quienes gobiernan, sino el desarrollo inexorable de la economía capitalista.

En conclusión, la clase obrera en la región y en gran medida en el mundo se ha visto golpeada orgánicamente, reducida numéricamente fragmentada y atomizada, lo que plantea desafíos para las organizaciones revolucionarias al momento de organizar y unir a los trabajadores para defender sus intereses.

El retroceso que surge de la derrota en el campo socialista

Como reflejo de las sucesivas derrotas sufridas por los revolucionarios fundamentalmente en Asia y África y la estabilización definitiva de las democracias burguesas en América Latina y Europa (no quedaba lucha progresista que apoyar, ya había triunfado la contrarrevolución), el movimiento marxista-leninista atravesaría en la década de los 80s por una etapa de reflujo que ayudaba a abrir las puertas de diferentes partidos al revisionismo.

Este proceso estaba acompañado por la difícil situación de Albania Socialista, vanguardia ideológica de los marxistas-leninistas, que luego de la ruptura con China se encontraría con serias dificultades materiales como consecuencia del cerco ideológico impuesto por las potencias imperialistas y sus aliados. Lo que era acompañado por un envejecimiento y fallecimiento de sus cuadros históricos.

El debilitamiento continuo de las posiciones del PTA culminaría sintetizándose en su IX Congreso realizado en 1986 en el que cristalizarían, entre otras cosas, teorías que tenían como objetivo el acercamiento al campo revisionista liderado por la URSS, disminuyendo progresivamente el combate ideológico y promoviendo la liberalización económica.

Sin dudas esto repercutiría en los partidos marxistas-leninistas liderados por el PTA muchos de los cuales hicieron seguidismo ciego a los cambios antes mencionados llevándolos y adaptándolos a sus realidades. Nacería con esto una nueva tendencia en estos partidos que realizarían “autocríticas” a diestra y siniestra acerca de su pasado “sectario” y una vez desmantelado definitivamente todo lo que quedaba del campo socialista, llamaron a cerrar filas con todos aquellos que se reivindicaban comunistas, cediendo en la lucha ideológica en pos de la unidad y rehabilitando a corrientes antes combatidas como el castrismo y en menor medida al maoísmo, haciendo seguidismo a gobiernos burgueses a los que llamaba a votar, pasando por procesos de fusión con otras organizaciones, entre otras manifestaciones.

La degeneración ideológica de muchos partidos marxistas-leninistas se puede notar con claridad con la desaparición de partidos que pese a las críticas que se le pudieran hacer, supieron tener un peso destacado en la escena internacional como por ejemplo el Partido Comunista de Portugal Reconstituido, el Partido Comunista de Alemania Marxistas-Leninistas y el Partido Comunista de España (ml) que debió ser refundado en el 2006.

También otros partidos, producto de ese mismo proceso de descomposición son hoy irreconocibles, como el caso del PcdoB, partido que gozaba de un alto prestigio incluso en Albania donde se traducían y publicaban sus obras más destacadas o casos menores como los partidos M-L de Canadá y Gran Bretaña.

Solo después de muchos años avanzado el actual siglo van a comenzar a surgir nuevas organizaciones que reivindican el legado de aquellos partidos que supieron ser una punta de lanza contra el revisionismo moderno en la década de los 60s hasta llegar a la actualidad.

La derrota en el campo socialista afectó, como no podía ser de otra manera, las fuerzas del proletariado a nivel mundial, la obra comenzada por los revisionistas contemporáneos en la URSS, las dificultades de Albania y posterior capitulación, golpeó a los partidos marxistas leninistas y por lo tanto a la corriente en cuestión como tal, golpes que hasta hoy en día no hemos podido revertir.

La ofensiva ideológica de la burguesía permea a las organizaciones revolucionarias

El posmodernismo viene siendo la punta de lanza de la penetración ideológica de la burguesía en el movimiento obrero y sus organizaciones revolucionarias.

