Qué fue y qué es el proceso cubano

Qué fue y qué es el proceso cubano

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Artículo públicado en la revista Unidad y Lucha número 41

En su famoso discurso de 1967 ante la Tricontinental, Ernesto “Che” Guevara decía con mucha razón que en nuestra época, la época de la fase superior del capitalismo y de las revoluciones proletarias, ya no se podía confiar en las burguesías nacionales debido a que éstas habían perdido toda su oposición al imperialismo planteando la situación de la siguiente manera: “o revolución socialista o caricatura de revolución”.

A esa altura del partido, no había marxista-leninista honesto que no supiese que el planteo de Guevara era un tiro en su propio pie, pues, la Cuba castrista ya había abandonado cualquier perspectiva revolucionaria a cambio de rublos frescos, era la caricatura de “socialismo” con la que el socialimperialismo atraía nuevos satélites provenientes de las luchas de Liberación Nacional; era en definitivo esa caricatura de revolución de la que Guevara intentaba a advertir curiosamente a un público compuesto por organizaciones pequeñoburguesas.

En el marco de la necesaria lucha que debemos desarrollar contra las ideas ajenas al marxismo-leninismo se precisa echar luces sobre diferentes aspectos claves a la hora de caracterizar el proceso cubano y evitar así el flujo de ideas antimarxistas y nociones erróneas acerca de la construcción del Socialismo que produce el seguidismo al castrismo.

Es importante abordar el tema de la revolución cubana porque, entendemos, que si bien fue un estímulo para varias generaciones de militantes, se pueden vislumbrar muchos vacíos en lo que refiere a la práctica no solo de la construcción socialista sino también a lo que hace al internacionalismo proletario, el cómo tomar el Poder y el rol de un Estado de vanguardia a la hora de enfrentar al oportunismo.

Es que ha sido imposible para nosotros no ver a los principales dirigentes cubanos abrazados de los mayores exponentes del revisionismo: Jruschov, Brezhnev, Tito, Nasser, Chávez entre otros, a quienes no solo no combatieron, sino que impulsaron como aliados insustituibles. Mientras que por otro lado, combatieron la necesidad del análisis objetivo y subjetivo de la realidad a la hora de plantearse la toma del Poder, causando estragos en las filas revolucionarias contemporáneas; el envío de tropas armadas con fusiles socialimperialistas y más recientemente el apoyo al populismo y las alianzas de la izquierda con la burguesía. Todas estas ideas que el castrismo impregnó en la izquierda latinoamericana y que hoy parecen muy lejanas, seguimos enfrentándolas a diario y conllevan junto con el posmodernismo uno de los principales desafíos ideológicos a combatir por nuestro Partido.

Pero, partamos desde el comienzo.

El Movimiento 26 de Julio, sus objetivos antes de tomar el poder

Los revolucionarios cubanos, al menos hasta que la URSS lo exigiera, en ningún momento se declararon comunistas, marxistas-leninistas. Muy lejos de eso, el Movimiento 26 de Julio estaba conformado por ex integrantes de los partidos burgueses consolidados en la sociedad cubana de la época, el Partido Ortodoxo y el Partido Revolucionario, partidos de impronta nacionalista, democrático-burguesa, lo que sintetizaban como antimperialismo. Su composición social estaba fuertemente marcada por la pequeña burguesía; intelectuales, profesionales e incluso hijos de burgueses medios relacionados al imperialismo como el caso del propio Castro.

El objetivo principal, si no el único que tenían planteado, era el derrocamiento de la dictadura de Batista como punto de partida para un mayor desarrollo capitalista de la economía nacional ampliamente primarizada y en manos de los monopolios norteamericanos. Luego, producto de la necesidad de atraer al campesinado, se colocaría la necesidad de la reforma agraria.

Ejemplo de esto sería el Manifiesto de la Sierra Maestra publicado en julio de 1957 en donde se hacía un llamado para unir a todas las fuerzas que estén en contra de la dictadura, por un “encauzamiento democrático y constitucional” en el que se hablaban cuestiones como la realización de elecciones libres, el respeto al republicanismo preexistente en la isla y a su Constitución.

Donde más explícitamente Castro muestra el carácter burgués y antiproletario de su programa es en el artículo “¿Por qué luchamos?” que escribió para la revista Cornet publicada en febrero de 1958. Por cuestión de espacio no podemos reproducir aquí todo lo que quisiéramos respecto a esta nota. En resumen, en este artículo, el dirigente cubano remarca la estrategia del Movimiento 26 de Julio en el período: derrocamiento de Batista; constitución de un gobierno provisional el cual sería designado por delegaturas compuestas por integrantes de la “sociedad civil” de los cuales menciona 1) asociaciones religiosas, 2) gremios profesionales, 3) Rotarios1, Leones, etc.; y el llamado a elecciones por un gobierno que respete la constitución de 1943. Lo primero que salta a la vista y rompe los ojos es que a la hora de constituir el gobierno no se menciona a las organizaciones ni obreras, ni campesinas, mientras que el respeto constitucional deja de manifiesto que el interés supremo era volver al cauce natural de la legalidad burguesa, pero sin Batista. Ni democracia popular, ni Asamblea Constituyente, mucho menos hablar de dictadura del proletariado, por supuesto.

El programa que defendía el Movimiento 26 de Julio es detallado por Castro en este artículo en el que plantea 7 puntos esenciales: 1) amnistía política; 2) libertad de prensa; 3) restablecimiento de libertades individuales; 4) fin de la corrupción (propone para esto subir el salario de los funcionarios); 5) campaña contra el analfabetismo; 6) Reforma agraria basada en la resolución de la propiedad legal2; 7) desarrollo de la industria ligera como motor de la generación de empleo.

Si alguien cree que a partir de este programa podrían desatarse transformaciones en el régimen de propiedad, Castro no vaciló a la hora de defender la inversión extranjera y asegurar las condiciones para mantener las explotaciones ya en curso siempre y cuando no contradigan con este programa, debido a que, según él, el Estado financiaría sus obras de infraestructura en base a una mejor recaudación impositiva lograda a partir del cobro directo de los impuestos y el combate a la corrupción. Por ende, la inversión privada sería el motor de la nueva Cuba soñada por Castro y así lo dejaba en claro:

“(…) cualquier intento de nacionalización total obviamente obstaculizaría el punto principal de nuestra plataforma económica: la industrialización al ritmo más rápido posible. Para ello, las inversiones extranjeras siempre serán bienvenidas y seguras aquí.”

