Necesidad de superación del capitalismo

La causa del desempleo y la pobreza en el Uruguay no reside en cuán bueno o malo sea un gobierno, sino  en el hecho de que las fábricas, las tierras, las máquinas, las grandes superficies comerciales, los medios de transporte y de comunicación son propiedad privada de un pequeño número de ricos.

En todo ello trabajan cientos de miles de trabajadores, pero lo que producen pertenece a algunos pocos miles de capitalistas, con la excepción de su salario, toda la riqueza que generan va a parar al bolsillo de los patrones. Es decir, el pueblo trabaja en beneficio de los ricos a cambio de su salario.

Pero los capitalistas dicen que son ellos los que dan trabajo al pueblo y presentan esto como la realidad única e inamovible. Pero la verdad es otra, son los trabajadores a través de lo que producen los que sustentan a los capitalistas, cuando todo trabajador para poder trabajar da al capitalista gratuitamente todo lo que produce recibiendo a cambio un salario que se ajusta a lo imprescindible para su supervivencia.

Hoy los trabajadores producen mucho más que en cualquier otra época, pero quienes ganan con este enorme crecimiento son los dueños de los medios de producción, la burguesía. Todos los avances tecnológicos que se producen sirven únicamente a esta clase, que acumula riqueza por millones mientras que los trabajadores sólo obtienen unas migajas de ese crecimiento.

En todo el mundo la miseria del pueblo proviene del hecho de que los productos se elaboran y destinan para el mercado, para la venta, para que los capitalistas obtengan su ganancia. Esto ocurre con todas las cosas, incluidos los alimentos, nada es producido para la gente sino para acumular más capital.

Cada día el trabajador vive con más dificultades debido a la baja del empleo, de los salarios, al deterioro de las condiciones trabajo. Así, la consecuencia del “crecimiento del país”, es decir, del crecimiento del capitalismo, es el empeoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores.

En resumen, los trabajadores utilizan la mayor parte de su tiempo no para vivir, sino para enriquecer a sus patrones.

Según las cifras de la ONU, 2.200 millones de personas viven en condiciones de pobreza en el mundo (según lo que estos organismos dictaminan como “línea de pobreza”) y de esos 1.300 millones de personas no tienen apenas ingresos o carecen de acceso a agua potable, alimentos suficientes o electricidad. Eso es el resultado del crecimiento del capitalismo en el mundo.

Por eso no es más que una ilusión querer resolver los problemas sociales existentes en nuestro país y el mundo apenas corrigiendo los abusos del capitalismo pero manteniendo intacta su base: la propiedad privada de los medios de producción.

Hasta que los medios de producción no sean de propiedad social, la desigualdad entre ricos y pobres, entre explotadores y explotados se mantendrá y aumentará.

Por eso los trabajadores solo tienen dos alternativas, resignarse y aceptar esto como la única realidad posible, o rebelarse y luchar contra ella.

La familia como sostén y reproductor de las relaciones de explotación

El sistema capitalista, basado en la explotación y la propiedad privada, se sostiene y reproduce a través de la familia, como forma de organizar a los individuos dentro de la sociedad, otorgarles un rol específico de forma de cubrir las necesidades del propio capitalismo, y garantizar que se mantenga la desigualdad entre las clases sociales, manteniendo la opresión sobre la clase obrera.

La familia como institución siempre ha tenido la función de sostener y reproducir una determinada forma de organización social y productiva, siendo esta misma producto de las mismas relaciones de producción y del desarrollo productivo en cada momento de la historia. Es una institución conservadora que mantiene en funcionamiento un sistema productivo y económico dado.

A través del tiempo podemos observar como ésta se ha ido trasnformando de acuerdo a las necesidades de las propias sociedades de organizar la producción de los bienes necesarios para la supervivencia de los diferentes grupos humanos, de forma que la familia tal cual como la conocemos hoy, no es otra que el desarrollo de la forma de familia de acuerdo a las necesidades del capitalismo y la burguesía.

Sin embargo, las bases de la familia nuclear monogámica que conocemos hoy en día, tiene sus fundamentos en la aparición de las primeras sociedades divididas en clases, basadas en la desigualdad y la explotación.

Engels analiza en su libro El orígen de la familia, la propiedad privada y el estado, a las comunidades primitivas en donde esto comienza a cambiar hasta consolidarse la herencia paterna con la apropiación privada del producto social, y la esclavitud de la mujer en el seno de la familia y la vida del hogar.

Una vez que el desarrollo de los medios tecnológicos de producción de alimentos de las comunidades permite un excedente, es decir, que ya no se cubre lo justo para sostener a la comunidad sino que se produce más de lo necesario, es que las relaciones dentro de las comunidades comienza a trasnfromarse en favor de quienes en ese momento estaban a cargo de la producción, en este caso, los jefes de la comunidad.