El posmodernismo tiene sus orígenes en figuras como Nietzche en la filosofía, Freud con la creación del psicoanálisis y Levi-Strauss en la antropología, los que cada uno en sus áreas han desarrollado teorías anticientíficas y antimaterialistas al servicio de la burguesía, en las que cuestionan que la realidad material sea la que determine el pensamiento y la conciencia humanas. Más adelante estas ideas se toman por los posestructuralistas que avanzan en revisar el marxismo y adecuarlo. Es una corriente fuertemente idealista, que exalta el subjetivismo y el individualismo.

En particular la escuela de Frankfurt, corriente también conocida como marxismo cultural, que busca a través de las ciencias sociales revisar a Marx y complementarlo. Arguyen que al Marxismo le falta el aspecto del desarrollo del individuo, tachandolo de esquemático y positivista.

También se cuestiona el concepto de desarrollo de las fuerzas productivas y de la necesaria dominación de la naturaleza por el hombre, y se oponen a la industrialización a la que culpan por la destrucción del medio ambiente. Se ataca a la ciencia, negando que a través de su método y por la razón humana se pueda llegar a conocer la realidad objetiva.

El posmodernismo es la última actualización de la ideología dominante que busca atacar al materialismo histórico y a la ideología proletaria.

Estas teorías se desarrollan dentro de la academia y desde allí se expanden y arraigan en la educación universitaria a nivel de Latinoamérica. En la actualidad gran parte de la academia en el área de las ciencias sociales está cooptada por estas nociones, que tienen a la “nueva izquierda” y a clase media como sujeto que materializa los postulados postmodernistas, aunque los postulados fundamentales de estas ideas son hegemónicos en los demos universitarios.

Estas concepciones tan difundidas en particular cuestionan a la clase obrera como clase, y desde el punto de vista económico se cuestiona la noción de trabajo productivo planteando una supremacía de los servicios y las nuevas formas de trabajo.

A su vez, se plantea la imposibilidad de ubicar socialmente a un individuo por su realidad material y en conjunto a esto la determinación de la identidad del mismo de manera “libre”, atacan de esta manera una de las bases más importantes del marxismo que es la noción de la clase obrera como sujeto histórico de la revolución.

Desde este punto de vista el sujeto de los cambios van a ser estos individuos con identidades oprimidas, las “minorías”, es decir se va a romper una de las claves de la revolución socialista que es el carácter de clase de la lucha. Esta práctica tiene como una de sus consecuencias la fragmentación de las luchas en diferentes identidades y auto reconocimientos de distintos colectivos. También se viene cuestionando a la organización, se demandan e implementan nuevas formas de “activismo”, donde no se admite la representatividad colectiva ya que ésta no puede expresar la diversidad.

El posmodernismo tiene tres fuertes expresiones que vienen permeando con gran fuerza a las organizaciones revolucionarias.

Feminismo

El feminismo es una de las concepciones más extendidas vinculadas fuertemente con el posmodernismo. Aunque tiene una existencia previa a que se consolide la corriente de la que hablamos y un origen marcadamente burgués (carácter que sigue manteniendo), hoy ha tomado una hegemonía tal en las diferentes luchas de la mujer que vale la pena hacer una mención destacada.

Vale aclarar que el feminismo no es la única corriente -como se presenta- que analiza y lucha por la situación de opresión y explotación de las mujeres en el sistema actual, sino que desde el socialismo no sólo se ha luchado por las mujeres trabajadoras, sino que el socialismo es la única corriente que explica materialmente el porqué de la explotación y la opresión específica de la mujer y además plantea la solución de la misma. Pero no sólo esto, sino que además existe la experiencia histórica concreta que lo llevó a cabo en el socialismo triunfante.