Si se sigue pensando luego de todo lo anterior que Castro intentaba desviar la atención de sus fines socialistas secretos, finalizamos el parágrafo con la síntesis de todo el asunto, el porqué luchaba el Movimiento 26 de Julio:

“La industrialización está en el corazón de nuestro progreso económico. Se debe hacer algo con la asombrosa masa de más de un millón de desempleados que no pueden encontrar trabajo durante ocho de cada doce meses. Pueden esperar trabajar solo durante los cuatro meses de la cosecha de la caña. Un millón de desempleados en una nación de seis millones indica una terrible enfermedad económica que debe curarse sin demora, para que no se pudra y se convierta en un caldo de cultivo para el comunismo.”

Cae Batista, empieza la revolución

Luego de varios golpes definitivos al ejército de la dictadura cubana, el primero de enero de 1959 los revolucionarios cubanos toman La Habana en lo que se considera el día uno de la revolución triunfante.

Es necesario colocar algunos detalles acerca del estadio previo a la revolución. Siendo una de las últimas colonias españolas en América, la historia de Cuba como República está vinculada fuertemente a los Estados Unidos. Esto significó en un principio la inmediata invasión por parte del ejército norteamericano luego de la independencia de España y una tardía independencia relativa, pues, si bien en 1902 se declara la República de Cuba como Estado independiente, esto quedaría solo en los papeles debido al control absoluto de la economía cubana por parte de los monopolios estadounidenses los cuales utilizaban la isla para la plantación y exportación en bruto principalmente de azúcar y café mientras colocaba allí sus mercancías de segunda orden. Llevado a los hechos esto posicionaba a Cuba como una semicolonia de los imperialistas norteamericanos. La democracia no era uno de los puntos fuertes del país caribeño que en 1933 conocería el primer golpe de Estado perpetrado por Fulgencio Batista, quien gobernaría exceptuado por breves recesos hasta 1959.

Previo a la toma del poder encontramos en Cuba un gobierno sumamente autoritario que gobernaba en base al terror, que había suprimido las libertades democráticas y mantenía la economía en un profundo estado de crisis, debido en gran parte por su nula diversidad productiva y tecnificación, haciéndola sumamente dependiente de las condiciones del clima y de la voluntad de los monopolistas yanquis.

Todo esto provocó constantes manifestaciones y huelgas por parte de la clase obrera y demás sectores populares, lo que generaba, como era de esperar, la desmoralización en las filas del gobierno de Batista y su ejército. Además, un pueblo movilizado traía el descontento del patrón norteamericano, y quien no tiene el visto bueno del jefe, en estos casos cae3.

El elevamiento de la victoria contra la dictadura agonizante de Batista al nivel de una epopeya producto de grandes logros desde el punto de vista militar y de lo que respecta al rol de las masas en la revolución, llevó a la subestimación hacia una correcta valoración de los aspectos objetivos y subjetivos, inventando nuevas leyes generales para la toma del poder, que provocó una ola de guerra de guerrillas en todo el continente que tuvo como consecuencia la muerte de miles de combatientes populares, una lección que asumimos tardíamente. Hoy nadie en su sano juicio se plantea el desarrollo de la guerrilla de la forma castrista, estos hechos nos ayudan a desmentir el mito del foco guerrillero como método exclusivo y válido al momento de plantearse la lucha armada por la toma del poder, o el mito del puñado de hombres que derrotaron un ejército regular poderoso.

Es necesario recalcar el cumplimiento en el caso cubano de las tesis marxista-leninistas de que la toma del poder es imposible sin la corrosión y división del ejército estatal burgués, sin la insurrección organizada de destacamentos obreros en las principales ciudades y por supuesto, sin cumplirse las condiciones objetivas y subjetivas para la revolución. Muchos olvidan que previo a la victoria se dieron diversos levantamientos que terminaron en fracasos rotundos y que la piedra angular en el desarrollo de las unidades guerrilleras fue el trabajo paciente en el campo y en la ciudad; que el gobierno de Batista tenía los días contados y que la burguesía proyanqui cubana no podía seguir gobernando por mucho tiempo a través de los mismos métodos como tampoco el pueblo cubano podía seguir resistiendo al hambre y la miseria. Mientras que, por otro lado, la falta de una oposición burguesa definida y el escaso desarrollo de la democracia burguesa en Cuba fueron determinantes a la hora de posibilitar el triunfo del Movimiento 26 de Julio.

Tras la toma del aparato estatal, los nuevos gobernantes cubanos siguieron un camino diferente del de las revoluciones proletarias más emblemáticas como la soviética y la albanesa, que definieron su rumbo en los primeros días con la toma de decisiones económicas y políticas concretas en pos de fortalecer la revolución, en el caso cubano las medidas revolucionarias iban a demorarse. Por ejemplo, la Reforma Agraria -de aspecto bastante conservador- se definió recién en mayo mientras que la nacionalización de la industria privada nacional se dio de forma gradual entre 1967 y 1970 como continuación de las primeras estatizaciones de las principales empresas norteamericanas que comenzaron a finales de 1960 amparándose en la vieja Constitución y en fuertes indemnizaciones para los capitalistas.

Previo a esto, Castro ya había realizado una gira por Estados Unidos ofreciendo continuar con las relaciones de dependencia, pero con un poco más de control, hablando de la amistad entre ambos países, llegando al punto de reivindicar la participación del Estado cubano en intervenciones imperialistas, y haciendo énfasis de que su revolución no pensaba meterse con la burguesía sino mejorar la distribución de la riqueza.

A tal nivel vio con buenos ojos Estados Unidos la caída de Batista y la toma del poder por parte del Movimiento 26 de Julio que en los primeros días comunicaron:

“La buena voluntad sincera del gobierno y del pueblo de los Estados Unidos en relación al nuevo gobierno y al pueblo de Cuba” (Departamento de Estado de EEUU. Boletín volumen 440, Nº1022 26 de enero de 1959).

Posteriormente, viendo que las “buenas” inversiones de Estados Unidos para industrializar Cuba y explotar mejor el turismo no llegaron, el gobierno cubano se vio en la obligación de buscar variantes sobre todo la compra de petróleo en base a precios más favorables, ya que EE.UU. se lo vendía por encima del valor del mercado.

