Caracterización de la formación económico-social de la sociedad Uruguay

Plantearse la revolución en el Uruguay requiere identificar a los actores de la misma y para ello debemos comprender cómo se compone la estructura social del país desde un punto de vista histórico.

El Uruguay es parte de América Latina, su historia tiene particularidades que debemos estudiar con precisión, pero que se inscriben en el recorrido general de nuestro continente, del rol del mismo en la economía capitalista mundial.

América Latina en su conjunto es una compleja articulación de formaciones sociales, que fue conquistada por los imperios de España y Portugal, que son países capitalistas tardíos en relación a los centros principales como fueron Inglaterra, Francia o Alemania. Cuando España y Portugal colonizaron América estaban ellos mismos terminando de transitar hacia el capitalismo y a su vez se subordinaban ya a las metrópolis principales y más avanzadas.

De esta manera América Latina se subordinó a la división del trabajo mundial como un apéndice agrario.

Pero América Latina ingresa y se desarrolla en el mercado capitalista mundial, y a su vez se vuelve ella misma parte indispensable para el proceso de acumulación del capital en Europa, por lo que más allá de las formas concretas de la economía de cada país latinoamericano en ese momento (aborigen, feudal o mezcla de ambas) su existencia en el mundo es un producto capitalista, es parte del funcionamiento de la economía capitalista a escala mundial.

De esta manera desde el inicio de la colonización América Latina estuvo sellada en su existencia como proveedora de las materias primas al resto del mundo, esto implica desde recursos minerales o productos agropecuarios que son insumos de industrias europeas, o directamente alimentos para la mano de obra del viejo continente.

Al volverse parte del engranaje del capital mundial, el capitalismo fue ingresando dentro de las economías de cada país, destruyendo a su paso las anteriores formas de producción y organización social.

En sus inicios el continente tenía un nivel bajísimo de fuerzas productivas y era incapaz de proveer la cantidad creciente de materias primas y alimentos a Europa al ritmo imponente que tenía allí la reproducción ampliada del capital industrial. Así comienza la obra demoledora del modo de producción capitalista, que justamente tiene como motor la reproducción del capital: la destrucción de todas las otras formas de producción y su sustitución progresiva por el propio modo capitalista de producción, incluso para extraer y exportar recursos naturales y alimentos.

Es decir que el capitalismo se desarrolló en América Latina hasta abarcarlo todo, pero lo hizo de una manera subordinada a los centros del capital mundial, quienes organizaban la división internacional del trabajo.

La posterior independencia del imperio español, sólo significó eliminar un intermediario parasitario que consumía una parte de la plusvalía extraída del continente. Eliminado este, el imperio británico pudo terminar de organizar las zonas del continente acorde a sus necesidades, el Uruguay no es ajeno a esto.

Evolución del Capitalismo en Uruguay:

La Banda Oriental no vivió con la misma intensidad que otros países latinoamericanos el proceso de colonización y transformación violenta de sus formas sociales.

Por la carencia de minerales no fue una zona directa de saqueo, ni había una gran población indígena domesticable para usar como mano de obra, ni condiciones climáticas para las grandes plantaciones como en las zonas tropicales.

En nuestro país fueron los propios conquistadores los que introdujeron la riqueza: el ganado.

Desde sus inicios Uruguay se integró al ciclo del capital industrial europeo a través de su riqueza ganadera.

Primero fueron los cueros como materia prima de procesos industriales, luego la lana según la tecnología iba haciendo cambiar el rendimiento de cada proceso.

Tras la independencia de España, se abre el periodo de hegemonía británica, donde ocurre la consolidación del capitalismo en Uruguay como formación social dominante e inserción del país al mundo como economía agroexportadora, acorde a la división internacional del trabajo que impone el imperialismo. Se caracterizó por una inversión extranjera que controla el sector ganadero para exportación y la infraestructura financiera, de transportes y el desarrollo de los servicios urbanos.

En las primeras décadas del siglo 20 las carnes enfriadas y congeladas se transformaron en el principal producto de exportación del país, vinculado a las necesidades de subsistencia de la clase obrera europea junto con los cambios tecnológicos que permitieron la construcción de grandes frigoríficos.

Toda esta etapa se caracteriza por el control extranjero de la producción agroexportadora del Uruguay, particularmente carnes, lanas y cueros, que tienen como punto de partida las estancias ganaderas.

Para esta integración del país al sistema capitalista mundial fue necesario desarrollar la infraestructura de transportes y financiera, que se dio mediante la exportación de capitales europeos hacia nuestro país, sobre todo en ferrocarriles, bancos y seguros, a los que se agregó luego los servicios urbanos como tranvías, agua potable, gas y telefonía, todos bajo hegemonía británica que desarrolló toda la infraestructura y los servicios acorde a sus necesidades.