El feminismo ataca la unidad de la clase obrera separando la lucha de la mujer trabajadora de la del resto de la clase. Pone además el foco en luchas parciales y que en el fondo representan los intereses de las mujeres burguesas, como por ejemplo el techo de cristal a nivel de la academia y las empresas, la brecha salarial, las cuotas. En general se omite toda referencia al trabajo y salario de las mujeres trabajadoras.

El feminismo pone como uno de los ejes principales el problema de la violencia, ya que fácilmente se ubica al hombre (genérico, pero que ataca directamente a los hombres de la clase trabajadora) como el enemigo, el problema a resolver, fomentando una división sin solución dentro del sistema capitalista.

Otro eje es el aborto, que, si bien es una lucha válida, se plantea desde una perspectiva de lucha por derechos individuales, con concepciones netamente liberales, y no se plantea en el contexto de la necesidad de que la sociedad valorice la reproducción social y asuma la responsabilidad colectiva. El discurso se reduce a “si no podés hacerte cargo de tus hijos no los tengas”.

Estás ideas de los derechos individuales del cuerpo, que desconocen la realidad material, económico y social en que se ubican los individuos abre el paso en conjunto con la promiscuidad y libertinaje sexual, que también son promovidos por esta corriente, a la legitimación social de un flagelo como la prostitución, “con mi cuerpo hago lo que quiero”.
El feminismo es la principal corriente que hace campaña activa por la reglamentación de la prostitución en todo el mundo, un campo fértil para que los lobby proxenetas consigan beneficios, reproduciendo la violencia sistemática a la que las mujeres pobres que se ven arrojadas a la prostitución para sobrevivir están sometidas.

Al igual que en el movimiento obrero, la mujer obrera es la gran ausente de este movimiento de mujeres burguesas.

Teoría queer

La teoría queer niega la objetividad y materialidad del sexo biológico, llegando a plantearlo como una construcción cultural. Para afirmar esto se basan en los hermafroditas, casos demasiado particulares y excepcionales a la regla como para poder fundamentar estas teorías. Uno de los ejes del planteo es la superproducción de nuevos géneros y sujetos, llegando al extremo de que cada uno puede tener una expresión de sexo y género únicas. Este movimiento ha cooptado las luchas por los derechos de los homosexuales, haciendo desaparecer cualquier organización combativa en este sentido, atomizando en miles de organizaciones minúsculas.

Muy especialmente los representantes de esta teoría buscan cooptar el movimiento de mujeres, quitando el eje de la mujer como sujeto, planteando la centralidad del problema de la expresión de género y la orientación sexual dentro del movimiento de mujeres. El feminismo hoy en día es un representante de estos planteos.

El planteo más nefasto de este movimiento es el referente a los trans, negando que exista una patología asociada a la falta de identificación de la persona con su propio cuerpo, promoviendo la operación de cambio de sexo como una solución para estas personas, a pesar de haber evidencia que demuestra que el porcentaje de personas que se arrepienten tras esta intervención es muy alto.

Ecologismo

Lejos de plantear el problema de la sustentabilidad como una necesidad de supervivencia de la humanidad, se lleva a unas reivindicaciones y “soluciones” que ponen el foco en la acción individual, y no en la planificación de la producción y el control de la contaminación producida por las grandes industrias.

Incidencia en las organizaciones revolucionarias

El posmodernismo viene incidiendo cada vez más en las organizaciones revolucionarias, la traslación de todas estas concepciones a las mismas se realiza fundamentalmente desde las universidades donde tienen una importante hegemonía, y en general desde los sectores de la pequeña burguesía. La principal consecuencia es que en las políticas de los partidos pierde centralidad el trabajo sobre la clase obrera.

Evidentemente la composición de los partidos incide en el grado de influencia de estas ideas. Pero vale resaltar que las ideas posmodernas tienen escasísima penetración en la clase obrera, pero sí influyen en el carácter del discurso de las organizaciones revolucionarias que terminan tomando estas ideas y como consecuencia no pudiendo desarrollar un discurso con arraigo en las clase obrera.