Engels lo plantea de esta forma: “La familia monogámica (…) Nace en el período de trasnsición entre el estadio medio y estadio superior de la barbarie; su triunfo definitivo es uno de los síntomas de la civilización naciente. Se funda en el predominio del hombre; su fin expreso es el de procrear hijos cuya paternidad sea indiscutible; y esta paternidad indiscutible se exige porque los hijos, en calidad de herederos directos, han de entrar un día en posesión de los bienes de su padre.”

Este tipo de familia, que con sus variaciones, se mantiene hasta el día de hoy, tiene el fin específico de mantener en manos de la desendencia paterna los bienes de las familias ricas de la comunidad, es decir, reproducir la desigualdad social. Pero al mismo tiempo, instaura a la interna misma de la familia la desigualdad, ya que para garantizar el linaje paterno, somete a la mujer y la convierte en una esclava, propiedad del jefe de familia, con fines reproductivos.

Como plantea Marx en El guión de la obra de Lewis H. Morgan “La sociedad antigua”: “La familia moderna contiene en gérmen, no solo la esclavitud, sino también la servidumbre, y desde el comienzo mismo guarda relación con las cargas en la agricultura. Encierra, in miniature, todos los antagonismos que se desarrollaran más adelante en la sociedad y en su Estado.”

Para consolidarse, el sistema capitalista, así como los que le precedieron, debieron también generar cambios en la forma de organización social, que permitiera a los individuos asumir las tareas necesarias para su propia reproducción. De esta forma es que la familia nuclear monogámica en el capitalismo vuelve a reorganizarse, aunque no de forma drástica en su forma, pero sí en las nuevas relaciones que genera entre los individuos.

Esta trasnformación se debe a un cambio que introduce el capitalismo en la forma de organizar la producción social. Hasta entonces, la producción social abarcaba todos los productos y servicios que la comunidad necesitaba para su supervivencia, sin diferenciar entre las tareas productivas y reproductivas. Sin embargo, un cambio sustancial que se impone es la separación de la esfera pública de la privada, de la producción social y la reproducción. Solamente se considera como producción útil socialmente las tareas que se realizan en la industria social, mediante el trabajo asalariado, y las tareas de reproducción y cuidados son relegadas a un segundo plano, desvalorizandolas, y sobrecargandolas a la familia de forma privada, eludiendo la responsabilidad del estado en ellas.

Al decir de Engels: “En el antiguo hogar comunista, que comprendía varias parejas con sus hijos, la dirección del hogar, confiada a las mujeres, era también una industria socialmente tan necesaria como el cuidado de proporcionar los víveres, cuidado que se confió a los hombres. Las cosas cambiaron con la familia patriarcal y aún más con la familia individual monogámica. El gobierno del hogar perdió su carácter social. La sociedad ya no tuvo nada que ver con ello. El gobierno del hogar se trasnformó en servicio privado; la mujer se convirtió en la criada principal, sin tomar ya parte en la producción social.”

A pesar de que la producción cada vez más social de los bienes y servicios genera las conidicones materiales propicias para que la sociedad en su conjunto pueda dar respuesta a las tareas propias de la reproducción y los cuidados, liberando a los individuos de la familia, particularmente a la mujer, de realizarlas, la apropiación privada de estos beneficios genera enormes contradicciones entre quienes pagan para usufructuarlos, la burguesía, liberándose así de la carga de estas tareas, en contraposición con la clase trabajadora, que se ve aún más aplastada por la carga de trabajo asalariado más la necesidad de cumplir con las tareas del hogar.

Esta realidad afecta especialmente a las mujeres, quienes a causa de la pobreza y el hambre se ven obligadas a salir a trabajar para ganar un salario, y a su vez mantienen la carga de la responsabilidad del cuidado del hogar, de los niños y personas dependientes. Sin embargo no son las únicas afectadas por esta realidad, también lo son los niños y jóvenes que nacen en estos hogares que no disponen de las posibilidades materiales ni contención familiar para brindarles los cuidados y atención necesarias, afectando su correcto desarrollo y su futuro.

La familia nuclear es una institución capitalista que tiene como único fin perpetuar la desigualdad social mediante la herencia, manteniendo la propiedad privada de los medios de producción en manos de unos pocos, y sometiendo a las grandes mayorías de seres humanos a la pobreza y miseria. Sin embargo el sistema mediante su penetración ideológica ha logrado que las familias proletarias ignoren el carácter de clase que arraiga en sí misma la familia y se reivindique incluso como un derecho la libertad para resolver los asuntos y responsabilidades privadas de las familias sin injerencia de la sociedad, en lugar de reclamar que la sociedad en su conjunto se haga cargo de tareas que nos benefician a todos colectivamente.