Todo este dinamismo tuvo en paralelo el desarrollo del comercio importador, sobre todo de artículos de consumo, este es otro lugar donde se concentraron los capitales extranjeros.

A nivel de la clase dominante local, tanto para la facción del capital ganadero (exportador) como para la facción de capital comercial (importador) la alianza con el capital extranjero le significó la integración directa al mercado mundial que le dio enormes ganancias.

Este proceso de acumulación capitalista en el país tuvo un fuerte desarrollo aumentando la plusvalía generada en el mismo, que era extraída en su mayor parte al exterior, tanto por las importaciones como por la remisiones que hacían las casas matrices de sus ganancias.

Luego de las primeras décadas del siglo 20 el mundo sufrió importantes transformaciones, la crisis de 1929-30, 2da guerra mundial y la posguerra, que provocaron una reestructuración de la organización del capitalismo mundial.

Además del ascenso de los Estados Unidos a la hegemonía mundial, ocurrieron fuertes cambios tecnológicos que modificaron muchos procesos productivos, de comunicaciones y transporte, que permitió reformular la división internacional del trabajo. A la vez que se crean organismos financieros internacionales que permiten mover más fácilmente el capital y se modifica el sistema monetario internacional en los acuerdos de Bretton Woods, convirtiendo al dólar en la moneda patrón de cambio y dándole fuerte rol a los bancos centrales de cada país.

A partir de todos estos cambios aparecen nuevos actores que administran el capitalismo mundial en su fase imperialista, las empresas transnacionales, cuya característica es que integran ciclos productivos que tienen partes en diversos países.

Todo esto implicó una fuerte profundización de las relaciones capitalistas en todo el mundo, tanto dentro de cada economía nacional como en el conjunto de la economía internacional.

Para América Latina significó el fin de la influencia Británica quedando bajo la esfera Estadounidense.

El continente vivió un ciclo de industrialización, con procesos para fabricar productos básicos para sus mercados internos, ya que la nueva división internacional del trabajo así lo requería.

Uruguay tuvo uno de los procesos de desarrollo industrial más destacados de Latinoamérica. Esto ocurrió porque al carecer ya de cualquier vestigio de elementos feudales o esclavistas, tenía ya un mercado interno amplio, producto de tener una clase trabajadora inmigrante con niveles de subsistencia de la Europa mediterránea, y producto de la propia lucha de clases en el país.

Aquí tuvo que ver también la acción del Batllismo, cuyo intento de redistribuir el ingreso nacional contribuyo a tener un mercado interno fuerte, a la par que nacionalizó algunas actividades estratégicas para la industrialización como la energía y los puertos.

El mayor desarrollo industrial de Uruguay se dio entre 1945 y 1955, orientado a abastecer el mercado interno, la principal característica es la inversión extranjera hacia industrias manufactureras livianas para el mismo que son importadoras de maquinarias e insumos.

Pero el impulso del capital extranjero en esta etapa, a las fuerzas productivas locales fue limitado. Porque si bien la inversión y desarrollo de la industria implicó acumulación de capital dentro del país, implicaba también su desacumulación pues este no era reinvertido para mejorar procesos y aumentar la productividad, sino que se enviaban las ganancias a los lugares de origen, es decir, la plusvalía de la clase trabajadora uruguaya era extraída hacia los países centrales, particularmente Estados Unidos.

El capital extranjero se limitó a repetir en Uruguay las etapas más simples, menos complejas tecnológicamente, de los procesos industriales que las empresas extranjeras ya desarrollaban en sus países de origen.

Con la hegemonía estadounidense se dieron nuevas formas asociativas entre el capital nacional y el capital extranjero. En particular cobró importancia la asociación patrimonial, donde capitales de uno y otro origen pasan a compartir la propiedad accionaria de las empresas, en general con mayoría en el paquete accionario de la parte extranjera.

Pero las condiciones que permiten o limitan el desarrollo de la industrialización son las mismas que la capacidad de penetración de las empresas transnacionales. Cuando el desarrollo industrial uruguayo orientado al mercado interno chocó con sus límites estructurales se produjo su estancamiento y junto con ello comenzó a decrecer la inversión extranjera abriendo una nueva crisis en el país.

Acorde a las indicaciones del imperialismo, durante el gobierno militar, especialmente en la década de 1980 se implementó una política de apertura comercial que terminó de destruir el tejido industrial del país. Pero es importante dejar en claro lo anterior, que ese proceso de desarrollo industrial únicamente orientado al mercado interno y con un formato de repetición de procesos de los centros del capital mundial, tenía su propia limitación y estaba condenado al fracaso.