La búsqueda de independencia por parte de su vieja semicolonia no causó gracia a los imperialistas norteamericanos que no estaban dispuestos a aceptar el desarrollo de una burguesía nacional en contra de sus intereses, a lo que no permitió la implementación de medidas como la nacionalización de algunas de las principales empresas de energía, comunicaciones y transporte4, así como tampoco el combate al latifundio, medidas que muchos gobiernos latinoamericanos ya habían llevado adelante décadas atrás con relación a Inglaterra.

Esto generaría una agudización acelerada en las contradicciones entre los dos Estados, por un lado Estados Unidos reducía la cuota de compra de azúcar y bloqueaba el procesamiento de materia prima no proveniente de su territorio en las empresas cubanas propiedad de sus monopolios5, y por el otro el Estado cubano tomaba fuertes medidas -generalmente nacionalización y en contados casos la expropiación por la fuerza- indispensables para no parar por completo la producción, lo que significaría la caída del nuevo gobierno en cuestión de semanas.

Por lo tanto, podemos afirmar que las contradicciones de Cuba con Estados Unidos no surgen producto de un decidido enfrentamiento de los revolucionarios cubanos sino que surge en el atraso previo del desarrollo económico de la isla, su histórica dependencia con los EE.UU, pero fundamentalmente, se deben a uno de los aspectos del Imperialismo como época histórica. Solo un idealista, un político de mentalidad estrecha y desconocedor de la realidad puede pretender encausar una lucha de liberación nacional de forma pacífica, sin esperar la reacción de las potencias imperialistas que se ven perjudicadas al perder una zona de influencia, un mercado, un destino fácil en donde colocar sus capitales y extraer fácilmente dividendos.

Lo anterior responde a la afirmación falaz de que Castro fue moderado al comienzo para no apurar procesos. En primer lugar, en ningún momento está planteado en los programas del Movimiento 26 de Julio, ni de otro partido cubano oficialista, la cuestión del socialismo previo al 62, ni siquiera se habla de la clase obrera que es la gran ausente en todo el proceso. Los dirigentes de la revolución cubana y sus documentos fueron siempre muy claros en el objetivo que era derrotar a Batista y continuar con un desarrollo capitalista normal, con mayor autonomía para la burguesía y un desarrollo ligero de la industria. Y si alguien osaba a dudar de esto, Castro se encargaba en sus eternos discursos de vomitar anticomunismo abiertamente.

Al igual que en otros procesos surgidos en África o Asia durante la llamada Guerra Fría, los anhelos de “socialismo” llegarían en la misma caja que los créditos, las inversiones, las armas y los pedidos de favores por parte del socialimperialismo soviético.

Fin de las aspiraciones nacionales: los socialimperialistas ganan un nuevo satélite

La visita a Cuba el 4 de febrero de 1960 del dirigente del Gobierno Soviético y mano derecha de Jruschov, Anastás Mikoyan, la gira que realizó a finales de ese mismo año Guevara por el bloque del CAME y China en busca de créditos, y finalmente, el bloqueo económico de Estados Unidos decretado en febrero de 1962, serían los puntos de partida del viraje de la revolución cubana hacia posiciones prosoviéticas. A partir de este momento podemos decir que se inicia la etapa de negación de la revolución democrático-burguesa y antimperialista, lo que se sintetizaría rápidamente en la conversión de Cuba en un país altamente dependiente al servicio del otro bando imperialista del periodo.

Es necesario aclarar que para los años 1960 la Unión Soviética ya había renunciado a la construcción socialista y a la dictadura del proletariado, convirtiéndose en un “Estado de todo el pueblo”, en el que se habían eliminado los organismos de Poder Popular y el capitalismo se había hecho paso a través de diversas medidas económicas que fortalecían a la libre empresa y al mercado dando paso a la restauración capitalista. Esto y las tesis de la “Distribución socialista” del trabajo que arrasó con la Industria y la soberanía económica de los países del bloque del este son algunos de los elementos que hacían ya a la URSS un Estado Socialimperialista, Socialista de palabra e imperialista en los hechos.

La nueva dependencia de la isla

A modo de ejemplo, en el caso de Cuba, la aceptación de créditos soviéticos venía acompañado de la obligación de la compra de artículos de este mismo Estado entre un 11% y un 53% por encima de los precios del mercado internacional, y en el caso de la maquinaria, era común la utilización de equipos atrasados, de generaciones anteriores y de muy mala calidad.

La integración de la economía cubana a la “división socialista del trabajo” y el aprovechamiento por parte de la dirigencia cubana de la “ayuda” soviética se tradujo en el abandono total de cualquier proyecto de industrialización del país y por ende también en la dependencia absoluta de la isla respecto al imperialismo.

Como expresión de la brutal dependencia basta señalar que entrada la década del 90 más del 80% del comercio exterior provenía de los países del CAME (Banco Central de Cuba, La Economía cubana en el Periodo Especial 1990-2000) mientras que el azúcar representaba el 75% de sus exportaciones. El resto estaba compuesto por el tabaco, níquel, ron y combustibles que compraba con precios preferenciales y luego revendía a otros países capitalistas.

El intervencionismo cubano

Uno de los asuntos más oscuros durante este periodo fue el rol de los revisionistas cubanos como mercenarios del socialimperialismo soviético en los países que intentaban luchar por su independencia, así como en los distintos organismos multilaterales donde Cuba participaba como embajador y propagandista de los soviéticos.

Se destaca la presencia del ejército cubano en Angola donde intervinieron entre 1975 y 1991 300.000 soldados y 50.000 civiles donde funcionaban como un verdadero ejército invasor. Si Estados Unidos exporta la “democracia” al mundo para extraer recursos y explotar a los obreros de los respectivos países con sus inversiones, los socialimperialistas soviéticos y sus mercenarios exportaban el “socialismo” con los mismos fines. Además de Angola, Cuba envió tropas oficialmente a países como Argelia, Guinea, Sierra Leona y Etiopía, a lo que se deberían sumar campañas como las del Congo donde los “internacionalistas” cubanos defendieron al gobierno encargado de asesinar a Lumumba.

