El socialismo Científico

La teoría del socialismo científico es desarrollada por Marx y Engels en el siglo XIX, no se genera espontáneamente como fruto de las luchas obreras, sino que en estos dos genios culminan y se desarrollan principalmente las principales corrientes de la filosofía, la economía y el socialismo.

El socialismo se desarrolla así entre algunos sectores de la burguesía ilustrada y cuando es llevado al movimiento obrero se convierte en una herramienta de transformación de éste al comprenderse como sujeto histórico y al entender las características de las luchas y transformaciones que tiene por delante, es decir: es consciente de su destino.

Esta conciencia no surge del desarrollo de la lucha de los obreros, ésta y el socialismo tienen un desarrollo paralelo. El socialismo nace de la ciencia, y posteriormente los elementos más destacados del proletariado lo introducen en su lucha.

Marx y Engels toman del máximo exponente filosófico de la modernidad, Friedrich Hegel el elemento más revolucionario de su filosofía, la dialéctica. E influidos por Ludwig Feuerbach se acercan al materialismo y desechan el elemento más conservador de la filosofía hegeliana, su sistema.

Estos elementos revolucionarios que existen en la filosofía de Hegel, pero que eran coaccionados por sus límites de clase, en manos de los creadores del socialismo científico se tornan potentes herramientas, que dan por el traste toda noción de inmutabilidad de la realidad, para Hegel «(…) todo lo que un día fue real se torna irreal, pierde su necesidad, su razón de ser, su carácter racional, y el puesto de lo real que agoniza es ocupado por una realidad nueva y vital; pacíficamente, si lo caduco es lo bastante razonable para resignarse a desaparecer sin lucha; por la fuerza, si se rebela contra esta necesidad» (Engels, 1886)

Desde este punto de vista el capitalismo como formación económico-social estaba condenado a desaparecer, venciendose así las ideas que presentan las clases capitalistas de que este sistema es el último sistema que va a conocer la humanidad, ya que siguiendo las reglas del método discursivo de la dialéctica hegeliana «(…)  todo lo que existe merece perecer».

En esta orientación, el materialismo filosófico desarrollado por Marx y Engels es la forma superior de materialismo que rompe con los mecanicismos y la metafísica de los anteriores, es un materialismo dialéctico que examina la Naturaleza y la sociedad en su evolución y renovación constante.

El materialismo filosófico desarrollado por Marx y Engels reconoce el carácter material del mundo; y que el mundo se desarrolla con arreglo a las leyes del movimiento de la materia; reconoce el carácter primario y de realidad objetiva de la materia y el carácter secundario de la conciencia; reconoce la cognoscibilidad del mundo material y de las leyes que le rigen (Rosental y Yudin, 1940).

En el intento de explicar la sociedad se desarrolla en Marx y Engels la concepción materialista de la historia, también llamado materialismo histórico, Hegel ya había querido explicar la historia como un «proceso de desarrollo, (con) una conexión interna» (Engels, 1859). Pero los autores van a poner de pia este análisis dialéctico para estudiar la sociedad desde su base: en la producción social de sus vidas, los hombres y mujeres contraen determinadas relaciones independientes de sus voluntades, estas relaciones de producción corresponden a determinada fase de desarrollo de las fuerzas productivas materiales. En conjunto de estas relaciones de producción forman la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponde determinadas formas de conciencia social.

Para el socialismo científico los regímenes que existen en la sociedad no son accidentales, vienen condicionados por causas que podemos ver, las personas crean su historia pero no según su arbitrio, sino en conformidad de las condiciones objetivas que heredan de las generaciones pasadas.

Para Marx y Engels la principal causa de la evolución y el desarrollo de la historia tiene que hallarse en su base material, ya que antes de atender el arte la política o la religión, los hombres y mujeres necesitan comer, beber, etc.

La fuente de estos bienes que surten las necesidades el hombre los encuentra en la naturaleza, y a partir del trabajo adapta los elementos que aparecen en estado bruto para que sean útiles, este es un proceso que se realiza socialmente, y en este los hombres y mujeres van generando lazos que los une, relaciones de producción. En estas relaciones de desarrolla una división social del trabajo, es decir una división del trabajo entre los diferentes miembros de la sociedad.

El trabajo se realiza con instrumentos de producción y medios de trabajo, es decir la tecnología que se posee en un momento dado, con su ayuda son creados los medios materiales, todo estos elementos son las fuerzas productivas con que se lleva a cabo el proceso de producción.

No sólo se desarrollan relaciones entre productores, sino que en un determinado grado de desarrollo de las fuerzas productivas, la propiedad de los medios de producción se ve separada de los productores directos y se concentran en manos de una reducida cantidad de miembros de la sociedad.

Así productores y medios de producción no pueden unirse y el proceso de producción no tiene lugar si los dueños de estos medios y los productores no establecen entre sí determinadas relaciones. Estas relaciones son relaciones de clases.

Las relaciones de producción y las fuerzas productivas no son así dos cosas aisladas, sino que se mantienen en determinada unidad, esta unidad es el modo de producción. Pero esta unidad no excluye en modo alguno las contradicciones entre ellas, sino por el contrario esto ha sido la tónica en diferentes momentos históricos.

Las contracciones que de desarrollan entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción son la base para los grandes cambios sociales, es en esta base donde el socialismo científico ve el elemento determinante en el desarrollo de la historia: al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas de la sociedad chocan con las relaciones de producción… O lo que no es más que su expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se ha desenvuelto hasta allí. Es decir, estas relaciones se convierten en trabas, se abre así una época de revolución social (Engels, 1859).

Estas ideas cobran una brutal potencia en manos de la clase obrera que desde las perspectivas del socialismo científico asume una tarea histórica: ser la sepulturera del capitalismo. Es una potente arma contra la ideología dominante que busca justificar  la desigualdad social, que busca presentarla como un fenómeno eterno e inherente de toda sociedad humana.

La clase obrera está llamada a sepultar el capitalismo para construir una sociedad diferente a las conocidas hasta ahora, el socialismo. El capitalismo es una sociedad donde los antagonismo de clase se han radicalizado, donde los elementos intermedios van desapareciendo y donde la sociedad se divide cada vez más en dos polos, en la clase capitalista y la clase obrera.

La clase obrera es una clase oprimida por la clase capitalista, para esto, esta clase se vale del Estado capitalista, donde a través de sus leyes y sus medios represivos resguarda la propiedad capitalista y regimenta a la clase trabajadora en el régimen de la esclavitud asalariada.

La clase obrera es una clase explotada por la clase capitalista, porque en el régimen del trabajo asalariado, la clase capitalista de manera parasitaria se apropia de un trabajo que no remunera a la clase obrera, generando una plusvalía con la que se enriquece a costa del trabajo ajena.

La clase obrera y la clase capitalista son las clases fundamentales en la sociedad actual, es decir, son las clases sin las que es imposible el modo de producción dominante y que deben su origen a este modo de producción, en este caso el capitalismo.

Estas dos clases son antagónicas, están enfrentadas desde el punto de vista de los medios de producción, la contradicción entre estas dos clases, entre capital y trabajo, es la contradicción fundamental del capitalismo.

La lucha de clases es la fuerza motriz del desarrollo de la sociedad basada en la explotación. Pero la solución de esta contradicción implica no sólo la superación de la sociedad capitalista, sino de la sociedad de clases antagónicas en general.

El capitalismo es un sistema social que a la par de generar un gran desarrollo de las fuerzas productivas y de involucrar a cada vez más miembros de la sociedad en todo el globo en la producción social, concentra y centraliza cada vez más la riqueza y la producción. Por esto en determinado período se desarrolla una contradicción cada vez mayor entre el carácter cada vez más social de la producción y la apropiación privada de la misma.

Esta contradicción se expresa en las distintas crisis de superproducción que azotan al mundo desde hace más de un siglo. La solución a esta contradicción es darle un carácter social a apropiación de la producción, es decir, socializar los medios de producción hoy en manos privadas, de capitalistas. Esta socialización es la base del modo de producción socialista.

Pero para realizar esta tarea, la socialización de los medios de producción, la clase obrera tiene que conquistar el Poder político y destruir el Poder de los capitalistas, su Estado, mediante la revolución social. Sobre la base de ese Poder, la clase obrera ejerce su dictadura con la que efectúa un acto de justicia histórica: se reapropia de los medios de producción y les da un carácter social.

El conflicto entre las relaciones de producción y el modo de producción, que es la base económica de la revolución social, madura lentamente mediante el viejo modo de producción evoluciona, para solucionar este conflicto hace falta derribar las relaciones de producción imperantes, y eso jamás se logrará mediante modificaciones graduales.

