La lucha de clases en el Uruguay

La sociedad uruguaya está dividida en clases sociales, con una minoría de explotadores y una mayoría de explotados.

«Las clases son grandes grupos de hombres que se diferencian entre sí por el lugar que ocupan en un sistema de producción social históricamente determinado, por las relaciones en que se encuentran con respecto a los medios de producción (relaciones que las leyes refrendan y formulan en su mayor parte), por el papel que desempeñan en la organización social del trabajo y, consiguientemente, por el modo y la proporción en que perciben la parte de riqueza social de que disponen. Las clases son grupos humanos, uno de los cuales puede apropiarse el trabajo del otro por ocupar puestos diferentes en un régimen de economía social.» Lenin.

Las clases explotadoras en Uruguay

En Uruguay forman parte de las clases dominantes la burguesía nacional y la burguesía extranjera, que actúan conjuntamente. Éstas mantienen oprimidos a los trabajadores y a todo el pueblo uruguayo.

Concentran en sus manos las principales empresas que producen para el mercado exterior e interior, un enorme parte de la tierra de nuestro país, los bancos, los medios de comunicación y de transporte. Tienen un control absoluto del Estado uruguayo, de su aparato burocrático y militar, sus fuerzas armadas y del poder judicial.

La burguesía tiene distintas facciones, unos están asociados en forma directa al capital extranjero, otros tienen empresas que son sus proveedores, otros son dueños de tierra que luego arriendan. Hay empresarios nacionales que son dueños de empresas agrícolas, o de servicios, que en general producen para los grandes monopolios.

Hay un sector de la burguesía que debido al proceso de concentración del capital, vende sus empresas y/o sus tierras a los grandes monopolios y pasa a vivir de rentas y de la especulación financiera a través de los bancos y la bolsa de valores.

Apenas una pequeña parte de la burguesía, con un volumen más chico de capital, que accede en peores condiciones al dinero de los bancos, es sensible a los problemas de pérdida de la soberanía nacional y está en contra del dominio de los capitales extranjeros, pero le teme a la socialización de los medios de producción, que le harían perder su condición de clase, explota a su vez a sus trabajadores y son también parte de la clase dominante, por más que tengan contradicciones entre sí.

Las clases explotadas

La gran mayoría de la población forma parte de las clases trabajadoras, los verdaderos creadores de la riqueza nacional que hoy se apropian las clases dominantes y los imperialistas.

La clase obrera

La clase obrera es la responsable de la mayor parte de los bienes y servicios que se producen en nuestro país y vive exclusivamente de la venta de su fuerza de trabajo a los dueños de los medios de producción, los capitalistas. Formando parte de la forma más avanzada de producción, concentrada en lugares de trabajo en las ciudades, sometida a la organización y disciplina de las empresas capitalistas (privadas y públicas) que la explotan. La clase obrera es objetivamente la más interesada en la lucha contra la explotación de la burguesía, estando en condiciones de reconocer más fácilmente las causas de esa explotación, que ella misma sufre, y desarrollar la conciencia para asimilar su propia ideología, el marxismo-leninismo. Esto es consecuencia de su naturaleza de clase, de ser la clase social más importante en el desarrollo de la producción y el factor determinante en la producción de las riquezas.

En el Uruguay hay 935.000 asalariados a nivel privado y 225.000 asalariados públicos, sin contar los cargos gerenciales ni las fuerzas armadas.

El proletariado está compuesto por los obreros industriales, los que trabajan en servicios y comercio como empleados, en los supermercados, en las minas en el norte del país, en la construcción y todos las actividades manuales, todos los que viven del trabajo asalariado.

En el campo uruguayo, el desarrollo del capitalismo hizo surgir el proletariado rural, que vive del trabajo asalariado, de la venta de su fuerza de trabajo a los dueños de las empresas agrícolas y forestales. Es un sector de la clase obrera que va disminuyendo debido al creciente uso de las máquinas en la agricultura y al creciente monocultivo de productos que requieren escasa mano de obra, esto produce que estos trabajadores tengan trabajo apenas algunos meses al año. Pero aún hay 115.000 asalariados rurales en nuestro país.

El proletariado urbano y rural, los verdaderos productores de la riqueza, son la gran mayoría de la población.

También dentro de la clase trabajadora uruguaya hay que distinguir a aquellos que tienen las condiciones más precarias, que incluye a los 300.000 trabajadores tercerizados y a los 290.000 trabajadores que el INE registra como “subempleo” (gente con disposición para trabajar más horas sin poder lograrlo por falta de trabajo).