Se podrá decir que efectivamente el envío de tropas y equipos por parte de los socialimperialistas y sus satélites fue en contribución a la Independencia de los pueblos involucrados. Esto nos obliga a insistir en la caracterización de la Unión Soviética en la década de los 70s, ya que si hablamos de un Estado dominado por la burocracia estatal y los Jefes de las empresas estatales cuyo fin era el lucro, su política exterior no puede considerarse -salvo en la mente de un idealista- como ayuda internacionalista.

Por tanto, el ejército cubano muy bien pagado por sus servicios no cumplió con otra tarea que la de hacer el trabajo sucio que los revisionistas soviéticos no podían realizar en el marco de la guerra fría. ¿Qué mejor para un país imperialista que tener un gobierno títere que no solo envía a la guerra a su propio pueblo, sino que la disfraza de ayuda a la revolución? Mientras los revisionistas soviéticos hablaban de coexistencia pacífica y paz mundial, los mamporreros cubanos exportaban su guerrilla a otros países con armas y equipos soviéticos, convenciendo por cualquier vía la conveniencia de ser un Estado fiel a los intereses de la URSS.

A la hora de juzgar las acciones de un Estado hacia otro país, los marxistas-leninistas tenemos la obligación de caracterizar al Estado que envía la “ayuda”, las fuerzas que la reciben, las fuerzas en pugna y los resultados concretos de esas acciones, solo de esa forma podemos evitar posicionarnos del lado de uno u otro campo de la burguesía. En este caso, es un error hablar de internacionalismo, sino que las acciones de los cubanos no se pueden caracterizar menos que un servicio mercenario de un régimen que a cambio de sus acciones recibía créditos y precios preferenciales6.

Castro y Guevara ¿Antirrevisionistas?

Otro de los mitos que parecen volver a reflotarse es la afirmación de un rol aparentemente antirevisionista de los principales dirigentes cubanos.

En el caso de Castro su aporte teórico es sumamente escaso, no hay persona que ponga en cuestionamiento que lo suyo era la oratoria, donde se especializaba por hacer con frecuencia discursos que duraban horas. Sus promotores también reivindican su independentismo ante la URSS debido a su participación en organismos tercer mundistas o en el Movimiento de los No Alineados.

Anteriormente remarcábamos el evidente anticomunismo de Castro en sus primeros años como estadista; basta repasar sus discursos para impregnarse rápidamente de su vocabulario y sus teorías antimarxistas.

Respecto a su independencia en materia de política internacional hacia la URSS en los mencionados espacios, vale recordar la dependencia económica que los revisionistas cubanos tenían con esa superpotencia, por lo que todo su accionar en estos organismos -es necesario acotar que ya la participación en estas coordinaciones con Estados reaccionarios como la Yugoslavia de Tito es una perla más en el collar- era en servicio de sus patrones soviéticos7.

Paradójicamente otros de los pilares “teóricos” de Castro como la lucha por la paz y el medio ambiente son toda una contradicción. Por un lado, describimos arriba el carácter mercenario del ejército cubano en África. En cuanto al medio ambiente, Cuba mantiene hoy en día una materia energética casi exclusivamente a petróleo y, debido a la baja tecnificación de su economía, sin estar a la punta en los procesos de reducción de emisiones.

¡Ni siquiera podemos destacar su tardía oposición a la Perestroika al comprobar que Cuba atravesó por la suya!

Sin dudas, quien más se destaca por sus aportes teóricos dentro del Partido Comunista Cubano es Ernesto “Che” Guevara.

Guevara, además de ser una figura emblemática en lo que llamamos la izquierda, por su legado práctico, posee una obra bastante voluminosa donde aborda diferentes cuestiones referidas tanto a la construcción económica, como también a lo militar, participando en las diferentes discusiones de su época en lo que los revisionistas llaman Movimiento Comunista Internacional.

Meritoriamente, podemos destacar en Guevara una notable evolución a medida que se avanza cronológicamente en su obra dado a su interés en el estudio de los clásicos del marxismo-leninismo, lo que lo llevó a tener posiciones interesantes como la defensa a ultranza de la planificación económica, la necesidad de industrializar el país con supremacía en la industria pesada debatiendo con los economistas de la isla para oponerse a la implantación del modelo de los revisionistas soviéticos e incluso, tímidamente, llegó a esbozar una crítica respecto a algunos postulados del XX Congreso del PCUS.

A pesar de esto, no podemos afirmar que Guevara haya sido marxista-leninista, mucho menos un antirevisionista o un cuadro de quien debamos recoger obligatoriamente sus aportes teóricos.

Si destacamos su evolución cronológica, sería injusto atacarlo por tesis que luego dejó de defender, por tanto, esbozaremos aquellas ideas que defendió hasta el fin de sus días.

Primeramente, hay que resaltar su desprecio al estudio de las condiciones subjetivas y de las leyes generales acerca de la toma del Poder político recogidas en base a la experiencia de la lucha de los pueblos. Esta es quizás uno de los íconos más reconocibles del foquismo: según ellos, no es necesario que se den las condiciones para la toma del Poder, sino que el avance de la lucha guerrillera las va generando:

No siempre hay que esperar a que se den todas las condiciones para la revolución; el foco insurreccional puede crearlas. (Guevara, Guerra de Guerrillas)

Esta tesis lo llevará a otras desviaciones de bastante peso como su desconsideración a la necesidad de organizar un Partido marxista-leninista que ejerza la dirección del movimiento revolucionario primero y de la construcción socialista después. ¿Para qué construir pacientemente un Partido si el foco genera todas las condiciones?8

Prueba de esto hay, por ejemplo, en su periplo por África donde además de no importarle la construcción partidaria, reconoce aterrado9 las condiciones de quienes se suponía que iban a hacer la revolución, dominados por creencias místicas altamente contraproducentes, la presencia de dirigentes abiertamente corruptos y la proliferación desmedida de drogas, alcohol y consumo de prostitución por parte de los guerrilleros; hecho que habla de la falta de planificación y conocimiento del terreno en que se metía.

Otra de las desviaciones principales de Guevara era el desplazamiento del proletariado como sujeto de la Revolución ya que, para él, el motor sería el campesinado:

El guerrillero es, fundamentalmente y antes que nada, un revolucionario agrario. Interpreta los deseos de la gran masa campesina de ser dueña, de la tierra, dueña de los medios de producción, de sus animales, de todo aquello por lo que ha luchado durante años, de lo que constituye su vida y constituirá también su cementerio. (Guevara, “¿Qué es un guerrillero?”).