La única clase que se beneficia de que la familia siga teniendo relevancia en la organización social, y que siga manteniendo el derecho de manejar de forma privada sus asuntos, es la burguesía. La clase trabajadora debe luchar por la socialización de las tareas de reproducción y cuidados, única forma de que todos los seres humanos podamos satisfacer nuestras necesidades y realizarnos personalmente. Debemos luchar ideológicamente contra las concepciones que ven en las personas posesiones, eliminándo el carácter de propiedad  individual de las relaciones personales y afectivas.

Los seres humanos ya sean niños jóvenes, adultos, ancianos tenemos el derecho a desarrollarnos plenamente según nuestras necesidades y capacidades, y solamente una sociedad que asuma colectivamente esa responsabilidad, de forma solidaria y generosa puede garantizar el libre desarrollo humano.

Sin embargo esto no es posible en el marco del sistema capitalista, debido a los intereses que tiene la clase dominante de mantener las relaciones desiguales, de explotación y de opresión de un grupo privilegiado sobre la mayoría del pueblo, y para esto requiere de la familia como institución central que organice la vida social.

Es por esto que como clase trabajadora necesitamos derrumbar las bases de la herencia capitalista, mediante la desaparición de la familia como unidad economica y de organización social de los individuos. Las relaciones afectivas de los seres humanos no deben estar regidas por intereses  económicos individualistas, sino por la voluntad y el afecto, ya sean relaciones de pareja, de parentezco o de amistad.

La crisis económica es parte del capitalismo

Las crisis no son eventos excepcionales en la historia sino algo propio del esquema capitalista de producción, no son eventos que puedan evitarse en este sistema.

Ocurren cuando se han producido muchas mercancías, muchos productos pero pocos tienen el dinero suficiente para comprar todo lo que está disponible, debido al desempleo o los bajos salarios. Dicho de otro modo, los trabajadores no pueden comprar las mercancías que ellos mismos producen como clase, y por lo tanto, sin consumidores, sobran productos. Por eso, la crisis se produce por el hecho de que la riqueza está concentrada en manos de una minoría.

Muchas veces ante esta situación surge el crédito para fomentar el consumo, esto permite que se consuma más, y que se produzca más, en la medida que los bancos colocan a disposición de las empresas una mayor cantidad de capital, estimulando una mayor producción y un mayor consumo. Pero en un determinado momento, como los salarios continúan bajos el propio endeudamiento de la población pone un freno al consumo y se acelera una nueva crisis.

Esta contradicción entre producción y consumo no es más que una expresión de la contradicción fundamental del régimen de producción capitalista: el carácter social de la producción y la apropiación individual de la misma debido a la propiedad privada de los medios de producción.

A medida en que el capitalismo sigue creciendo y desarrollándose, abarcando cada vez más lugares y espacios de la sociedad, la contradicción se profundiza, por eso, crece cada vez más el antagonismo de clases, entre la burguesía y el proletariado.

Llevados por la necesidad de aumentar siempre cada vez más su ganancia, los capitalistas aumentan continuamente la producción, perfeccionan la técnica, usan nueva tecnología y lanzan inmensas cantidades de productos al mercado. Stalin sintetiza así la explicación del marxismo a las crisis económicas del capitalismo:

«La base de las crisis económicas de superproducción, su causa, reside en el sistema mismo de la economía capitalista. La base de la crisis se halla en la contradicción entre el carácter social de la producción y la forma capitalista de apropiarse los frutos de la producción. Esta contradicción fundamental del capitalismo se manifiesta en la contradicción entre el aumento gigantesco de la capacidad de producción del capitalismo, aumento cuyo fin es obtener el máximo de beneficios para los capitalistas, y la reducción relativa de la demanda solvente de los millones de trabajadores, cuyo nivel de vida los capitalistas se esfuerzan constantemente por mantener en los límites mínimos. Con objeto de vencer en la competencia y de exprimir los mayores beneficios posibles, los capitalistas se ven obligados a desarrollar la técnica, a practicar la racionalización, a intensificar la explotación de los obreros y a elevar al máximo la capacidad de producción de sus empresas. Para no quedar rezagados, todos los capitalistas no tienen más remedio que seguir, sea como sea, este camino de desarrollo furioso de la capacidad de producción. Pero el mercado interior y exterior, la capacidad adquisitiva de los millones de obreros y campesinos, que son, en fin de cuentas, los compradores fundamentales, permanecen a un bajo nivel. De ahí las crisis de superproducción, y en virtud de los cuales las mercancías quedan sin vender, la producción se reduce, aumenta el paro forzoso, bajan los salarios y, con ello, se acentúa todavía más la contradicción entre el nivel de la producción y la demanda solvente. La crisis de superproducción es un exponente de esta contradicción en formas violentas y destructivas. » Stalin Informe ante el XVI Congreso del PCUS, 1930.