Debemos incluir también a los trabajadores que están desempleados, que forman al decir de Marx el “ejército industrial de reserva”. Son parte de la clase obrera, ya que no disponen de otro medio de vida en la sociedad capitalista que no sea vender su fuerza de trabajo.

Por eso son parte de la clase obrera los trabajadores que pierden sus empleos y para sobrevivir vagabundean y hacen “changas”.

Los pequeños campesinos

Entre los explotados están también los pequeños propietarios de tierras, que son 24.000 familias que habitan el campo uruguayo. En sus propiedades no emplean trabajo asalariado y cuenta únicamente con el trabajo de los miembros de su propia familia, por esta condición, porque tienen que trabajar para subsistir, este sector de la población forma parte de las clases trabajadoras.

Gran parte de estos pequeños propietarios están ahogados por el sistema, pierden liquidez, se endeudan, y de esto se aprovechan los grandes productores ganaderos y monopolios extranjeros de la soja, la forestación o el arroz.

En los últimos 15 años, con la aparición de sociedades anónimas como el formato jurídico predominante en las propiedades rurales, la tremenda extranjerización de la propiedad de la tierra, ha provocado la disminución de alrededor de 11.000 pequeños productores. Que son expulsados de la propiedad que trabajan y van a parar a las ciudades principales en busca de trabajo.

La pequeña burguesía

También es oprimida la pequeña burguesía, de la cual una parte importante es explotada y que vive un proceso de proletarización impuesto por la burguesía. En ese sentido, son parte de la mayoría explotada del pueblo uruguayo, sufriendo junto a la clase obrera la opresión del sistema capitalista

Esto incluye a los pequeños comerciantes e industriales, que trabajan ellos mismos  y que tienen condiciones de vida iguales o hasta muchas veces peores que una parte de la clase trabajadora.

Incluye a una parte importante de los profesionales, que ya no ejercen de manera libre su profesión “sin patrón” sino que en su mayoría son ahora asalariados en distintas empresas de las más diversas disciplinas (desde la salud, la ciencia, la ingeniería, etc.).

Incluye también a los maestros y docentes, a los empleados del Estado; exceptuando los que trabajan en las empresas públicas que producen.

Los pequeños industriales, comerciantes y pequeños empresarios del sector de servicios sufren el proceso de monopolización de la economía y el avance del capitalismo. Muchos van cerrando sus empresas y quiebran, hecho que muestra como los grandes capitalistas van acabando a los pequeños empresarios.

Por eso los comunistas defendemos la unión de esos pequeños propietarios con los trabajadores y con los campesinos, contra los explotadores.

Por otra parte, cuando se da la lucha entre ricos y pobres, entre burguesía y proletariado, la pequeña burguesía vacila y no sabe para dónde ir. Los ricos procuran arrastrarlos hacia su lado, planteando que todos son propietarios y nada tienen que ver con los trabajadores. En realidad, los grandes burgueses siempre buscan engañar a los pequeños con la ilusión de que todos podrán crecer y hacerse ricos.

Debemos siempre tener presente que la pequeña burguesía, como clase, no es favorable a la socialización de todos los medios de producción, y por eso, y como también sufren la opresión del gran capital, oscilan constantemente entre la burguesía y el proletariado.

Mediante un trabajo paciente de los comunistas, tomando conocimiento de la realidad de este sector, y sobre todo, con el crecimiento de la fuerza del proletariado para luchar, los pequeños burgueses pueden ser traídos hacia las filas de la revolución uruguaya.

En esto último hay que exceptuar a las capas privilegiadas de la pequeña burguesía, como los ejecutivos de grandes empresas, directores de bancos y altos burócratas de los servicios públicos que reciben salarios altos y gozan de importantes privilegios.

El lumpen proletariado

Por último, como consecuencia de la descomposición y decadencia que capitalismo significa para las relaciones humanas, hay una capa social que vive del robo, del tráfico de drogas, de la delincuencia o la prostitución. Por sus características el lumpen proletariado es una presa fácil de los sectores más reaccionarios de la burguesía para realizar parte del trabajo sucio contra los revolucionarios, por eso debemos dar un firme combate ideológico hacia ellos.

La clase obrera es la vanguardia de la revolución uruguaya

Todo lo que consumimos, desde alimentos, prendas de vestir, muebles, electrodomésticos, medios electrónicos y un largo, etc. También los medios de transporte, el combustible, los medios de comunicación, incluso las máquinas y herramientas, absolutamente todo está producido por la clase obrera. La burguesía, propietaria de los medios de producción, solo compra y explota la fuerza de trabajo y se apropia de la riqueza producida por el trabajador.