Posteriormente, en sus “Apuntes críticos a la economía política”, desarrollaría aún más su concepción llegando al postulado reaccionario de que toda la clase obrera de los países imperialistas forman parte de la aristocracia obrera ya que, según él, son cómplices del imperialismo debido a que cobran salarios más elevados que un obrero de un país semicolonial, mientras que éstos están por encima de los campesinos ya que tienen un salario asegurado y en ocasiones se benefician de las inversiones de los monopolios (¡sic!).

¡Imaginarse un obrero chino, país que ha basado sus cimientos capitalistas por su competitividad basada en bajos salarios, o sin ir tan lejos, los cientos de miles de trabajadores precarizados de la Unión Europea! ¡¿Quién en su sano juicio puede argumentar que constituyen la aristocracia obrera?!

Esto llevaba a argumentar:

“Los casos de China, Vietnam y Cuba ilustran lo incorrecto de la tesis [de que el proletariado es la clase más avanzada en la sociedad capitalista]. En los dos primeros casos la participación del proletariado fue nula o pobre, en Cuba no dirigió la lucha el partido de la clase obrero sino un movimiento policlasista que se radicalizó luego de la toma del poder político. (Guevara, “Apuntes críticos sobre la economía política”).”

Esto deja vislumbrar otro de los errores de Guevara. Es necesario antes explicar que en la Revolución China si bien el campesinado fue la clase mayoritaria numéricamente hablando, en sus inicios quien dirigió la lucha contra la invasión japonesa y contra el Kuomitang, fue el proletariado apoyado activamente por sus hermanos de clase de la Internacional Comunista quien guió este proceso a través de su ideología y su programa. Luego asentado Mao en la dirección del PCCh con sus tesis revisionistas, el campesinado sí fue la fuerza predominante durante un largo periodo, lo que llevaría al estancamiento de la revolución china que se quedaría en las tareas democrático-burguesas. El mismo destino sufrieron Vietnam y Cuba, los cuales siquiera fueron capaces de obtener su independencia económica.

Y aquí radica el error de Guevara: según él, todos los Estados y Partidos que se autoproclamaban socialistas, automáticamente se convertían en tal. Incluso viendo las grandes contradicciones en el sistema económico yugoslavo y soviético, para él se trata de “camaradas” que optaron por otra vía y que hacen su experiencia, ya que en ningún momento el “Che” asimila (de hecho las rechaza abiertamente) la existencia de leyes objetivas que hacen a la construcción del socialismo.

Como resultado de esto, jamás rompió con el revisionismo ni profundizó una crítica abierta hacia quienes dinamitaban el proceso histórico más glorioso de la humanidad, que acercó a la liberación definitiva de la explotación a millones de mujeres y hombres.

A pesar de sus críticas y observaciones, Guevara aceptó y promovió hasta el final el liderazgo soviético en lo que él seguía llamando “campo socialista” -aún avanzados los años 60s- lo que fue un gran perjuicio para los revolucionarios contemporáneos, dada lo contradictorio que fue que alguien de su influencia y su apariencia crítica haya seguido dando crédito a la URSS a los ojos de las masas.

Finalmente, el último punto destacable fue su excesivo voluntarismo económico, desviación que lo hacía sobrestimar el peso de la conciencia en la construcción revolucionaria.

Esto además de generarle una obsesión contra de la Nueva Política Económica impulsada por Lenin, lo llevó a plantear en numerosas ocasiones la eliminación del estímulo material, ya que según él, con la conciencia y las ganas de los obreros debía de ser suficiente para determinar cualquier proceso, desconociendo que son las condiciones materiales las que determinan la conciencia del hombre y no al revés.

No podemos desarrollar en profundidad la concepción de la política económica de Guevara, pero es sumamente necesario plantar la advertencia ya que algunas de sus medidas (por ejemplo, la eliminación del papel moneda, colectivización forzosa, eliminación total del cálculo económico) generaron duros reveses para la economía cubana y se dieron marcha atrás rápidamente siendo él desplazado del Gobierno cubano10.

Cuba luego de la caída del bloque prosoviético: mayor apertura, mayor dependencia

Como resultado del carácter dependiente de su economía, luego de la caída de la URSS, el gobierno cubano se vio obligado a tomar medidas drásticas: impulsó un verdadero ajuste hacia la clase trabajadora e implementó una reforma económica en donde se estimuló el desarrollo de la inversión extranjera directa y las relaciones monetarias-mercantiles en su economía.

Como reflejo de esto se generó de un déficit fiscal del 30% en relación con el PBI, el cual se intentó disimular a través de la impresión de papel moneda sin respaldo, que tuvo como consecuencia que los precios se multiplicaran por nueve y que el salario real de los trabajadores se disminuya en un 70% emulando las recetas “neoliberales” de los gobiernos latinoamericanos de la época.

Jurídicamente, estas medidas estuvieron acompañadas de otras implementadas desde 1992 a 1996 tales como una Reforma Constitucional, autorización y ampliación del trabajo por cuenta propia, despenalización de la tenencia de divisas, ley de inversión extranjera y creación de Zonas Francas y Parques Industriales para el capital privado en lo que se puede considerar sin ningún tipo de soslaye como una apertura abierta hacia los capitales monopolistas occidentales centradas principalmente en el turismo y la industria biotecnológica. Paradójicamente, quien más se aprovecharía de esta situación de apertura serían los capitales españoles, contentos de poder invertir con exoneraciones fiscales.

También se apostó a la descentralización en el campo y en 1993 se decretó la posibilidad de que los productores de las cooperativas puedan comprarle al Estado los medios de producción, para lo que ofrecían créditos. Como reflejo de la descentralización en 1996 el 78% de la tierra pasó a manos privadas.

En los años 2000 tomaría peso la exportación de servicios médicos convirtiéndose en el principal medio de exportación de Cuba. Lamentablemente -lejos de lo que se nos intenta hacer creer y lo que la propaganda revisionista vende- el envío de médicos cubanos a países dependientes y de bajo desarrollo sanitario no son producto de la “solidaridad internacionalista” del gobierno cubano sino uno de sus mayores ingresos11 12.

Hoy, Cuba es un Estado abiertamente capitalista donde el sujeto de desarrollo según los propagandistas de la isla son los pequeños propietarios y la inversión extranjera.