La consecuencia fue que numerosos capitales, nacionales y extranjeros, se fueron desplazando de una actividad industrial hacia una productora de materias primas (aunque incorporando mayor tecnología para su extracción) y a una actividad meramente importadora de productos de consumo.

A nivel mundial se produjo una fuerte reestructuración del capitalismo luego del agotamiento del modelo de posguerra que tuvo sucesivas crisis económicas. Se da el proceso que los apologistas del libre mercado llaman “globalización”, y es con ello que ocurre la adaptación del país a la nueva división internacional del trabajo.

Tiene sus inicios en el periodo dictatorial y en lo sustancial llega hasta la actualidad. La inversión extranjera se diversifica, si bien sigue predominando el capital estadounidense, aparecen fuertemente capitales europeos y de los países vecinos.

La estructura económica mundial ha cambiado considerablemente desde principios de la década de 1980, luego de la crisis de rentabilidad que sufriera el capitalismo mundial, impulsada por la pretensión de recuperar la rentabilidad de las grandes empresas monopólicas y el crecimiento económico en los países imperialistas. Dos cambios profundos e interrelacionados, el desarrollo de un nuevo sistema global de producción y la creciente asimetría entre la realidad económica y financiera, con predominio de esta última, caracterizan la evolución de las últimas décadas hasta la actualidad.

Ha implicado la fragmentación de los procesos de producción y su relocalización de partes de cada proceso en diferentes países y regiones, conformando cadenas globales de valor, con el fin de aprovechar las ventajas de locales para cada etapa: mano de obra barata, acceso a recursos naturales abundantes, financiamiento, disponibilidad de tecnología con gente capacitada y cercanía de los mercados de consumo, según sea el caso. Además, ha refinado y multiplicado la división del trabajo dentro de las empresas, pero también en el ámbito local, nacional y, especialmente, internacional.

Esta nueva etapa que en su esquema general se extiende hasta la actualidad corresponde a una reestructuración del capitalismo uruguayo acorde a la nueva división internacional del trabajo impuesta desde los centros del imperialismo, que es en favor de los monopolios. Se caracteriza por la dominancia de la deuda externa que fue creciendo considerablemente y se utiliza para condicionar las políticas del estado.

La articulación entre el capital nacional y el extranjero, que antes había adoptado formas específicas: asociación comercial durante la época de dominio británico, asociación tecnológica por el formato de repetición durante el periodo de dominio estadounidense, ahora se consolida con la forma de asociación patrimonial, donde la mayoría de las inversiones directas y de las ventas al extranjero son por parte de empresas de capital asociado.

Esta asociación por un lado le da a los capitales nacionales socios poderosos que le abren las puertas a mercados externos o acceso a tecnologías más avanzadas, también es medio de lucha competitiva al interior del país con otras empresas de capital o asociado.

Las empresas extranjeras instaladas en el país no son en su conjunto un bloque único de intereses, tienen algunos por los que coinciden con respecto al rol del país pero luego compiten entre ellas para aprovechar de mejor manera la explotación de la clase trabajadora uruguaya, y cada una lo hace junto a sus aliados de capitalistas locales.

Este proceso desde el punto de vista de los capitalistas nacionales, implica la necesidad de aliarse a algunas de las facciones de los capitales imperialistas.

Desde el lado del capital extranjero, fueron dominando los sectores de actividades extractivas y procesadoras de materias primas con destino a la exportación y el sector financiero, hasta la actualidad donde todo el sector bancario privado está bajo control extranjero.

Es como si se retomara el ciclo original de un siglo atrás, agroexportador, solo que con nuevas características: mayor grado de tecnología en los procesos, usualmente para abaratar el flete marítimo y mayor diversificación, no es solo ganadero sino que se explota aún más el suelo, como con la soja y la forestación para la celulosa.

Al día de hoy Uruguay es un país primarizado, que exporta productos de escasa elaboración e importa productos elaborados, tanto de consumo como de capital. Y que al mismo tiempo las empresas que producen los principales productos que el país exporta pertenecen a capitales extranjeros o son filiales de monopolios imperialistas.

Si bien esta situación responde a una necesidad orgánica del capitalismo global, las políticas económicas  de las últimas cuatro décadas han adaptado al país a las necesidades actuales de subordinación que tiene el imperialismo.

Esto ha implicado la primarización de la economía, la importación de capitales vía el fomento de la Inversión Extranjera Directa y la extranjerización de los medios de producción.

Esta acentuada dependencia incrementa los niveles de explotación en las naciones oprimidas, recurriendo las burguesías locales a una superexplotación de la fuerza de trabajo.

Uno de los mecanismos más importantes de la dependencia es la deuda externa.