Estas relaciones, incluso después que dejaron de responder al nivel alcanzado por las fuerzas productivas, están ligadas a los intereses de las clases dirigentes, y estas sólo pueden mantener sus privilegios mientras no se atente contra la forma de propiedad, ninguna clase explotadora va a renunciar  voluntariamente a sus propiedades.

El socialismo científico convoca a la clase obrera a organizarse de forma independiente y llamar a todos los sectores explotados y oprimidos a derrocar el régimen de trabajo asalariado y construir una sociedad donde las riquezas que se generan sean apropiadas colectivamente.

Estas ideas expuestas con brillantez en el Manifiesto Comunista escrito por Marx y Engels en 1848  fueron muy bien recibida por la muy marginal vanguardia del socialismo científico pero «en 1887 el socialismo continental era casi exclusivamente la teoría formulada en el Manifiesto» (Engels, 1890).

Cuarenta años después de la aparición de estas ideas, las distintas corrientes liberales, proudhonianos, bakuninistas, etc., y las ideas de Marx y Engels se lograban imponer en el movimiento obrero.

El revisionismo clásico

Las corrientes que fueron derrotadas por el marxismo, se adaptaron a la coyuntura, y retomaron su lucha a la interna de este movimiento: La dialéctica de la historia hace que el triunfo teórico del marxismo obligue a sus enemigo a disfrazarse de marxistas. El liberalismo, interiormente podrido, intenta revivir bajo forma de oportunismo socialista. El período de preparación de las fuerza para las grandes batallas es interpretado por ellos en el sentido de renuncia a esas batallas. (…) Predican la ‘paz social’ (o sea la paz con los esclavistas), la renuncia a la lucha de clases (Lenin, 1913.)

Bernstein, integrante del Partido Socialdemócrata Alemán, fue uno de los principales teóricos de esta línea, en lo que propone como objetivo rescatar al marxismo de Marx. El interés principal es claro, socavar todo lo revolucionario de la doctrina Marx..

En forma sintética, para emprender esta tarea Bernstein se propone relativizar elementos centrales de la teoría de Marx y Engels.

En la actualizaciones que Bernstein busca hacer del marxismo pretende dejar algo del materialismo histórico y despojar de todos los principios y del aspecto revolucionario de la doctrina, peligrosos para las clases dominantes.

Por ejemplo, busca negar la preeminencia del factor económico -decisivo en última instancia en la historia- en la reproducción y en el destino social: a medida que aumentan el grado de influjo de otros factores, además de los puramente económicos, sobre la vida de la sociedad se modifica más la acción de lo que llamamos «necesidad histórica». (…) Del mismo modo que las fuerzas físicas, las económicas, a medida que se conoce su naturaleza, dejan de ser dominadoras para convertirse en esclavas de los hombres (Bernstein, 1898).

En el período extraordinario de las últimas décadas del siglo XIX, etapa de expansión del que culminaría desembocando a nivel mundial en la fase imperialista del capitalismo, Bernstein relativiza las crisis y la concentración de riqueza, y de la mano de estos niega la llamada «teoría del derrumbe», es decir la crisis del sistema, y la necesidad objetiva del socialismo como etapa social superior, que niega, supera, el capitalismo.

Bernstein ataca el elemento central del marxismo, la dialéctica, que para él es un resabio hegeliano, mera «especulación», y más concretamente, el elemento «infiel» de la doctrina de Marx. El planteo se sintetiza en la frase «el movimiento lo es todo los objetivos nada», los objetivos que habían definido Marx y Engels en el Manifiesto Comunista: el objetivo inmediato de los comunistas es el mismo que el de todos los demás partidos proletarios: constitución de los proletarios en clase, derrocamiento de la dominación burguesa, conquista del Poder político por el proletario (Marx y Engels, 1848).

Este planteo no era para Bernstein más que conclusión de un desarrollo especulativo y arbitrario, a esto se refiere con «el objetivo no es nada», «esta autosugestión histórica digna de un perfecto visionario político sería incomprensible en Marx (…) si no se pudieron descubrir en él el producto de un residuo de la dialéctica de la contradicción, del que Marx (como Engels) no se pudo liberar nunca (Bernstein, 1898).

En cambio el trabajo de los socialistas en beneficio de los trabajadores es lo realmente importante. Y así se elimina la concepción de clase obrera como sujeto histórico, es decir, de clase llamada a cumplir un rol particular en la historia: ser el sepulturero del capitalismo. De esta manera queda una doctrina, de un cierto carácter ético, que plantea la necesidad de luchar por la mejora y el bienestar de la clase trabajadora, porque al fin y al cabo los que lucharon por el socialismo, «lucharon justamente por eso».

Y junto a esto, se desarrolla una crítica a Marx.

El giro hacia el reformismo de la socialdemocracia no está separado de su giro al positivismo, el que Lenin, en particular en su libro Materialismo y empiriocriticismo, combatió. Lenin luchó contra el revisionismo más explícito, y entendió la gran importancia de la lucha teórica, no en vano el primer capítulo del Qué Hacer, libro en que fundamenta ideológicamente el partido, se llama «la importancia de la lucha teórica, y transcribe la cita de Engels que dice que «el marxismo desde que se volvió ciencia, exige que se le trate como tal, o sea, que se le estudie» (Lenin, 1904).

En correspondencia con lo anterior, «… más importante que la revisión análitica… es la correspondiente corrección de la concepción interna de la lucha y las tareas de la socialdemocracia. Cosa que implica ante todo un punto que hasta ahora se ha discutido poco, es decir, la conexión interna original entre el marxismo y el blanquismo, y la ruptura  de este vínculo (Bernstein, 1898).

El marxismo «… no se desvinculó nunca totalmente de la concepción blanquista en lo que se refiere a la sobrevaloración de las fuerzas creadoras de las fuerzas revolucionarias para fines de la transformación socialista de la sociedad moderna» (Bernstein, 1898).

El leninismo y la II Internacional

En 1889 se funda con el visto bueno de Engels la II internacional, organización que agrupaba a los partidos y agrupaciones socialistas que existían en el mundo, dentro de esta organización se daría una lucha de las distintas corrientes del socialismo, terminando por hegemonizarla la corriente oportunista, en cuyo más alta expresión fue el apoyo de «sus» gobiernos durante la guerra imperialista de 1914-1918.

Como dice Lenin, el desarrollo de esta corriente no es fruto del azar, no es un desliz cometido por algunos individuos relevantes y su traición, sino el producto social de toda una época. El oportunismo crece y se desarrolla en el legalismo y en particular en un clima de relativa paz y estabilidad de los años preimperialistas donde algunas capas de obreros se fueron «aburguesando».

El oportunismo se sustenta en toda una capa social de parlamentarios, periodistas, funcionarios de los sindicatos, funcionarios de los gobiernos, empleados y estratos de trabajadores con ciertos privilegios, este «sector social que se ha fundido con ‘su’ burguesía nacional y a la que ésta ha sabido apreciar en su justo valor y ‘adaptar’». (Lenin, 1915)

El oportunismo sacrifica los más importantes intereses de las masas oprimidas en aras de los intereses de una minoría insignificante de trabajadores, de la burocracia obrera, es una alianza entre una parte de los obreros y la burguesía.

Que el oportunismo crezca y hegemonice partidos de extracción obrera no excluye de ninguna manera que estos, y por consiguiente sus partidos, sean un destacamento de la burguesía en el movimiento obrero, «vehículos de su influencia y agentes de ella en su seno». (Lenin, 1915)

El desarrollo de esta corriente, es propia de la etapa, en donde las enormes ganancias de los monopolios imperialistas alcanzan para repartir algunas migajas entre algunos sectores de los obreros, estos obtienen así sus privilegios, que en definitiva quedan atados al destino de «sus» burguesías, así durante la primera guerra mundial imperialista, cerraron filas con estas.

La gran guerra era inminente a principios del siglo XIX, el reparto del mundo por un puñado de potencias y monopolios había terminado, y las potencias de desarrollo tardío -principalmente Alemania- que llegaban tarde al reparto del botín iban a reclamar su parte.

La guerra que se avizoraba tenía un carácter reaccionario, era una guerra imperialista, donde las burguesías de cada una de las potencias iban a apelar al patriotismo para poner tras de ella y de su guerra a las masas de obreros.

La II internacional había visto con antelación esta situación y había tomado resoluciones claras, en el Congreso de Basilea (1912) de la internacional se plantearon algunos puntos sobre este. i) la guerra traerá importantes crisis; ii) los obreros consideran un crimen participar en la guerra; iii) la crisis y el estado de ánimo de las masas obreras sería aprovechado por los socialistas.