La caída de los gobiernos “progresistas” y especialmente la draconiana crisis económica que vive Venezuela, significa un duro revés para la economía, que ve como la ayuda de sus principales socios va mermando año a año, lo que ha reforzado fuertemente el pluriempleo y la actividad informal13.

Esto resalta una vez más la eterna dependencia sobre la cual se sustenta el revisionismo cubano hacia el mercado extranjero y se aleja con claridad de los postulados marxistas-leninistas respecto a la construcción económica basado en las propias fuerzas del país.

Para respaldar estas dos afirmaciones, podemos resaltar que las exportaciones de Cuba a Venezuela entre 2013 y 2015 -antes de la crisis del “modelo” chavista- fue cercano al 43%, mientras que en 2018 -último año contabilizado- el 61% de las exportaciones se limitan a tres países: Canadá (22,3%), Venezuela (19,5%) y China (19,2%).

En ese sentido es interesante exponer como a partir de la crisis que azota al pueblo venezolano, el índice de exportaciones baja considerablemente de 4.857.468 (miles de pesos) en 2014 a 3.349.640, 2.316.934 y 2.401.688 (miles de pesos) en 2015, 2016 y 2017 respectivamente, pasando Venezuela de un pico del 42,9% en 2013 a un piso del 15,6% en 2017.

Tras la realización del VI y VII Congreso del PCC en 2011 y 2016 respectivamente, se vienen impulsando nuevas medidas de apertura económica de las cuales cualquier partido revisionista procubano hablaría de avance feroz de la derecha y el neoliberalismo si las mismas las impulsara un gobierno de otro país.

Sin dudas lo más destacables son la aprobación de una nueva ley de inversión extranjera para atraer capitales foráneos a la isla y la promoción del elemento pequeño burgués en la economía disfrazado de “cuentapropismo”.

Para entender el segundo punto es importante resaltar la existencia de una amplia comunidad de cubanos residentes en Estados Unidos los cuales en 2016 eran alrededor de 1.110.000, muchos de ellos con sus familias en Cuba. En este sentido, a la posibilidad de poseer divisas anteriormente se le sumó la posibilidad de invertirlas siendo o no residente habitual en la isla, agregándose una creciente liberalización del tránsito a la isla lo que convierte a la “gusanera de Miami” en uno de los motores del crecimiento económico.

Llevando esto a números, las remesas a Cuba significaron en 2015 US$ 3.355 millones14 cifra muy cercana a los 3.349 millones de dólares que significaron las exportaciones totales de mercancías.

Algunas de las medidas incluidas en la Ley de Trabajo por Cuenta Propia es la posibilidad de contratar empleados fuera del núcleo familiar, la posibilidad de acceder a créditos bancarios y al arrendamiento de espacios públicos.

Como resultado de estas políticas los “trabajadores por cuenta propia” pasaron de 46.650 en 1981 a 496.400 en 2016 a los que se debería sumar una cantidad nada despreciable de trabajadores informales.

Mientras tanto, la Ley de Inversión Extranjera de 2014, se fijó el objetivo de recibir entre 2.000 y 2.500 millones de dólares anuales solamente a través de las novedades que propone la ley. Los significados de esto son bastante obvios, pero a modo de ejemplo en 2015, gracias al acercamiento con Estados Unidos se hicieron 500 autorizaciones a empresas estadounidenses para invertir por un importe global de 4.300 millones de dólares.

Es interesante resaltar la importancia que el régimen cubano da a la inversión extranjera directa como medio de desarrollo en sus documentos oficiales y ni hablar en los estudios realizados por sus académicos. Antes de sacar conclusiones al respecto, es menester recalcar la dificultad que tienen los revisionistas cubanos de llamar las cosas por su nombre. Al pequeño burgués se lo llama cuentapropista, a las empresas privadas de capital local se las llaman “Pymes no estatales socialistas”, no es de esperar que admitan que la inversión extranjera se prioriza para profundizar las relaciones capitalistas en su economía.

Aun así, se pueden ver declaraciones bastante explícitas acerca de la importancia de atraer capitales imperialistas. Por ejemplo, en la Cartera de Negocios para la Inversión Extranjera en Cuba se puede leer en sus principios generales:

“Concebir la inversión extranjera como una fuente de desarrollo económico para el país a corto, mediano y largo plazo. Su atracción debe plantearse como objetivos el acceso a tecnologías de avanzada, la captación de métodos gerenciales, la diversificación y ampliación de los mercados de exportación, la sustitución de importaciones, el acceso a financiamiento externo, la creación de nuevas fuentes de empleo y la captación de mayores ingresos a partir de los encadenamientos productivos con la economía nacional.”

Bajo esta concepción, se plantean también estímulos fiscales de todo tipo, también para la contratación de mano de obra; construcción de infraestructura a cuenta del Estado, exenciones aduaneras entre otras.

Además de generar un Ministerio de Comercio Exterior e Inversión Extranjera, uno de los puntos más regresivos es que las empresas no pueden contratar directamente al personal, sino que es el Estado cubano quien lo suministra: ¡Los obreros del “socialismo” cubano no solamente tienen que generar plusvalía para las multinacionales, sino que también tienen que dar una cuota de su trabajo al Estado!

Esto ha generado grandes contradicciones en el caso de las delegaciones de especialistas que se envían al extranjero, que pese a ser la mayor fuente de ingreso del país, se ven obligados a trabajar en el extranjero por salarios realmente bajos no solo en comparación con los médicos del país de destino sino también en relación con un obrero, lo que ha sido motivo para la deserción de miles de especialistas que optan por no volver a la isla.

No solamente tenemos que ver el carácter esta medida sino sus consecuencias políticas para la clase obrera ya que este mecanismo de contratación dificulta su sindicalización y utiliza al Estado como bombero. Es altamente conocido como en nuestros países las empresas tercerizan el personal de determinados sectores para que en caso de generase organización, reclamar otros trabajadores a las empresas y redistribuir a los sindicalizados a lugares donde sean menos conflictivos.

Reflejando el carácter reaccionario de la inversión extranjera en este caso, el economista cubano Ricardo Torres Pérez remarca:

“(…) una parte de la competitividad descansa en costos salariales excesivamente bajos en comparación con los estándares internacionales, más las transferencias desde el Estado a muy bajo costo por periodos muy prolongados (…) La competitividad se basa esencialmente en los costos, lo que presiona a la baja los derrames internos, incluyendo prominentemente los salarios.”