El gobierno y los capitalistas suelen ocultar el verdadero carácter de la deuda, planteando que el país tiene las cuentas equilibradas: las reservas internacionales del Banco Central más las deudas del resto del mundo (dinero de capitalistas uruguayos en el exterior o que el exterior les debe)  serían suficientes para amortizar la totalidad de la deuda externa.

Pero ese planteo oculta las contradicciones que se originan en las relaciones sociales capitalistas del Uruguay.

Porque los capitales uruguayos invertidos en el exterior bajo distintas formas (depósitos, créditos, empresas, etc.) son principalmente capitales privados y, por lo tanto, solo sirven a los intereses de sus dueños particulares, no están al servicio de la sociedad toda ni sirven para liquidar la deuda externa del país.

En cambio la deuda total del país es una deuda pública, que genera intereses cuyos efectos recaen sobre toda la sociedad. Para pagar los intereses deuda el estado quita mediante impuestos un flujo de dinero del circuito económico, ese dinero no proviene del grupo de capitalistas locales que tienen capital en el exterior sino que se originan en la sociedad uruguaya: en la plusvalía y los salarios. Es una forma en que el capital extranjero extrae parte de la plusvalía que obtiene al explotar a la clase trabajadora de nuestro país.

Pero además esto es lo que se ha llamado una “deformación” del capitalismo local, porque esta plusvalía que sale del país en la forma de pago de intereses de la deuda, reducen la capacidad de acumulación de capital local y también la capacidad de consumo nacional, incluyendo gastos sociales como salud, educación o vivienda.

A su vez, esta deuda concentrada en el sector público y administrada por cada gobierno permite presiones externas que influyen y condicionan la política económica, afectando el funcionamiento de la economía uruguaya, restringiéndola a los requerimientos de las potencias dominantes del sistema capitalista-imperialista mundial.

Pero este condicionamiento no es solo una imposición externa, requiere una necesaria alianza con fuerzas internas cuyos intereses coinciden con tales imposiciones y son los que las hacen viables. Se da una asociación muy clara entre la burguesía nacional y el capital imperialista: el eje de la política económica radica siempre en cumplir con los compromisos de los acreedores del exterior, lo cual requiere aumentar la disponibilidad de divisas en el país, algo que se logra aumentando las exportaciones: al promoverse la actividad de las ramas para exportación, los capitales orientados al mercado mundial, es decir a cumplir con el rol que la división internacional del trabajo que impone el imperialismo, son los principales beneficiados. Esto expresa una coincidencia objetiva entre los exportadores nacionales, asociados o no al capital extranjero, y los acreedores del exterior.

Junto con esto las políticas de apertura financiera que aseguran la libre movilidad de capitales, sumada al cumplimiento del pago de la deuda implican el apoyo de amplios sectores de la burguesía, no sólo de los grandes capitales, ya que consolida una de las fuentes de seguridad económica para cualquier capitalista local, chico o mediano: la colocación de depósitos en el exterior del país.

Por lo tanto la deuda externa es una imposición del exterior imperialista. Es el resultado tanto del funcionamiento global del sistema capitalista-imperialista mundial como de la formación social uruguaya, es fruto conjunto del imperialismo como de una parte significativa de la burguesía nacional.

En todos los periodos de la historia del país, el capital nacional coincidió en sus intereses con el capital extranjero, es decir se benefició de la organización del mundo impuesta por el imperialismo y fue y es por tanto su peón y socio local.

En cualquier país la reproducción económica requiere que cada año se repongan las máquinas, equipos y construcciones que se van desgastando y llegan al final de su vida útil. Para seguir produciendo y a su vez aumentando la producción es necesario que se agreguen nuevos medios de producción a los ya existentes.

En el capitalismo, ese proceso toma la forma de acumulación capitalista, una parte de la plusvalía se reinvierte en nuevo capital productivo.

Los países que carecen de un sector productor de medios de producción, o que poseen uno insignificante como el Uruguay, se ven obligados a obtenerlos en el exterior, importándolos, y para ello precisan que la plusvalía que sus capitalistas extraen a la clase trabajadora tome la forma de divisas, es decir exporten lo que producen.

Además a esto debe agregarse que se deben importar combustibles, materias primas y bienes de consumo imprescindibles que no se producen en el país.

Esto genera una nueva fuga de la riqueza que se produce, que se suma a la fuga ya explicada por el pago de intereses de la deuda y por la remisión de utilidades de las empresas extranjeras al exterior.

Este es el esquema de la dependencia, una fuga constante de la riqueza nacional hacia el exterior, es decir, los capitales extranjeros se llevan una importante porción de la plusvalía de la clase trabajadora uruguaya, que es entonces explotada por los burgueses locales e internacionales conjuntamente. Esa es la forma concreta que toma el imperialismo en nuestro país