Los partidos socialistas de casi todos los países de Europa no tomaron en cuenta estos lineamientos, cedieron ante la presión de sus burguesías y llamaron a apoyar a sus gobiernos con distintos argumentos, así el oportunismo maduró en socialchovinismo, convirtiéndose en cómplices de la matanza de millones de obreros.

El oportunismo es un fenómeno propio de esta etapa, es funcional al dominio de la burguesía, es parte de su dominio. Pero esto no implica una derechización del discursos de los socialdemocracia o socialistas, a las burguesías  «les perjudicaría el que la actual socialdemocracia evolucionase hacia la derecha, pues entonces los obreros se apartarían de ella. Los oportunistas (y la burguesía) necesitan precisamente el partido actual, que agrupa el ala derecha y el ala izquierda  y está representado oficialmente por Kautsky, un hombre capaz de conciliarlo todo con frases fluidas y ‘perfectamente marxistas’. De palabra, para el pueblo, para las masas, para los obreros: socialismo y espíritu revolucionario; de hecho,  südekumismo, es decir, alianza con la burguesía en todo momento de crisis…» (Lenin, 1915)

Por eso Lenin es muy claro cuando plantea que lo más peligroso «son las gentes que no desean comprender que la lucha contra el imperialismo es una frase vacía y falsa si no va ligada indisolublemente a la lucha contra el oportunismo». (Lenin, 1916)

Como señalaba Stalin «el leninismo nació, creció y se fortaleció en lucha implacable contra el oportunismo de toda laya, incluidos el centrismo en el Occidente (Kautsky) y el centrismo en nuestro país (Trotski y otros)». (Stalin, 1924)

El leninismo convocó a que las tendencias revolucionarias que existían dentro de los partidos socialdemócratas rompieran con estos partidos y formasen partidos auténticamente revolucionarios, siguiendo los mismos pasos de los bolcheviques que desde 1912 habían conformado su partido.

Lenin comprendía perfectamente que es imposible hacer la revolución sin que exista una situación revolucionaria que describe de la siguiente forma: i) imposibilidad de las clases dominantes de mantener inmutable su dominación, «crisis en las ‘alturas’ (…) Para que estalle la revolución no suele bastar con que ‘los de abajo no quieran’, sino que hace falta, además, que ‘los de arriba  no puedan’» ii) «Una agravación, fuera de lo común, de la miseria y de los sufrimientos de las clases oprimida»; iii) «Una intensificación considerable, por estas causas, de la actividad de las masas, que en tiempos de ‘paz’ se dejan expoliar tranquilamente, pero que en épocas turbulentas son empujadas, tanto por toda la situación de crisis, como por los mismos ‘de arriba’, a una acción histórica independiente».

Era indudable que todos los países que estaba en la guerra vivían una situación revolucionaria, y la tarea de los socialistas era «llevar a cabo acciones revolucionarias de masas lo suficiente fuertes para romper (o quebrantar) el viejo gobierno, que nunca, ni siquiera en las épocas de crisis, «caerá» si no se lo «hace caer».

Evidentemente las certezas de los éxitos no existen, no es esto lo que se está planteando, la tarea de los revolucionarios frente a una crisis no es hacer la revolución, sino impulsar acciones revolucionarias, como hicieron los bolcheviques en 1905.

Frente a la guerra reaccionaria, los partidos de la II segunda internacional reivindicaron su derecho a defender su patria, cayeron otros en el pacifismo burgués más ingenuo, depositaron algunos sus esperanzas en la sociedad de naciones para que no existan más guerras, etc., el leninismo en cambio fue claro, frente a la guerra reaccionaria, guerra civil contra la burguesía.

Y para esto se estaban preparando los bolcheviques desde hace años. El leninismo, al emprender la lucha contra el revisionismo y el oportunismo, plantearon la necesidad de esta misma lucha como condición del trabajo revolucionario. En este sentido se planteó la necesidad del partido revolucionario en oposición del partido parlamentario, conclusiones que llevan a la ruptura con los mencheviques en Rusia. Stalin plantea que «no se trataba solamente de romper con los mencheviques y constituir un partido independiente, sino se trataba ante todo de crear, rompiendo con los mencheviques, un nuevo partido, de crear un partido de nuevo tipo, un partido distinto de los partidos socialdemócratas corrientes de los países occidentales, un partido libre de elementos oportunistas y capaz de conducir al proletariado a la lucha por el poder». Un partido que prepara al proletariado para los desenlaces en las crisis revolucionarias.

Este Partido, leninista, tiene que incorporar a sus filas a los mejores elementos del proletariado y estar pertrechado por una teoría revolucionaria sin la cual no puede dirigir la lucha de la clase obrera. El Partido leninista no puede resignarse espontáneo tiene que elevarse para poder ver más lejos. El Partido tiene que ser «un destacamento de la clase, una parte de la clase, íntimamente vinculado a esta con todas las raíces de su existencia». (Stalin, 1924)

Para llevar adelante esta tareas el Partido tiene que ser un destacamento de la clase obrera organizado y pertrechado por la más férrea disciplina, tiene que además que tener una delimitación con el resto de la clase. El partido es una suma de organizaciones y cada afiliado tiene que ser parte y militar en una organización.

Pero además, el Partido es un sistema único de organizaciones, unificado en organismos superiores e inferiores de dirección, donde las minorías se subordinan a las mayorías y con resoluciones prácticas obligatorias para todos los miembros.

El Partido es la forma superior del proletariado, pero no la única, existen diversas organizaciones del mismo como sindicatos, organizaciones femeninas, de juventud, etc., las cuales muchas permanecen al margen del Partido y sólo algunas están vinculadas o son ramificaciones de este.

El Partido tiene que trabajar para que todas estas organizaciones desplieguen una labor en una misma dirección, pues éstas pertenecen a una misma clase. Para esto el Partido tiene que traza una línea general con el fin de lograr la unidad en la dirección y excluir toda posibilidad de desconcierto, tiene que mantener un vínculos con todas estas organizaciones y cuando pueda tiene que conducirlas.

El Partido por estar dotado de una poderosa teoría, el marxismo leninismo, por contar con experiencia y cuadros destacados y probados, es la única organización capaz de centralizar la lucha del proletariado y de todas sus organizaciones. Esto no quiere decir que todas estas organizaciones tienen que estar formalmente subordinadas al Partido, sino que los militantes de este que tienen actividad en todas estas organizaciones tienen que dar la lucha para que democráticamente estas asuman la orientación del Partido.

Para esto es necesario la unidad de voluntad, la unidad de acción, que es evidentemente incompatible con cualquier tipo de fraccionalismo. Pero la disciplina más férrea no quiere decir «naturalmente, que por ello quede excluida la posibilidad de una lucha de opiniones dentro del Partido. Al revés: la disciplina férrea no excluye, sino que presupone la crítica y la lucha de opiniones dentro del Partido. Tampoco significa esto, con mayor razón, que la disciplina debe ser ‘ciega’. Al contrario, la disciplina férrea no excluye, sino que presupone la subordinación consciente y voluntaria, pues sólo una disciplina consciente puede ser una disciplina verdaderamente férrea. Pero, una vez terminada la lucha de opiniones, agotada la crítica y adoptado un acuerdo, la unidad de voluntad y la unidad de acción de todos los miembros del Partido es condición indispensable sin la cual no se concibe ni un Partido unido ni una disciplina férrea dentro del Partido». (Stalin, 1924)

El Partido leninista, está concebido como Estado mayor del ejército de la clase obrera, es su instrumento para conquistar el Poder y luego para defenderlo. Pero el Partido no es un fin en sí mismo, con la desaparición de las clases y el Estado, también desaparecerá este, porque habrá cumplido su objetivo.

Evidentemente ninguno de los partidos de la II Internacional estaban interesados en conquistar el Poder, en derrotar a la burguesía e implementar la dictadura del proletariado, por esto defendían concepciones liberales de lo que debiera ser para ellos un partido obrero.

La caracterización de la etapa y la concepción sobre el imperialismo fue entonces uno de los elementos fundamentales que partió las aguas en el movimiento socialista. Para el leninismo el imperialismo es una fase del capitalismo que surge como desarrollo y continuación directa de las propiedades fundamentales de este. Cuando «surgen los monopolios que se derivan de la libre competencia, no la eliminan, sino que existen por encima de ella y al lado de ella, engendrando así contradicciones, rozamientos y conflictos particularmente agudos y bruscos» (Lenin, 1916).