Comúnmente se suele escuchar a los abogados del revisionismo decir que la apertura económica producida en los últimos años emula a la NEP promovida por Lenin y el Partido Bolchevique en la Rusia Soviética luego de la guerra civil. Ante esto hay que “separar la paja del trigo” y subrayar que el objetivo de la NEP era el combate a la pequeña producción, cuba la estimula; la inversión extranjera se hacía bajo convenios de arrendamiento a plazos extremadamente cortos, en Cuba se explicita que esto será a largo plazo.

Pero lo más importante es entender que la NEP lejos de ser una ley universal de la construcción socialista, fue una medida concreta de un país que salía de una guerra imperialista y de una guerra civil y necesitaba echar a andar la producción de forma urgente y con el objetivo de desarrollar su industria pesada como motor de la economía. Mientras tanto, los revisionistas cubanos llevan 60 años en el poder y tuvieron oportunidades sobradas de diversificar su economía cuando recibía precios favorables y créditos de los socialimperialistas pero se prefirió centrarse en la monoproducción azucarera. Luego fue el turismo, y ahora luego de un proceso de sostenida desindustrialización, se llama al capital privado para la sustitución de importaciones, sobre todo en materia alimentaria, nada de industrialización para forjar la soberanía.

Con todo esto es fácil concluir que el desarrollo del modelo cubano se aleja del socialismo y se acerca cada vez más a la economía capitalista abierta de tipo tradicional.

Mientras que su política internacional sigue siendo igual de mercenaria que en el periodo soviético, poniendo a servicio de su benefactor de turno sus oficinas de propaganda ideológica. Cuando Venezuela significó más del 40% de sus exportaciones el Partido “Comunista” de Cuba era un ideólogo del Socialismo del Siglo XXI; cuando se abrió terreno para la inversión extranjera además del turismo y se aproximaba la posibilidad de inversión rusa y china, Castro dedicó sus últimos escritos a la promoción del BRICS como una alternativa para la liberación de los pueblos; incluso cuando Obama flexibilizó las sanciones a Cuba los medios cubanos como Cubadebate o Prensa Latina hicieron propaganda al Partido Demócrata.

Conclusiones

A modo de resumen, podemos concluir que en Cuba no existe ni existió el Socialismo, más bien al contrario, se trata hoy de un Estado capitalista atrasado y dependiente.

Esto nos lleva a pensar en el rol que ha jugado la Revolución Cubana, que a pesar de haber servido de estímulo a toda una generación de militantes revolucionarios, desde un punto de vista marxista-leninista, su aporte fue claramente regresivo en el sentido de que actuó como legitimador tanto de las políticas socialimperialistas como de otros postulados revisionistas como el bloque de los No Alineados y el apoyo a regímenes nacionalistas.

Por otra parte, su construcción económica se alejó con evidente notoriedad de las experiencias socialistas, profundizó su dependencia y mantuvo el atraso económico y la monoproducción azucarera heredada del régimen de batista.

En la actualidad, Cuba se apoya y mantiene fraternales relaciones con los partidos revisionistas que tenemos que enfrentar a la vez que difunde y acepta concepciones nocivas como el Socialismo del Siglo XXI y promueve el apoyo de los países atrasados fundamentalmente en Rusia y China.

Como parte del balance, es necesario pensar qué hubiera sido del proceso cubano si no se hubiese apoyado en el revisionismo soviético. Lo cierto es que a la luz de los hechos se puede afirmar, sin lugar a duda, que el paso de la revolución democrático-burguesa a la construcción socialista nunca estuvo en mente de los dirigentes cubanos.

Este proceso comenzó como una aspiración de la burguesía nacional de disputar con los norteamericanos la plusvalía producida por los trabajadores, incluso pidiendo permisos al pentágono para hacerlo. Que la agudización de medidas tendientes a la nacionalización o expropiación de medios de producción se haya dado luego de que Estados Unidos aplique sanciones a Cuba dice mucho de esto.

¿Qué hubiera pasado si en vez de refugiarse con los soviéticos hubieran emprendido el camino de basarse en sus propias fuerzas diversificando el comercio? ¿Podría la revolución cubana apoyarse en China15 y Albania? Lo único que sabemos es que hubiera sido una empresa complicada, pero hasta ahora pensamos que era la única alternativa válida para recorrer el camino de la Revolución Socialista triunfante en la década de los 60. Sobre la posibilidad de este camino, claramente no tenemos como saberlo.

Lo que sí sabemos es que la propia experiencia cubana demostró la imposibilidad de alianzas interburguesas por fuera de un bloque imperialista. El falso latinoamericanismo que hoy predican les chocó en la cara cuando todos excepto México votaron su expulsión de la OEA. Los países No Alineados, bloque que Cuba integraba estaba altamente penetrado por gobiernes títeres que pujaban por la incorporación de los Estados miembros a la zona de influencia de tal o cual potencia y los países del llamado tercer mundo -otro bloque que Cuba integró- siguieron el mismo camino que Castro, ya que ninguno logró un desarrollo capitalista independiente como predicaban.

Esto demostró también que las luchas de Liberación Nacional cuando no son apoyadas y sustentadas por un Estado proletario están condenadas a ser reserva del imperialismo, tal como sucedió en todo este periodo. La situación de los pueblos en los actuales países semicoloniales y dependientes pone a la orden del día la necesidad de avanzar rápidamente hacia el socialismo: solo la lucha del proletariado junto a otras clases trabajadoras podrá romper con la dependencia del imperialismo y transitar hacia el Socialismo y el Comunismo.

El reflote por parte de algunos partidos de tradición revolucionaria y de las nuevas generaciones de comunistas que ahora ven en la Cuba castrista un modelo a seguir y difundir entre las masas, nos muestra la importancia de reforzar el estudio del marxismo-leninismo en general y de las experiencias socialistas en particular, en contraste con esta experiencia.

En momentos en donde la agudización de la crisis del capitalismo despierta la bronca de las masas hacia los actuales regímenes, se nos hace indispensable acercar a éstas los logros y conquistas de los trabajadores de la Unión Soviética de conducida por Lenin y Stalin, de la República Popular de Albania y de los demás Estados de democracia popular, que a pesar de su corta experiencia ascendente nos enseñaron que el proletariado puede tomar los destinos de sus respectivos países superando las contradicciones de la sociedad capitalista.