Al contrario de lo que la burguesía suele presentar, la crisis en la economía capitalista no significa que se produzcan muchas mercancías en relación a las necesidades y capacidades de la población; lo que ocurre es que la forma privada, capitalista, impide a los trabajadores el poder consumir esas mercancías debido a los bajos salarios y el desempleo.

También ocurre que los capitalistas producen no en función de lo que se necesita sino del aumento de su ganancia, así se producen multiplicidad de objetos por encima de las necesidades reales, esta especulación es también una expresión de la anarquía de la producción propia del sistema, que provoca también las crisis.

Estas crisis inevitables del capitalismo, significan grandes sufrimientos para los trabajadores y todos los sectores del pueblo que viven la opresión del capital, significando importantes privaciones en la vida cotidiana.

Porque en la crisis aumenta la cantidad de desempleados y por lo tanto también bajan los salarios, porque la tecnología introducida implica una mayor explotación del trabajador (producen más y ganan menos), porque muchos que antes podían hacer una huelga para no perder su trabajo ahora quedan desempleados porque muchos capitalistas cierran sus empresas o producen con menos empleados.

Con la crisis ocurre un descenso brutal del nivel de vida y se destruyen muchas fuerzas productivas, y es desde ese pozo que la economía empieza a recuperarse. Se invierte en nuevas tecnologías, los capitalistas que sobreviven absorben a los que quebraron, los bancos son salvados con dineros de la gente, y se reinicia el ciclo.

Cuando la economía vuelve a funcionar tras la crisis, los economistas burgueses proclaman la vitalidad del capitalismo, escondiendo que la salida de la crisis se hizo sobre el sufrimiento de los trabajadores.

Pero la crisis volverá a ocurrir, y esto será así mientras se mantenga la contradicción del capitalismo, mientras no sea abolida la propiedad privada de los medios de producción.

El Socialismo

Para superar estas crisis es necesario poner fin al régimen económico de explotación, y colocar la tierra, las fábricas, los medios de producción en manos de los trabajadores, esto es, construir el socialismo.

Con las relaciones socialistas de producción ocurre un cambio radical: la producción deja de tener como objetivo el lucro capitalista y pasa organizarse para satisfacer las necesidades de la sociedad. Se produce de acuerdo a un plan elaborado y no para proporcionar ganancias a una minoría; por eso no existe en el socialismo ni superproducción ni crisis. De hecho, en el socialismo, la propiedad de los medios de producción es social y todos los avances tecnológicos, progresos técnicos y máquinas son utilizados en beneficio de los que trabajan y producen las riquezas y no de una minoría explotadora.

De esta manera el desarrollo de las fuerzas productivas que en el capitalismo se expresa en el aumento de la explotación que decanta en la pauperización de la vida de la clase obrera, en el socialismo abre una cantidad de posibilidades que permite liberar a las mujeres y hombres de las pesadas cargas de distintos de trabajo aumentando el tiempo libre, se desarrollan así las condiciones para realizarnos plenamente como individuos, para liberarnos de las necesidades, para aumentar los niveles de educación y cultura de todo el pueblo, para desarrollar personas plenas.

La base de este nuevo sistema social es la cooperación entre los miembros de la sociedad en lugar de la explotación, a diferencia del capitalismo donde la ideología dominante promueve el individualismo y la competencia entre los miembros de la sociedad. Sobre la base de la formación económica social socialista, se generan condiciones para desarrollar todo un relacionamiento social nuevo.

Tampoco existen la explotación entre seres humanos ni la anarquía en la producción, la economía tiene una dirección planificada, con todos los miembros de la sociedad participando en la producción, distribución y administración de la riqueza producida. Las personas trabajan no por necesidad u obligación, sino por la conciencia social, de forma libre y consciente, pues saben que su trabajo es por el bienestar de la sociedad, es un bien común.

Pero este modo de producción socialista sólo puede surgir tras el fin de la propiedad privada de los medios de producción, de la destrucción del monopolio sobre los mismos de la clase capitalista, del control de la economía por parte de las masas trabajadoras. Sin esa transformación el socialismo no es posible y no es más que un deseo, una utopía.

Por eso, hablar de socialismo sin terminar con la propiedad privada de los medios de producción no es más que una ilusión pequeño-burguesa. El socialismo es una necesidad del proletariado, de las personas que sufren la explotación del capital. Es el resultado de la lucha de los trabajadores por una existencia humana digna, por el fin de la opresión.