El monopolio y el capital financiero que nacen de la política colonial, le agregan a esta «la lucha por materias primas, por la exportación de capital, por las esferas de influencia, es decir, las esferas de transacciones lucrativas, de concesiones, de beneficios monopolistas, etc». (Lenin, 1916)

Para el leninismo, a diferencia de lo que plantea Kautsky, el imperialismo no es una política de una serie de potencias, es una fase del capitalismo que representa toda una época, una «época de transición del capitalismo a una estructura económica y social más elevada» (Lenin, 1916) .Estamos frente a un capitalismo agonizante o un capitalismo en transición «nos hallamos ante una socialización de la producción y no ante un simple ‘entrelazamiento’; se advierte que las relaciones de economía y de propiedad privada constituyen una envoltura que no corresponde ya al contenido, que esa envoltura debe inevitablemente descomponerse» (Lenin, 1916). Es decir, el imperialismo es la antesala de la revolución socialista.

Esto cambia el modo de plantear el problema de la revolución proletaria. «Antes, el análisis de las premisas de la revolución proletaria solía abordarse desde el punto de vista del estado económico de tal o cual país. Ahora, este modo de abordar el problema ya no basta. Ahora hay que abordarlo desde el punto de vista del estado económico de todos o de la mayoría de los países, desde el punto de vista del estado de la economía mundial, porque los distintos países y las distintas economías nacionales han dejado ya de ser unidades autónomas y se han convertido en eslabones de una misma cadena, que se llama economía mundial» (Stalin, 1924)

Para el leninismo la revolución no vendrá allí donde esté más desarrollada la industria, donde haya más condiciones «objetivas», sino que «el frente del capital se romperá allí donde la cadena imperialista sea más débil, pues la revolución proletaria es el resultado de la ruptura de la cadena del frente mundial imperialista por su eslabón más débil» (Stalin, 1924)

La cuestión nacional

Otro elemento de diferencia entre el ala oportunista de la II Internacional y el leninismo es la cuestión nacional, que se expresó en el debate sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación. El capitalismo en su fase imperialista aumenta la explotación y opresión de grandes partes del mundo por un puñado de potencias, agudizando la contradicción entre estas y pueblos y naciones oprimidas.

El leninismo entendió el derecho de las naciones a la autodeterminación como el derecho de éstas a la separación, la tendencia de los movimientos naciones es hacia la creación de Estados nacionales independientes, reivindicación que viene del impulso de la burguesía que busca un mercado propio de acumulación. Esta independencia se sobre entiende es política, evidentemente quedan un montón de lazos económicos que implican subordinación.

Los comunistas plantean el reconocimiento de este derecho, en el entendido que nos oponemos a la opresión nacional, pero sería un error tanto negar el derecho a las naciones a la autodeterminación, como apoyar todas las reivindicaciones de las burguesía de las naciones oprimidas.

El capitalismo-imperialista conlleva una tendencia hacia la internacionalización de los medios de producción y de cambio, liquida el aislamiento nacionales, acerca económicamente a los pueblos y une de forma gradual enormes territorios. Este proceso progresivo prepara las premisas materiales para la futura economía socialista mundial.

Pero esta tendencia «se ha desarrollado en formas específicas, que no corresponden en modo alguno a su significación económica interna» (Stalin, 1923). Se ha realizado no por la colaboración y por la unidad de iguales, sino por la opresión y explotación de los pueblos oprimidos por un conjunto de potencias.

Esta tendencia crea las bases del socialismo futuro, los comunistas tendemos a la unidad, pero sobre la base la elección democrática de los pueblos. Para los comunistas además lo primero es el fortalecimiento del Poder de la clase obrera «además de los derechos de los pueblos a la autodeterminación, existe también el derecho de la clase obrera a fortalecer su Poder; y aquel derecho se halla subordinado a éste» (Stalin, 1923). Los comunistas en cada nación luchan por la unidad, pero para esto, tienen que reconocer el derecho a la separación.

Para el leninismo, el problema nacional en la etapa capitalista-imperialista, está subordinado al problema de la revolución proletaria. Los movimientos nacionales socavan el poder y los cimientos del imperialismo y agudizan su crisis, los debilita y abre posibilidades a que la clase obrera de las potencias asesten golpes a su burguesía, así como estos golpes pueden fortalecer el movimiento nacional de las colonias. Pero la opresión que viven los pueblos es exterior, de la burguesía imperialista extranjera, e interior, de «su» burguesía.

El leninismo entiende que no existe revolución que no tenga determinadas etapas: i) cuando lucha contra el imperialismo extranjero en un frente nacional único, lucha que implica la consolidación de un Estado nacional; ii) cuando por una revolución democrático burguesa contra los terratenientes y se desarrolla un movimiento agrario; ii) cuando se plantea derrocar el Poder de la burguesía y construir el poder del proletariado. Pero esto no significa que en las revoluciones coloniales los comunistas «no deban agudizar la lucha de los obreros y campesinos contra los terratenientes y la burguesía nacional, que el proletariado tenga que sacrificar, aunque sea en grado mínimo, aunque sea por un minuto su independencia». (Stalin, 1927)

De lo anterior se sobreentiende que la cuestión nacional no se puede tratar en general sino que es relativa a la situación de cada nación, la lucha nacional está supeditada a la consolidación de un Estado nacional y contra el imperialismo extranjero, es una etapa de la lucha que los comunistas tienen que plantear siempre y cuando se trate de una colonia o una semicolonia.

Las diferencias entre los pueblos oprimidos y el leninismo fueron a rasgos generales los siguientes: i) la segunda internacional reducía los pueblos oprimidos a una serie de pueblos «cultos» (Irlanda, etc), con el leninismo se contempla todo el espectro de pueblos de Asia y África; ii) la segunda internacional llegó a reducir el problema de la autonomía nacional a autonomía cultural, dejando de lado el problema del Poder político y justificando las anexiones, con el leninismo el concepto autonomía nacional se entiende claramente como el derecho a la separación; iii) para la segunda internacional el problema de la autodeterminación era un problema meramente jurídico donde se proclamaba genéricamente la igualdad, para el leninismo esta proclamación si no va de la mano del apoyo activo de la lucha de los pueblos de las colonias, es una consigna hipócrita; iv) antes era visto como un problema reformista, aislado del Poder, para el leninismo el problema nacional es parte del problema de la revolución proletaria. (Stalin, 1924)

El problema así planteado pasa por convertir a las colonias y países dependientes «de reserva de la burguesía imperialista en reserva del proletariado revolucionario» (Stalin, 1924), de esta manera en la Revolución Rusa la lucha de las naciones oprimidas por el zarismo se convirtió en una reserva de la revolución proletaria, en conjunto con la revolución campesina.

El problema del campesinado

El problema del campesino para el leninismo se plantea en términos similares, las capas campesinas fueros reservas de la burguesía en las revoluciones de los siglos XVIII y XIX, ¿podrían convertirse en reserva de las revoluciones proletarias? Sí, y así lo demostró la Revolución Rusa.

La línea leninista plantea una alianza con las capas campesinas para derrocar el Poder de la burguesía y sostener luego el socialismo. Evidentemente los partidos socialdemócratas no estaban preocupados los problemas de las alianzas, ya que como ya lo mencionamos no aspiraban a conquistar el Poder político, y por lo tanto, desestimaron esto.

Para los marxistas leninistas, la resolución de los debates, o de la validación de nuestras ideas, no es un problema teórico, al menos no sólo, sino que es un problema esencialmente práctico. En este sentido, la revolución de octubre, salda los álgidos debates que se daban en el movimiento socialista internacional, en términos concretos.

Muy especialmente derrumban las tesis revisionistas sobre la incierta posibilidad de la revolución socialista, y por sobre todo, demostró en los hechos, que el capitalismo no es el último sistema social, sino que es un sistema que tiende a perecer, y que va a ser superado por un sistema social superior, el socialismo.

El derrocamiento del Poder del Zar y de la burguesía en Rusia por parte del proletariado, apoyándose en las luchas campesinas y de las nacionalidades oprimidas por el imperio ruso, y conducidos por los bolcheviques en febrero y octubre de 1917, abre la época de las revoluciones proletarias que continúa hasta el día de hoy.

La Revolución Rusa y la consolidación del Poder Soviético

La Rusa de octubre de 1917 instaura el poder de los Soviet, termina con la guerra firmando la paz con Alemania, pone en poder del Estado los principales medios de producción y cambio e impulsa en el campo una reforma agraria que le quita la tierra a los terratenientes para dársela a los campesinos.

Con la firma de paz de Brest-Litovsk y con un conjunto de medidas económicas el Poder Soviético se consolidaba. Pero los imperialistas del campo de la Entente temían el ejemplo que significaba la revolución rusa para los pueblos y sus anhelos de paz, además de que pudiera desembocar en un alivio para la situación militar de alemania y un fortalecimiento militar de esta.

