Necesidad de conquista del poder para cambiar la sociedad

«»El Estado -dice Engels, resumiendo su análisis histórico- no es, en modo alguno, un Poder impuesto desde fuera a la sociedad; ni es tampoco ‘la realidad de la idea moral’, ‘la imagen y la realidad de la razón’, como afirma Hegel. El Estado es, más bien, un producto de la sociedad al llegar a una determinada fase de desarrollo; es la confesión de que esta sociedad se ha enredado con sigo misma en una contradicción insoluble, se ha dividido en antagonismos irreconciliables, que ella es impotente para conjurar. Y para que estos antagonismos, estas clases con intereses económicos en pugna, no se devoren a sí mismas y no devoren a la sociedad en una lucha estéril, para eso hízose necesario un Poder situado, aparentemente, por encima de la sociedad y llamado a amortiguar el conflicto, a mantenerlo dentro de los límites del ‘orden’. Y este Poder, que brota de la sociedad, pero que se coloca por encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella, es el Estado»

Aquí aparece expresada con toda claridad la idea fundamental del marxismo en punto a la cuestión del papel histórico y de la significación del Estado. EI Estado es el producto y la manifestación del carácter irreconciliable de las contradicciones de clase. El Estado surge en el sitio, en el momento y en el grado en que las contradicciones de clase no pueden, objetivamente, conciliarse. Y viceversa: la existencia del Estado demuestra que las contradicciones de clase son irreconciliables. » (Lenin, El estado y la revolución)

La burguesía siempre defendió con la violencia la propiedad privada de los medios de producción y su “derecho” a seguir explotando a los trabajadores.

Para destruir las relaciones feudales previas, la burguesía francesa realizó una de las más sangrientas revoluciones en el mundo. En Uruguay, las clases dominantes apelaron a diversos golpes militares para mantener el poder en sus manos (1876, 1933, 1973).

Hoy las clases dominantes continúan teniendo a las Fuerzas Armadas y la Policía para reprimir la lucha popular y mantener su régimen de explotación. Por eso, el estado burgués siempre reserva una gran cantidad de dinero público para mantener su aparato represivo. Es por lo tanto solo una ilusión pretender que la burguesía entregue sus riquezas y ceda pacíficamente el poder a los trabajadores.

Es un hecho que la gran burguesía, que el imperialismo, se arma cada vez más para impedir que el pueblo conquiste el poder y alcance su libertad. Ante todos los hombres y mujeres que no quieren aceptar la dictadura mundial del capital y la opresión de la humanidad por una minoría de ricos se coloca una disyuntiva: aceptar  resignarse o construir sus propias fuerzas, comprender que la violencia de la burguesía sólo puede ser destruida con la violencia revolucionaria. Que como lo plantea Lenin, la sustitución del Estado burgués por el Estado proletario es imposible sin una revolución violenta.

Solo con la insurrección de las masas oprimidas contra sus explotadores se podrá acabar con toda la violencia que la burguesía ejerce contra el pueblo. Para conquistar su libertad, los trabajadores no pueden temer a esa lucha y hacerse ilusiones con la democracia burguesa.

La dictadura del proletariado

La revolución debe destruir el Estado burgués, que es corrupto y violento, también el parlamento burgués y su sistema judicial, debe destruir todas las estructuras de dominación sobre los trabajadores para construir un nuevo estado, un estado socialista, en el que la clase obrera se convierte en la clase dominante e instaura la dictadura del proletariado, esto es, amplia democracia para los trabajadores y todos los oprimidos y represión para los explotadores.

Esto es así, porque sin la dictadura del proletariado, la burguesía restaura el capitalismo y la sociedad no puede avanzar al comunismo, tal como lo plantean Marx y Engels:

«El proletariado se valdrá del Poder para ir despojando paulatinamente a la burguesía de todo el capital, de todos los instrumentos de la producción, centralizándolos en manos del Estado, es decir, del proletariado organizado como clase gobernante, y procurando fomentar por todos los medios y con la mayor rapidez posible las energías productivas.» (Manifiesto Comunista).

«El proletariado toma en sus manos el Poder del Estado y comienza por convertir los medios de producción en propiedad del Estado. Pero con este mismo acto se destruye a sí mismo como proletariado y destruye toda diferencia y todo antagonismo de clases, y, con ello mismo, el Estado como tal. La sociedad hasta el presente, movida entre los antagonismos de clase, ha necesitado del Estado, o sea de una organización de la correspondiente clase explotadora para mantener las condiciones exteriores de producción, y por tanto, particularmente para mantener por la fuerza a la clase explotada en las condiciones de opresión (la esclavitud, la servidumbre o el vasallaje y el trabajo asalariado), determinadas por el modo de producción existente. El Estado era el representante oficial de toda la sociedad, su síntesis en un cuerpo social visible; pero lo era sólo como Estado de la clase que en su época representaba a toda la sociedad: en la antigüedad era el Estado de los ciudadanos esclavistas; en la Edad Media el de la nobleza feudal; en nuestros tiempos es el de la burguesía. Cuando el Estado se convierta finalmente en representante efectivo de toda la sociedad, será por sí mismo superfluo. Cuando ya no exista ninguna clase social a la que haya que mantener en la opresión; cuando desaparezcan, junto con la dominación de clase, junto con la lucha por la existencia individual, engendrada por la actual anarquía de la producción, los choques y los excesos resultantes de esta lucha, no habrá ya nada que reprimir ni hará falta, por tanto, esa fuerza especial de represión, el Estado. El primer acto en que el Estado se manifiesta efectivamente como representante de toda la sociedad: la toma de posesión de los medios de producción en nombre de la sociedad, es a la par su último acto independiente como Estado. La intervención de la autoridad del Estado en las relaciones sociales se hará superflua en un campo tras otro de la vida social y se adormecerá por sí misma. El gobierno sobre las personas es sustituido por la administración de las cosas y por la dirección de los procesos de producción. El Estado no será ‘abolido’; se extingue. » (Cita de Engels por Lenin, El estado y la revolución)

«Los demócratas pequeñoburgueses, estos seudosocialistas que han sustituido la lucha de clases por sueños sobre la armonía de las clases, se han imaginado la transformación socialista también de un modo soñador, no como el derrocamiento de la dominación de la clase explotadora, sino como la sumisión pacífica de la minoría a la mayoría, que habrá adquirido conciencia de su misión. Esta utopía pequeñoburguesa, que va inseparablemente unida al reconocimiento de un Estado situado por encima de las clases, ha conducido en la práctica a la traición contra los intereses de las clases trabajadoras. » (Lenin, El estado y la revolución)

Desde su nacimiento como nación, en el Uruguay los sucesivos gobiernos han gobernado para las clases ricas, para la burguesía y sus socios extranjeros. Esto también ocurre con el actual gobierno, que favorece a los grandes capitales y paga sin demoras la deuda externa, mientras que no garantiza ni salud, educación o vivienda dignas a todo el pueblo.

Solamente cuando los trabajadores realicen su revolución para acabar con el capitalismo en Uruguay, tendremos un país verdaderamente soberano y libre.

Por eso, los comunistas revolucionarios, marxistas leninistas, en Uruguay tenemos por delante una gran tarea: concientizar a la clase trabajadora y a sus clases aliadas, a todo nuestro pueblo de la necesidad de la revolución, para alcanzar una sociedad diferente, basada en relaciones de mutua colaboración y solidaridad, en la que todos trabajen y todos disfruten los frutos del trabajo social, una sociedad socialista.

Pero para realizar la revolución y construir el socialismo, es preciso unirse y organizarse para luchar.