La clase obrera urbana y rural, como principal fuerza productiva de nuestra sociedad, es la clase más avanzada y es la única que no tiene más nada que perder salvo las cadenas que la someten a los capitalistas, es por ello que le cabe el papel de vanguardia de la revolución, como lo plantean Marx y Engels:

«De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía no hay más que una verdaderamente revolucionaria: el proletariado.  Las demás perecen y desaparecen con la gran industria; el proletariado, en cambio, es su producto genuino y peculiar. » (Manifiesto Comunista)

Para impedir que la clase obrera cumple su papel de vanguardia, la burguesía siempre desarrolló teorías sobre el funcionamiento de la economía donde menosprecia el papel que los trabajadores tienen en la producción.

En el Uruguay se suele difundir la idea de que la clase trabajadora está reducida numéricamente y ya no tiene la misma importancia que tuvo en el pasado. Algunos llegan a plantear que la clase obrera como tal está en extinción. Pero la realidad es que los trabajadores son la clase principal también en el siglo 21 y su número es aún mayor hoy, porque son muchos más los hombres y mujeres que dependen de su trabajo para sobrevivir.

Como ya hemos planteado, el peso de las masas trabajadores en Uruguay es evidente cuando sobrepasamos los discursos que vienen desde el gobierno y los medios de comunicación, y observamos que la clase trabajadora es el 81% de la población económicamente activa del país, siendo en total cerca de 1.425.000 hombres y mujeres.

Compuesta por 935.000 asalariados a nivel privado, 225.000 asalariados públicos 115.000 asalariados rurales y 150.000 desocupados.

El papel de la clase trabajadora en la revolución está dado por la posición central que ocupa en la producción capitalista, independientemente de cuántos asalariados o desempleados haya. Y esto es porque ninguna otra clase social es tan imprescindible para el funcionamiento de la economía como la clase trabajadora, y ninguna invención tecnológica puede mágicamente cambiar esa condición.

Por eso la clase trabajadora es la única que está en condiciones de dirigir la lucha en forma consecuente contra el capital, y tiene la capacidad de conducir a las otras clases oprimidas en la lucha contra la burguesía.

Por su capacidad organizativa, por su disciplina y porque tiene una asimilación más rápida de su ideología, el marxismo-leninismo, la clase trabajadora es la clase más revolucionaria.

Pero a pesar de esto, de ser la clase más avanzada, su papel revolucionario no surge sólo, es producto de una larga y difícil lucha de clases. Para afirmarse como vanguardia de la revolución es fundamental que los trabajadores por medio de sus luchas adquieran cada vez más confianza en su propia fuerza y avance en su organización.

La alianza con los pequeños productores rurales

Con el avance del capitalismo en la agricultura, junto al proceso extranjerizador y de concentración que ha vivido nuestro campo, el precio de la tierra crece, al mismo tiempo que los bancos cobran intereses extorsivos a los pequeños productores. En paralelo la maquinaria y el monocultivo dejan sin trabajo a miles de asalariados rurales. El resultado es el empobrecimiento, la ruina y la proletarización de los pequeños productores agrícolas. Pierden su tierra y ocurre un éxodo rural hacia la ciudad, mientras se descomponen en paralelo los tejidos sociales en la campaña.

Solo es posible solucionar los problemas de los campesinos con la socialización de las grandes empresas que actúan en la agricultura, la nacionalización de la tierra, que sustituya a los explotadores, la burguesía nacional y extranjera, por la administración de los trabajadores y los campesinos.

Por eso, los intereses de todos los pobres del campo coinciden con los de la clase trabajadora urbana, es decir, la revolución socialista es también para los pequeños productores rurales el único camino para alcanzar una vida mejor. Esta base material es la razón para la alianza entre el proletariado y el campesinado para luchar contra el sistema capitalista.

De la misma forma que las clases dominantes están siempre unidas y no escatiman esfuerzos para defender su ganancia y la propiedad privada, la clase obrera, los campesinos y todo el pueblo deben organizarse y luchar juntos por sus intereses: en vez de capitalismo, socialismo; en vez de explotación, colaboración entre hombres y mujeres; en vez de subordinación al capital y saqueo de nuestros recursos, soberanía.

La juventud

La juventud uruguaya siempre tuvo un papel destacado en la lucha social de nuestro país, teniendo siempre protagonismo en las manifestaciones y luchas de nuestro pueblo. Como lo muestran todas las revoluciones en el mundo, la juventud posee un potencial inmenso para el combate junto a los trabajadores y es una fuerza importante para el desarrollo de un movimiento de masas revolucionario, la juventud es una reserva de la revolución.