En 1918 se formaron un grupo externo de grandes potencias e interno de cosacos, kulaks y todos las clases explotadas desplazadas del Poder que se oponían al Poder soviético. A mediados de 1918 se unificaban estas fuerzas y comenzaba la intervención extranjera contra el Poder soviético, en la que participaron varias potencias como Rusia, Japón, EE. UU. Francia y otros países.

La revolución recién nacida se encontraba aislada y bajo el ataque de los imperialistas, en esta situación los bolcheviques convocaron a todos al frente para defender la «patria socialista», la mitad de los afiliados al Partido y a las juventudes comunistas marcharon para el frente de lucha.

El gobierno hizo extensivo el control de la gran industria a las industrias pequeñas y medianas, implantó el monopolio del comercio de trigo, prohibió el comercio privado de cereales e introdujo el sistema de contingentación de productos agrícolas, también implantó el trabajo obligatorio y extensivo a todas las clases de la población. Todas estas medidas impuestas por las necesidades de la defensa del país y de carácter provisional se englobaban bajo el nombre del comunismo de guerra.

Exhaustos Alemania y Austria se rinden y en Alemania se produce una revolución burguesa para derrocar al Kaiser y fundar una república, si bien esto aumenta la presión de las tropas del Etente contra la Revolución, le permite a esta anular los tratados con Alemania  recuperar Ucrania, Bielorrusia, Lituania, Letonia y Estonia.

El ejemplo de la revolución rusa se expande por Europa, aparecen movimientos revolucionarios en varios países, y en muchos se forman partidos comunistas, esto crea la base real para unificar estos partidos en una internacional auténticamente revolucionaria. Así en marzo de 1919 en Moscú a iniciativa de Lenin y los bolcheviques se funda la Internacional Comunista o III Internacional.

El congreso fundacional de la Internacional manifiesta el poder soviético como la auténtica democracia para los trabajadores y convoca a una lucha resuelta por la dictadura del proletariado y por el triunfo en todos los países de los Soviet. En este Congreso se eligió también el Comité Ejecutivo de la III Internacional. Así se funda la Internacional marxista-leninista.

En el VIII congreso del Partido Bolchevique de 1919, además de avanzar en distintas definiciones como la de caracterizar al imperialismo como fase superior del capitalismo, de la defensa de la democracia soviética, además también de plantear las distintas tareas que se tenían por delante en su lucha por el socialismo, se  decide crear el Ejército Rojo, un ejército regular con estructura profesional, una cuestión de vital importancia para defender la República Soviética.

Cuando en 1920 y ya hallándose el Ejército Rojo en una cifra de 5 millones de combatientes, fueron derrotadas las últimas tropas blancas, Inglaterra, Francia e Italia levantaron el bloqueo la República Soviética.

En el IX congreso del Partido Bolchevique que se reunió en marzo de 1919 se pone énfasis de un plan económico dedicado a poner en marcha el transporte, la industria del combustible y la metalurgia, tenía como un eje central la electrificación de la economía.

El Poder soviético tiene que enfrentar intervenciones extranjeras nuevamente en abril, los polacos invaden Ucrania y ocupan Kiev y se reorganizan ejércitos blancos, que son aplastados rápidamente, y a fines de 1920 se libera la región de la transcaucasia del yugo de los nacionalistas burgueses, el Poder soviético triunfa en Azerbaidzhán, Armenia y Georgia. La intervención japonesa en el extremo oriente continuó hasta 1922. Pero las principales fuerzas enemigas de la República Soviética fueron destruidas a fines de 1920.

El Ejército Soviético pudo vencer a los intervencionistas extranjeros porque en el nombre de la política por la cual combatía representaba el sentir de trabajadores y campesinos, era una política que sentía como propia. De la mano de esto el Poder Soviético supo poner en pie de guerra a la retaguardia, todo el país se puso al servicio del frente. Y además, el Ejército Rojo venció porque «el núcleo dirigente del frente y de la retaguardia… era el Partido bolchevique, unido por su cohesión y su disciplina, fuerte por su espíritu revolucionario y por su decisión de afrontar cualquier sacrificio, con tal de que triunfase la causa común, no superado por nadie en capacidad para organizar a las masas de millones de hombres y dirigirlas certeramente, en las situaciones más complicadas» (Stalin, 1953)

El X Congreso del Partido reunido en marzo de 1921, tiene por un lado un llamamiento a la unidad del Partido y la condena a distintos grupos de oposición en la que ordena la inmediata disolución de los grupos fraccionales, y por otro lado se logran importantes acuerdos de pasar del comunismo de guerra a la Nueva Política Económica (NEP).

La NEP plantea cierta apertura comercial y un aceptación de la libertad de comercio con la visión de que esto reactivaría la economía en el campo y sobre esto «después de acumular fuerzas y recursos, se podría crear una potente industria, base económica para el socialismo, y luego pasar resueltamente a la ofensiva para destruir los restos del capitalismo dentro del país» (Stalin, 1953; el subrayado es mío)

El trotskismo y otros grupos no entendieron la política de la NEP, y la entendieron como exclusivamente retirada, y mucho menos entendieron cuando al año siguiente Lenin declaraba que el repliegue había terminado y lanzaba la consigna «reparación de la ofensiva contra el capital privado:

En esta guerra perecieron alrededor de 3 millones de obreros y campesinos, la revolución se defendió y consolidó sobre la base de la entrega de millones de hombres y mujeres, ahora se abría una tregua que le permitía al Partido ocuparse a problemas relacionados con la economía nacional:

Los elementos de la oposición, que eran malos marxistas e ignorantes supinos en materia de política bolchevique, no comprendieron ni la esencia de la NEP ni el carácter del repliegue emprendido al iniciarse ésta. De la esencia de la NEP hemos hablado ya. Por lo que se refiere al carácter del repliegue, diremos que hay varias clases de repliegues. Hay momentos en que los partidos o los ejércitos se ven obligados a replegarse por haber sufrido una derrota, y en estos casos el ejército o el partido se repliega para salvarse y salvar sus cuadros con vistas a nuevos combates. No era esta clase de repliegue la que Lenin había propuesto al implantarse la NEP, ya que el Partido, no sólo no había sufrido una derrota ni estaba vencido, sino que, por el contrario, era él quien había derrotado a los intervencionistas y a los guardias blancos en la guerra civil. Pero hay también momentos en que un partido o un ejército victorioso, en su ataque, avanza demasiado, sin dejar asegurada una base en la retaguardia. Y esto constituye un peligro grave. En tales casos, un partido o un ejército experto siente generalmente, para no perder el contacto con su base, la necesidad de retroceder un poco, acercándose a su retaguardia, para establecer un contacto más fuerte con su base en ésta, asegurándose todo aquello que necesitan, y poder luego lanzarse de nuevo al ataque, con mayor seguridad y garantía de éxito. Esta clase de repliegue temporal era precisamente la que había aplicado Lenin, con la NEP. Informando ante el IV Congreso de la Internacional Comunista acerca de las causas a que había obedecido la implantación de la NEP, Lenin declaró que «con nuestra ofensiva económica habíamos avanzado demasiado y no nos habíamos asegurado una base suficiente», razón por la cual había sido necesario efectuar un repliegue pasajero hacia la retaguardia consolidada. (Stalin, 1953)

La aplicación de la NEP impacto en diferente manera en elementos inestables del Partido, por un lado sectores «izquierdistas» la vieron como una claudicación, y por otro lado actuaban otros que se posicionan en un lugar de capitulación como Trotsky, Zinoviev, Radek, Bujarin, etc., que negaban las posibilidades del desarrollo socialista en el país soviético, y en posiciones en la línea de la II internacional y el menchevismo, entendían la necesidad  de hacer grandes concesiones al capital privado, entregarle puestos de mando en el Poder Soviético e impulsar sociedades mixtas con el capital privado.

Derrotado el último vestigio de la invasión con la expulsión de los japoneses de la ciudad de Vladivostok, se puso sobre la mesa la necesidad de unir más estrechamente la repúblicas soviéticas en una Unión de Estados, así en diciembre de 19200 se celebró el primer Congreso de Soviet de toda la Unión, en el que se funda la Unión de Repúblicas Soviéticas (URSS). La fundación de la URSS significó el fortalecimiento del Poder Soviético y un triunfo de la línea de Lenin y Stalin sobre la cuestión nacional.

El trotskismo

Más allá que históricamente no tiene una gravitación significativa en lo que acontece antes, durante y después la revolución, la utilización de los planteos de Trotsky por las clases burguesas y su consolidación como una tendencia en el movimiento obrero, hacen necesarios algunos comentarios.