La falta de protagonismo de la clase obrera en la escena política

La coyuntura que describimos donde la clase obrera está golpeada orgánicamente y sus organizaciones muy debilitadas se traducen en una falta de protagonismo en la escena política de la misma.

Hoy en Latinoamérica es la pequeña burguesía la clase social que tiene un protagonismo político, y en general un protagonismo desmedido con su peso económico y social real. Cuando las masas de trabajadores salen a la calle por lo general o se ven arrastrados por algún sector de la burguesía o ésta la termina resumiendo con facilidad.

Ya hablamos de cómo sectores de la burguesía lograron resumir las luchas contra el ajuste que se impuso con fuerza en la década de los 90. Y en este caso muchas organizaciones revolucionarias confundieron estos procesos con procesos revolucionarios y hasta socialistas, esta parecería una tónica común a los partidos y organizaciones revolucionarias de Latinoamérica que desde su existencia han sido marcados por los debates sobre cómo caracterizar las revoluciones y movimientos Latinoamérica. Ya en los años 20 y 30 la Comintern tuvo con los partidos y grupos comunistas importantes debates sobre el carácter de las revoluciones liberales, que muchos apoyaban; en los años 60 surgió el debate sobre el carácter de la revolución cubana, y en el último tiempo diferentes organizaciones revolucionarias se han posicionado de manera confusa frente a varios hechos, por ejemplo el movimiento que surgió en Chile, donde varios caracterizaron como una victoria la nueva Constitución escrita por las mismas clases dominantes que escribieron la anterior, y posteriormente muchas organizaciones revolucionarias han tomado como suya la consigna de la Asamblea Constituyente olvidando quien posee la conducción de estos movimientos y por tanto el carácter de clase que tendría esa nueva Constitución.

También la relajación teórica de las diferentes organizaciones revolucionarias han sido una premisa que ha adobado todos estos problemas al momento de caracterizar los procesos. La vulgarización de categorías como “democracia”, “fascismo” y otras, ha metido a muchas organizaciones en embrollos sumándose a cuestionables frentes y apoyando a diferentes gobiernos del progresismo frente a la supuesta amenaza del fascismo y la “ultraderecha”. Estas actitudes son cuestionables en tanto se va poniendo a sectores de la clase obrera como furgón de cola de diferentes movimientos burgueses.

En conclusión, la coyuntura está marcada por la falta de protagonismo de la clase obrera, y la hegemonía de la escena política de lo que llamamos “izquierda” por parte de la pequeña burguesía, que promueve las concepciones anti proletarias que enumeramos anteriormente.

El momento que vivimos

La debilidad de las fuerzas del proletariado, la hegemonía tan importante de la ideología burguesa en el movimiento obrero, la capitulación que venimos viendo desde hace décadas de grandes partidos del proletariado, nos ubica en un contexto similar al de la primera guerra mundial.

Hoy a 50 años del discurso de Hoxha que partió aguas en la conferencia de partidos comunistas, estamos en una coyuntura donde hay que emular el ejemplo de Hoxha y de Albania Socialista, que frente a un panorama adverso, donde el revisionismo contemporáneo se consolidaba en el campo socialista tuvo la valentía y la firmeza ideológica para enfrentar, contra una gran corriente, las posturas claudicantes de la mayoría de los partidos revolucionarios y comunistas y defender el marxismo-leninismo.

Un ejemplo de cómo se fue fiel a la tradición de los revolucionarios bolcheviques que también se encontraron frente a la claudicación de todo el movimiento socialista. En estos dos casos, y en la actualidad, la tarea de los revolucionarios proletarios son las mismas: formación de partidos auténticamente marxistas-leninistas y un trabajo sistemático sobre el proletariado para lograr su unidad, combatividad y actuación independiente en la escena social y políticas, preparándonos de manera sistemática para la próxima oleada revolucionaria.

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