Las lucha de las mujeres

La explotación capitalista y su ideología se expresa en diversos ámbitos de la sociedad, y el sistema utiliza diversas formas de opresión, segregación y desigualdad para mantener, reforzar y profundizar la opresión de todo el pueblo, como por ejemplo el racismo, la homofobia, la xenofobia. Estas antiguas formas de opresión y desigualdad son tomadas por el capitalismo y utilizadas para dividir a la clase obrera, y así aumentar su explotación.

El patriarcado como estructura de poder profundamente enraizada en nuestras sociedad es otra de las herramientas de las que se vale el capital para dividir a nuestro pueblo, esta vez entre hombres y mujeres.

La explotación y sumisión de las mujeres surge con la aparición de la propiedad privada en las sociedades primitivas, en donde se convierte a la mujer en la primer explotada de la historia. Sin embargo, esto no significa que la posición de la mujer dentro de las distintas sociedades haya sido siempre igual, sino que ha sido el papel que ha desempeñado en la producción social, su trabajo dentro de la comunidad, lo que ha determinado dicha posición social.

El sistema capitalista utilizó la opresión particular a la que se sometía a las mujeres en el régimen feudal, junto con la forma de la familia nuclear monogámica, para dividir las tareas socialmente asignadas a hombres, mujeres y niños, de forma de que todos aportaran su parte necesaria del trabajo para la reproducción y supervivencia del sistema.

La opresión de la mujer en el sistema capitalista se caracteriza por dos aspectos esenciales: el primero, la división del trabajo necesario para la reproducción de la vida humana en tareas socialmente productivas (trabajo remunerado) y las tareas reproductivas (trabajo doméstico y de cuidados), quitándole la categoría de trabajo necesario y productivo al trabajo doméstico; el segundo, el imponer la familia monogámica como unidad económica, pasando la responsabilidad de las tareas de reproducción a la esfera familiar y privada, quitando a la sociedad en su conjunto esta obligación.

Como consecuencia de esto, la mujer asumió su papel de esclava dentro de la familia, y por ende, fue relegada a las tareas de reproducción socialmente desvalorizadas, convirtiéndose en una ciudadana de segunda, dependiente económica, social y políticamente del hombre jefe del hogar.

Sin embargo el propio desarrollo de la producción obliga a los capitalistas a buscar cada vez más mano de obra para abastecer la creciente necesidad de trabajadores en la industria y la producción. Así es que las mujeres son empujadas a participar en la producción, y por consiguiente, a percibir un salario propio, llegando a la realidad de nuestros días, en donde en nuestro país, según cifras oficiales, más de la mitad de las mujeres trabajan de forma remunerada fuera de su hogar, sin contar las que trabajan en negro, las desempleadas y las que realizan pequeños trabajos para complementar la economía del hogar.

A pesar de esto, la inserción laboral de las mujeres es precaria, ya que se basa en escasos puestos de trabajo, bajos salarios y malas condiciones laborales, que sumados a la esclavitud que supone la familia, el hogar y la crianza de los hijos, al contrario de mejorar la vida de las mujeres las lleva a mayores grados de explotación y opresión.

La lucha por la liberación de las mujeres y la lucha por la emancipación de toda la clase trabajadora están íntimamente ligadas, y que no es posible tener éxito en una sin la otra. Un movimiento revolucionario que luche en contra del sistema capitalista no puede relegar la lucha por la liberación de la mujer, y un verdadero feminismo debe luchar contra las bases mismas de la opresión de la mujer, que son la explotación capitalista, la propiedad privada y la sociedad dividida en clases.

Las mujeres constituyen la mitad de los obreros y de los trabajadores, por ello mientras que la emancipación de la mujer, la igualdad de hecho, real, con el hombre no se lleve a cabo, los obreros no serán libres en tanto que clase. Necesitamos la participación activa y militante de las mujeres, su rebeldía y lucha, sus aspiraciones y sus energías para construir un nuevo mundo.

Por lo tanto la cuestión de la emancipación y lucha de la mujer es una cuestión central para la revolución. Tenemos que hacer que las mujeres que en su día a día se enfrentan, objetivamente, con las trabas del capitalismo –el hambre, la miseria, el desempleo, la opresión y explotación sexual, la humillación, la violencia- tomen conciencia de quien es su real enemigo y se dispongan a hacer un llamado a sus compañeros de clase para luchar juntos contra el capital.

Las clases explotadas son la gran mayoría de la población uruguaya

Según los datos del INE, entre empleados de la industria privada y el comercio, de las empresas públicas, de la educación y la salud, pequeños comerciantes, pequeños productores rurales se tiene a 1.580.000 personas, lo que significa el 90% de la población económicamente activa en nuestro país.