Trotsky no ingresa al Partido bolchevique sino hasta abril de 1917, siempre estuvo ubicado en el centro de la socialdemocracia rusa y siempre tuvo por excelencia una política antibolchevique, anti leninista. Su ingreso al Partido bolchevique debería haber significado una aceptación del funcionamiento y programa de este, pero cuando tuvo la mínima oportunidad empezó a luchar por sustituir el programa de Lenin, por el suyo.

Hacia el otoño de 1923 se agravaron algunas dificultades económicas a causa de la existencia de desarmonía entre los productos agrícolas y los productos industriales, la elevación artificial de los precios de los productos industriales impulsado por el trotskista Piatakov hicieron que los campesinos dejaran de adquirir estos productos, iniciándose una crisis del mercado de venta que repercutió sobre la industria, con las consecuentes complicaciones para el pago de salarios lo que ocasionó el descontento de los obreros.

Sumado esto a las derrotas de las revoluciones proletarias de Alemania y Bulgaria en los anteriores años, y por sobre todo, a la ausencia de Lenin que se encontraba ya con la enfermedad que lo tenía paralizado y lo terminaría llevando a la muerto.

Frente a este escenario los trotskistas vieron una oportunidad, desconociendo los lineamientos que planteaba el Comité Central del Partido para superar las dificultades, empezaron a impulsar una plataforma propia que se dio a conocer como la «declaración de los 46 oposicionistas» que agrupaba a todos los sectores reñidos con el leninismo del Partido.

La agresión iba dirigida principalmente contra el aparato del Partido, estos elementos no son nuevos en Trotsky, este ya había combatido con fuerza la teoría leninista del partido llamándolo «fetichista de la organización», afín al «régimen cuartelario» en el Partido, «dictador queriendo instalar la dictadura sobre el proletariado» para quien «toda intromisión de elementos que pensaban de otra manera era un fenómeno patológico», etc.

Pero ahora Trotsky se presentaba así mismo como bolchevique, y hablaba de la degeneración actual de la vieja guardia del Partido apelando a la juventud y a los nuevos afiliados, intentaba de esta manera encubrir su propio carácter antibolchevique.

Los documentos de este grupo fueron distribuidos por ellos mismos en radios y  organismos, los trotskistas retaban al Partido a un debate, y este a pesar de hallarse en dificultades económicas aceptó el reto y abrió la discusión.

Pero antes ya se habían adelantado algunos elementos reñidos con otros aspectos del leninismo, Trotsky en 1919 y en 1922 reedita un texto de él mismo que tiene por nombre Balance y perspectiva y publicado en 1906 donde plantea básicamente dos tesis que se oponen al programa de Lenin. La primera es que el campesinado en Rusia es un sector atrasado que se va a pasar al lado de la contrarrevolución, tema que retomaría en la revolución permanente, y en segundo lugar que el Poder Soviético no se sostendría si no se produce una revolución en los países avanzados, literalmente dice que «sin el soporte estatal directo del proletariado europeo, la clase obrera rusa no podrá mantener el poder y transformar su dominación temporal en la dictadura socialista duradera… dejada a sus mismos recursos la clase obrera rusa será aplastada por la contrarrevolución desde el momento que el campesinado se aparte de ella».

Trotsky busca sustituir las fórmulas planteadas por Lenin para la construcción del socialismo, por su planteo de la imposibilidad del socialismo en la URSS, planteo que comparten los mencheviques, y para esto ataca a los bolcheviques más viejos y experimentados, repitiendo los planteos que en otros tiempos ya había hecho contra Lenin.

En enero de 1924 se reune la XIII Conferencia del Partido donde Stalin hace un balance de la discusión, la Conferencia condenó a la oposición trotskista caracterizándose como desviación pequeño burguesa del marxismo. Estos acuerdos fueron refrendados por el XIII Congreso del Partido y por el V Congreso de la Internacional Comunista. El ala leninista del Partido encabezada por Stalin se terminaba imponiendo al interior del mismo.

Pero Trotsky no cesó  en su lucha y a fines de 1924 publica Las enseñanzas de octubre, donde calumnia la historia del bolchevismo y al jefe de ese Partido, a Lenin. Más tarde en las vísperas del XV Congreso el Trotsky impulsará en conjunto a Zinoviev un bloque a imagen y semejanza del bloque menchevique de agosto, en el cual impulsarían sus tesis de imposibilidad de construcción del socialismo en la URSS, este bloque fue derrotado en este congreso teniendo menos del uno por ciento de apoyo del partido, y tras la insistencia de su lucha, impulsando celebraciones paralelas en ocasión del aniversario de la revolución soviética una reunión en conjunto entre la comisión de control y el Comité Central del Partido deciden expulsarlo.

No es casual, que el trotskismo  se defina a sí mismo como la continuación de la tradición bolchevique y que parta de un hombre que siempre combatió a ese partido y impulso orientaciones capituladoras durante la revolución, tampoco es casual que ese hombre sea promovido por la clase burguesa y muy especialmente por la academia. El trotskismo juega un rol similar al revisionismo, que quiere resumir en él un legado de gran aprecio y admiración por la clase obrera mundial pero socavar todos sus aspectos revolucionarios, el trotskismo juega ese mismo rol pero en particular, sobre la revolución rusa y el partido que condujo al proletariado en la misma. En esencia el planteo de la socialdemocracia y el trotskismo son el mismo, la imposibilidad de derrocamiento del Poder de la burguesía y de la construcción del socialismo sobre la base del Poder del proletariado.

La construcción del socialismo en la URSS y la guerra antifascista

El 21 de enero de 1924 muere Lenin, jefe y maestro, fundador del Partido bolchevique, Stalin frente al hecho declaró: «Al dejarnos, el camarada Lenin nos legó el deber de permanecer fieles a los principios de la Internacional Comunista ¡Te juramos, camarada Lenin, que no regatearemos nuestra vida para fortalecer y extender la unión de los trabajadores del mundo entero, la Internacional Comunista».

Y esta tarea tenía que ver también evidentemente con el porvenir de la URSS. El Partido y Stalin entendieron que la edificación y el desarrollo del país tenía que orientarse hacia la construcción de una economía socialista, esto era posible aunque la revolución en otros países demorase, y esto en el segundo lustro de 1920 no era un problema teórico, sino eminentemente un problema práctico.

La URSS podía y debía edificar la economía socialista,  durante la revolución de octubre de 1917 «la clase obrera venció al capitalismo en el terreno político, instaurando la dictadura del proletariado… Ahora, la tarea fundamental consiste en desplegar por todo el país la obra de edificación de una nueva economía, de la economía socialista, dando el golpe de gracia con ello al capitalismo también en el terreno económico… La industrialización socialista es el eslabón fundamental por el que hay que comenzar la magna obra de la edificación de una economía nacional de tipo socialista» (Stalin, 1953).

El problema de la construcción del socialismo en un solo país tiene dos aspectos, un aspecto interior y otro exterior. En el aspecto interior la clase obrera y el campesinado podrá vencer a la burguesía interior en el terreno económico y construir una sociedad socialista, pero en el terreno exterior la URSS vive un cerco capitalista que es una fuente de peligros e intervenciones armadas, y la única manera de acabar con este cerco es que la revolución triunfe en otra cantidad de países. El triunfo en la URSS «no puede, a pesar de todo considerarse como un triunfo definitivo, mientras no desaparezca el peligro de una intervención armada extranjera y de los intentos de restauración del capitalismo» (Stalin, 1953).

La Unión Soviética contaba «con todos los elementos necesarios para construir una sociedad socialista completa» (Lenin), el primer desafío a mediados de la década del 20 del siglo pasado era salir del atraso económico en que aún se encontraba el país. En este sentido el XV Congreso del Partido bolchevique decide impulsar la colectivización del campo, se impulsa una «ofensiva contra los kulaks» y se toman una «serie de medidas nuevas que restrinjan el desarrollo del capitalismo en el campo y encaucen la economía hacia el socialismo», también en el marco de la ofensiva del socialismo en toda la economía nacional se impulsa el primer plan quinquenal, el primero de tres que se impulsarían antes de la guerra antifascista, el plan buscaba acelerar el desarrollo de la industria, poniendo énfasis en el sector del capital, es decir de la industria pesada.

Los resultados de las políticas que se impulsan a partir del XV Congreso del Partido bolchevique demuestran la superioridad del socialismo en el terreno económico: si tomamos como punto de partida la industria antes de la guerra civil, en 1928 había crecido un 123% y en 1940 había crecido un 1.085%, aproximadamente entre 1930 y 1940 el crecimiento medio industrial fue de 16,5%; si tomamos como base la agricultura en 1928 en 1940 había crecido un 323% (Martens, 2008).