Al contrario, flaco favor se les hace a los capitalistas reivindicando un régimen en estado de descomposición y que ha marchado siempre contrario a nuestros propósitos.

En este escenario la lucha contra el revisionismo como agente de la burguesía en el movimiento obrero y enemigo declarado del marxismo-leninismo sigue siendo una tarea fundamental para los comunistas y en el marco de ese escenario es que debemos de denunciar y exponer a Cuba como un Estado capitalista, que se disfraza de socialista para explotar más fácilmente a sus trabajadores y embaucar a la clase obrera a nivel internacional y junto con ello exponer a Castro, Guevara y demás dirigentes cubanos como figuras del revisionismo que son.

El enfrentamiento contra el revisionismo y sus representantes no hace más que reforzar a nuestros partidos y esclarecer el camino a las masas en la lucha por su liberación.

Es momento de retomar el legado movimiento antirevisionista, y en particular del PTA y su lucha contra el revisionismo moderno, la defensa y difusión del marxismo-leninismo como parte integral de nuestro trabajo por la construcción del partido del proletariado, por la Revolución y el Socialismo.

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1. “Rotary International es una organización internacional y club de servicio cuyo propósito es reunir a líderes empresariales y profesionales universitarios y no universitarios, con el fin de prestar servicios humanitarios en sus comunidades, promover elevadas normas de ética en todas las ocupaciones y contribuir a fomentar la buena voluntad y la paz en el mundo”. (Biblioteca Básica de Rotary. Volumen uno. ¿Qué es Rotary?).

2. “Cientos de miles de pequeños agricultores ocupan parcelas que no son de su propiedad según la ley. Miles de propietarios ausentes reclaman títulos de propiedades que casi nunca han visto. De hecho, nadie ha visto los títulos y, a menudo, es imposible establecer quién posee realmente una propiedad en particular…no apoyaremos ningún proyecto de ley de reforma agraria que no proporcione una compensación justa a los propietarios expropiados”. Castro, “¿Por qué luchamos?” (1958)

3. Para comprender esto es importante el punto de vista de Guevara, quien sin tapujos admitía que la caída de Batista era eminente: “Los monopolios, como es habitual en estos casos comenzaban a pensar en un sucesor de Batista precisamente porque sabían que el pueblo no estaba conforme y que también lo buscaba, pero por caminos revolucionarios. ¿Qué golpe más inteligente y más hábil que quitar al dictadorzuelo inservible y poner en su lugar a los nuevos «muchachos» que podrían, en su día, servir altamente a los intereses del imperialismo? “ (Guevara, Cuba, ¿excepción histórica o vanguardia en la lucha contra el colonialismo? (1962))

4. La intención original del Movimiento 26 de Julio era el desarrollo de un capitalismo «serio». Una de las medidas originales que planteaba la revolución democrática burguesa era la nacionalización de los servicios esenciales como la electricidad. Los yanquis no quisieron por más indemnización que les dieran dejar eso en manos de los cubanos lo que generó los primeros enfrentamientos.

5. Como EE.UU. vendían a Cuba el petróleo por encima de los precios de mercado, el gobierno optó por empezar a comprarlo a Venezuela y la URSS. En respuesta a eso, los dueños de las refinerías que eran de capitales norteaericanos se negaron a procesar el crudo. Algo similar pasó en la industria alimenticia. Esto es importante ya que las nacionalizaciones en la industria se dan como respuesta a las trabas que Estados Unidos ponía a Cuba como país semicolonial que era y no como una medida programática. O nacionalizaban o se quedaban sin energía.

6. Entre 1960 y 1975 había los soviéticos habían concedido concedido a Cuba siete mil millones de dólares, mientras que en el periodo 1976-1979 durante el auge del envío de tropas cubanas a África esta cifra fue de 10.000 millones.

7. Para graficar esto, es meritorio citar un comentario de época realizado por el camarada Enver Hoxha, quien decía: “En la conferencia de los países “no alineados” celebrada en Argel, los soviéticos están preparados para operar a través de Fidel Castro, a quien ellos suministran, al menos, un millón y medio de dólares al día. En los últimos meses, el barbudo Castro atacó a China y Albania, pero sin mencionarlas por su nombre. Según él, la Unión Soviética es un auténtico país socialista y forma parte del “tercer mundo”. Este gramófono de los soviéticos presentará estas tesis también en Argelia”. (La táctica de muchas líneas en China – una práctica elevada a principio – 1963)

8. Incluso luego de la toma del Poder, los revisionistas cubanos con Guevara partícipe de los sucesos, transitaron por varias siglas hacia la unificación de todas las organizaciones políticas legales en Cuba, lo que significó la fusión orgánica de elementos muy diversos siendo campo para la lucha de fracciones y el diversionismo ideológico en los organismos partidarios.

9. Véase Diario del Congo.

10. Se puede argumentar que Guevara abandonó la isla debido a sus enfrentamientos con los economistas pro soviéticos que ya controlaban los destinos económicos de la Isla, pero lo cierto es que los errores mencionados y la dependencia de los créditos soviéticos fueron determinante a la hora de definir el debate económico en Cuba.

11.Es importante resaltar lo que esto significa en términos de explotación. En estos casos los médicos cubanos, enviados a zonas remotas y de notorio atraso sanitario, cobran salarios muy por debajo del laudo establecido en cada país y en escaso porcentaje en comparación con los dividendos que esto genera para el Estado. Por otro lado, al igual que lo que sucedía en África es altamente repugnante como el revisionismo lucra con la miseria y lo vende a los pueblos como solidaridad internacionalista.

12. Para hacerse una idea del peso que tiene la exportación de servicios médicos en Cuba se puede destacar que en 2018 se exportaron $6.398.538,80 (millones de pesos), mientras que el níquel, principal rubro de exportación alcanza los $775.869,00. Sin embargo, hay que sumar a esta cifra el petróleo venezolano que Cuba importa a cambio de estos servicios a Venezuela y luego revende lo que significó ese mismo año $204.121,00.

13. Torres Pérez Ricardo. Cuba: perfil Económico Productivo Nacional, La Habana (2019)

14. A esto habría que sumarle las remesas constituidas a través del envío de mercancías y pago de servicios lo que daría un ingreso de $6,500 millones en el 2018, según la consultora THCG.

15. Teniendo en cuenta que el gigante asiático era considerado un aliado del campo antirevsionista en los 60.

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