Esta es la base económica que permitiría al país de los Soviet vencer al más poderoso ejército imperialista en la segunda guerra mundial, una guerra que tuvo para el movimiento comunista un carácter antifascista.

Pero el socialismo no sólo tiene que vencer al capitalismo en el terreno económico sino también en el cultural y en el democrático.

La revolución rusa impulso como es evidente una revolución cultural, catapultando a la modernidad a millones de hombres y mujeres que vivían como en el medioevo, la alfabetización fue sólo una parte de esto, también se revalorizó el trabajo, la visión de la clase trabajadora del trabajo son radicalmente diferentes en el capitalismo y en el socialismo, el compromiso con el desarrollo de una economía que crece para el beneficio de toda la sociedad motivó grandes jornadas de sacrificio voluntario, significó que en muchos casos se rebasaron con creces las metas económicas fijadas para cada año. De la mano de una nueva concepción del trabajo se desarrolló un movimiento de aumento de la productividad, el estajanovismo, que planteaba la emulación socialista.

En el ámbito de la mujer, la revolución rusa la incluyó como un miembro más de la sociedad, se impulsaron medidas concretas para liberar a la mujer de la servidumbre del hogar, asumiendo socialmente las tareas que anteriormente era patrimonio privado, como la cocina y el cuidado de los niños, culturalmente se impulsó a la mujer como un actor protagonista de la construcción del socialismo y de la guerra, habiendo mujeres  que combatieron en el ejército rojo contra los invasores nazi-fascistas. Aunque en los hechos no se logró superar la imposición de géneros fundamentalmente vinculada a lo femenino y a la maternidad heredada de las sociedades anteriores, visión que está presente tanto en el decreto de legalización del aborto de 1918 como en el de su prohibición en 1936.

Un gran intento de democratizar la sociedad soviética fue la constitución de 1936 impulsada por Stalin y el ala leninista del Partido, una constitución que apunta a separar el Partido del Estado, volcarlo a las tareas originales de un Partido Comunista, la propaganda y la agitación, a la lucha por ganar a las amplias masas ideológicamente para el socialismo.

El impulso de esta constitución planteaba «el sufragio universal, igualitario, directo y secreto» que sería «un látigo en manos del pueblo contra los órganos gubernamentales que funcionen mal» (Stalin). Sería una herramienta para luchar contra la burocracia, una tarea que tuvo una importancia primordial bajo la conducción de Stalin.

Los objetivos de Stalin en esta lucha era asegurar que la economía y la sociedad soviética esté en manos de gente técnicamente preparadas; detener la degeneración del Partido bolchevique haciendo regresar a sus militantes, especialmente a sus líderes a sus funciones primarias de liderazgo político y moral mediante el ejemplo y la persuasión del resto de la sociedad, es decir, reforzar el trabajo del Partido entre las masas, ganar el apoyo del pueblo hacia el gobierno y crear las bases para una sociedad sin clases y comunista (Furr)

Pero el descubrimiento de importantes complot que involucra al director de seguridad y Ministro de Asuntos interiores, Genrikh Yagoda y el mariscal del ejército Mijaíl Tujachevski, el asesinato del número dos del Partido Sergei Kirov en su oficina del cuartel general del Partido de Leningrado, entre otros elementos pusieron a la conducción del Partido a la defensiva y postergaron el llamamiento a las elecciones que planteaba la nueva constitución.

Tras la presión fundamentalmente de la nomenclatura del partido, representada por las direcciones regionales de las repúblicas, organismos que concentraban gran poder y con la excusa de las conspiraciones en marcha «el pleno del Comité Central de octubre de 1937 contempló la suspensión definitiva del plan para unas elecciones libres… esto significó una amplia pero inevitable derrota para Stalin y sus seguidores en el Politburó» (Furr).

Con el comienzo de la guerra los impulsos de esta iniciativa se vieron postergados, habría que esperar hasta el XIX Congreso del Partido de 1952 en el que Stalin y los dirigentes más cercanos a este retomaran la iniciativa, en el mismo se modificaron órganos de dirección restringiendolo a las tareas políticas, eliminó el cargo de secretario general pasando a ser Stalin uno más de los 10 secretarios del Partido, planteo el mismo renunciar al Comité Central y dedicarse a las funciones de gobierno, entre otras medidas. «Empezando por Kruschev, la nomenclatura del Partido procuró destruir cualquier rastro de este Congreso, actuando para eliminar lo que en él se realizó. Bajo Brezhnev se publicaron las transcripciones de todos los Congresos hasta el decimoctavo» (Furr)

Tano pronto como tuvieron oportunidad la nomenclatura del Partido y los elementos más degenerados «dieron pasos para anular las decisiones del 19º Congreso del Partido. En su reunión del 2 de Marzo, con Stalin aún vivo pero inconsciente, un Presidium reducido (esencialmente, los miembros del antiguo Politburó) se vieron en la dacha de Stalin. Allí decidieron volver a reducir el Presidium a 10 miembros, en vez de 25. Era, básicamente, el antiguo Politburó, de nuevo. El número de Secretarios del Partido se redujo otra vez a 5. Kruschev fue nombrado «coordinador» del Secretariado y, cinco meses más tarde, ‘Primer Secretario’» (Furr).

La herencia de la construcción del socialismo en la Unión Soviética hasta la muerte de Stalin, de los sacrificios del pueblo soviético, de los hombres y mujeres es invalorable. La ardua tarea y la superioridad del socialismo, con sus errores y retrasos se vio reflejada en la gran guerra, en la guerra antifascista. El sacrificio soviético y del movimiento comunista internacional fue enorme, el holocausto que vivió el pueblo soviético es invisibilizado en la historia, el número de prisioneros soviéticos muertos en campos de concentración supera los tres millones, las bajas totales del Ejército Rojo superan las veinte millones. Esto fueron los costos que asumió la patria del proletariado para barrer del mundo a la peste nazi-fascista, para liberar a la humanidad de una era de oscuridad.

Pero el mérito no es únicamente del Ejército Rojo, «ante todo, es nuestro régimen social soviético quien ha triunfado… La guerra ha demostrado que el régimen social soviético es un régimen verdaderamente popular», «nuestro régimen político soviético… Nuestro Estado soviético multinacional ha resistido todas las pruebas de la guerra y ha probado su vitalidad» (Stalin)

La contrarrevolución en la URSS

Stalin muere el 5 de marzo de 1953, el movimiento obrero y revolucionario del mundo perdía así a un jefe de la clase obrera, un fiel discípulo de Lenin, el que definiría el leninismo y sería el primer leninista.

Tras su muerte de la camarilla de oportunistas con Nikita Kruschev a la cabeza y apoyados en sectores profesionalistas del ejército usurpan el Poder en la URSS mediante métodos putchistas, asesinaría en el camino a Beria, dirigentes históricos como Molotov irían a la cárcel de por vida. Se pondría en marcha toda una contrarrevolución que concluiría con el colapso de la Unión Soviética en los noventa, hecho que significa una importante derrota de las fuerzas revolucionarias y que impondría un retroceso temporal de las posiciones avanzadas en todo el mundo.

Kruschev y quienes le siguieron no eran dirigentes conocidos antes del golpe, esta camarilla no se formó espontáneamente, fueron en cambio, preparándose esperando la oportunidad, teniendo públicamente un discurso y tras bambalinas conspirando.

Stalin no pudo ver este movimiento, aunque sí detectó y combatió las tendencias degenerativas en el partido, pero no llegó a constatar el alcance de las mismas. Pero no puede plantearse que Stalin sea el culpable de estas ni mucho menos de su desenlace, Stalin hasta su muerte impulsó una línea marxista leninista, revolucionaria.

En el terreno de la lucha de clases internacional mantuvo una actitud consecuente, combatió sin cuartel al imperialismo, apoyó en cuanto pudo a todos los procesos revolucionarios y avanzados en el mundo. En el terreno de la lucha de clases al interior Stalin impulsó el combatió a las clases explotadoras y capitalistas con determinación, siempre defendiendo la dictadura del proletariado golpeando y dejando sin base a las clases capitalistas. En el terreno político combatió todas las desviaciones que tuvo ante sí con un gran nivel teórico y político, siempre sobre la base de la democracia partidaria.

Pero es evidente que Stalin «no detectó la peligrosidad de los traidores Jruschov, Mikoyán y otros, y la Gran Guerra Patria desempeñó un gran papel en esta cuestión. Si podemos culpar a Stalin de algo es de que en los años de la postguerra, y particularmente en los últimos de su vida, no percibió que el pulso de su partido no latía como antes, que el partido había perdido y perdía su ímpetu revolucionario, se había esclerotizado y, a pesar de los heroísmos de la Gran Guerra Patria, no se restableció debidamente, de lo que se aprovecharon los traidores jruschovistas.» (Hoxha, 1966).

El Partido bolchevique «se burocratizó paulatinamente, quedó envuelto en el trabajo rutinario y el peligroso formalismo que constriñen al partido, que sofocan su espíritu e ímpetu revolucionarios. El partido se cubría de una pesada herrumbre, de una apatía política, pensando erróneamente que sólo la cabeza, sólo la dirección actúa y lo soluciona todo. Los aparatos y los funcionarios se convirtieron en «omnipotentes», en «infalibles» y actuaban de modo burocrático bajo las fórmulas del centralismo democrático, de la crítica y la autocrítica bolcheviques, que ya no eran bolcheviques… En estas condiciones las medidas administrativas burocráticas comenzaron a prevalecer sobre las revolucionarias. Las correctas medidas revolucionarias adoptadas contra los enemigos de clase, con estos métodos y formas burocráticas de trabajo, en lugar de tener el efecto debido producían el contrario y fueron utilizadas por los burócratas para crear el miedo en el partido y entre el pueblo. La vigilancia revolucionaria ya no era operante, porque había dejado de ser revolucionaria, independientemente de que fuera pregonada como tal. De ser una vigilancia de partido y de las masas se estaba transformando en una vigilancia del aparato burocrático y se transformaba de hecho, si no en su totalidad, sí desde el punto de vista de las formas, en una vigilancia de las fuerzas de seguridad y de los tribunales. .. Se estaba creando en el Partido Comunista de la URSS una aristocracia obrera de cuadros burócratas (Hoxha, 1966).

De ahí surge toda la capa que apoya el putsch de Kruschev luego de la muerte de Stalin, y que luego se expresaría en las resoluciones del 20° Congreso del Partido, congreso que calumniaría a Stalin y su obra.

De esta iría cambiando la Unión Soviética y la de los Partidos Comunistas que el PCUS lograba cerrar con la nueva orientación. Pero lo nuevo no era más que lo viejo, que el viejo revisionismo clásico, se impulsaría a nivel mundial la conciliación de clases, con la coexistencia pacífica y el impulso de las vías pacíficas y parlamentarias al Poder, le Unión Soviética se convirtió en un Estado revisionista con pretensiones de potencias, social imperialistas.

El revisionismo moderno

La aparición del kruschovismo le hizo un gran favor al imperialismo mundial al tiempo que le hizo sufrir un gran golpe a la causa de la revolución y el socialismo, convirtiendo el primer país socialista, el país de los soviet en un foco de la contrarrevolución.

El revisionismo kruschovista representó un gran ataque para la revolución y el socialismo, porque se valía de un Estado, de una potencia, para tentar a varios grupos y partidos que sigan su camino. En el discurso los kruschovistas embellecían sus intenciones con apelaciones al marxismo leninismo, y lograron convertir esta ideología, en la ideología dominante de una gran potencia imperialista.

La línea que los kruschovistas presentaron al XX Congreso «no sólo constituían la línea de restauración del capitalismo en la Unión Soviética, sino también una línea de zapa de la revolución, de sumisión de los pueblos al imperialismo, de la clase obrera a la burguesía» (Hoxha, 1979).

Los kruschovistas impulsaron las «vías pacíficas al socialismo» y recomendaron a los partidos comunistas una política de conciliación de clases y de unidad con la socialdemocracia y otras variantes burguesas, reduciendo los partidos comunistas a partidos electorales y a manifestaciones sindicales. Estos partidos no preparaban al proletariado para la revolución sino que impulsaban a someterse a «sus» clases capitalistas.

No menos favorable al imperialismo fue la tesis que los kruschovistas impulsaron de la «coexistencia pacífica», en este esquema la clase obrera y los pueblos del mundo no podían más que resignarse y someterse al imperialismo, evitando todo lo que pudiera enojar a las potencias mundiales. Así bajo esta consigna, «no sólo como ideología sino también como línea política práctica, incitaba a los pueblos y en particular a los nuevos Estados de Asia, África y América Latina, etc., a apagar los ‘focos de guerra’ a buscar su acercamiento con el imperialismo, a aprovechar la ‘colaboración internacional’ para ‘desarrollar en paz’ su economía» (Hoxha, 1979).

De esta manera además, tanto la Unión Soviética como los países atados a ella fueron desarrollando importantes lazos con la economía mundial capitalista, fueron receptores de exportación de capital teniendo entre los países del Pacto de Varsovia importante crisis de deuda y consecuentes ajustes en la década de 1980.

Pero por sobre todo la consigna de la «coexistencia pacífica» era un llamamiento al resto de los imperialistas, principalmente los norteamericanos a repartirse el mundo y dominarlo conjuntamente.

Estas orientaciones ya se habían desarrollado anteriormente a la muerte de Stalin en varios partidos de Europa occidental y vinieron a confirmar en lo que más tarde se conoció como eurocomunismo. Los principales exponentes de esta tendencia fueron los partidos comunista de España con Carrillo al frente, de Italia con Togliatti y de Francia con Jaures.

Estos partidos tuvieron antes y la guerra una importante actividad revolucionaria, un gran desarrollo y crecimiento, sus militantes se inmolaron en distintas batallas, en la guerra civil española, el las guerrillas antifascistas y en el ejército rojo. Eran partidos que habían acumulado gran experiencia en la lucha de clases y su militancia una gran temple y tenacidad.

Estos partidos en Francia y en Italia tenían gran fuerza y respaldo de masas, contaban con grandes destacamentos de partisanos, pero no supieron o no quisieron transformar la guerra antifascista en una revolución popular, estas luchas no se debían separar de las luchas por el socialismo. No comprendieron ni aplicaron correctamente los lineamientos planteados en el VII Congreso de la IC que «sustentaba que, al oponerse y combatir al fascismo, se irían creando en condiciones determinadas también las posibilidades de formar gobiernos de frente único, totalmente diferentes a los gobiernos socialdemócrata» que «debían servir para pasar de la etapa de la guerra contra el fascismo a la etapa de la lucha por la democracia y el socialismo. Pero en Francia y en Italia… acabada la la guerra, en esos países asumieron el Poder gobiernos del tipo burgués» (Hoxha, 1979).

Y esto era efectivamente posible, en los países de Europa central y Sudoriental los partidos comunistas supieron ligar las tareas y formaron nuevos regímenes políticos, las democracias populares. Estas desviaciones, de los partidos de Europa occidental fueron duramente criticadas por la dirigencia soviética, en particular en el COMINFORM de 1948 Zhdánov dirige una dura crítica al Partido Comunista de Italia.

Los partidos de Europa occidental, en particular de Francia e Italia, se sumaron a gobiernos de coalición nacional, les cedieron el Poder a la burguesía sin lucha, esta a cambio evidentemente tuvo que impulsar una política conciliadora, en muchos lugares tuvo el nombre de Estado de bienestar, para desarmar y ganar al proletariado.

Para justificar sus políticas de entrega y claudicación los oportunistas los comunistas de Europa occidental desplegaron un conjunto de teorías. En el VII Congreso del PCI de 1951 Togliatti hace en este sentido un conjunto de aportes planteando que el PCI aspira un un gobierno de «paz y progreso social» planteando las «particularidades» de Italia y el desarrollo de la «vía italiana al socialismo», donde la derrota del fascismo y la conquista de las libertades democráticas burguesas genera condiciones para «alcanzar la democracia económica y social» (José María Laso, 1978). Tanto el partido comunista italiano como el francés elaboraron la tesis de la «democracia avanzada» con las que buscarían sintetizar todos estos lineamientos.

Evidentemente los partidos comunistas de Europa occidental recibieron con gran júbilo los planteos del XX congreso del PCUS, sus calumnias contra Stalin y la construcción del socialismo en la URSS, la capitulación en la lucha de clases en el terreno interior y exterior, todos estos elementos fueron vistos con muy buenos ojos por estos partidos.

Todas estas ideas las desarrolla en nuestro país Rodney Arismendi, Primer Secretario del Partido Comunista del Uruguay desde 1955 hasta 1988,  y uno de los principales baluartes de la política prosovietica en la región. Este imbrica las ideas anteriores con grandes rasgos de eclecticismo con planteos leninistas, con los que disfraza su planteo central de la negación de la necesidad de la revolución, que cambia por las vías democráticas y un proceso evolutivo «ininterrumpido» hacia el socialismo sobre la base de la profundización de la democracia, en una etapa «democrático avanzada».

Estas ideas han permeado a grandes sectores de la izquierda, y se han presentado como originales incluso, pero ya estaban desarrolladas en gran medida por el Partido Comunista Italiano con el que el Partido Uruguayo tenía un fluido vínculo.

Otra variante del revisionismo que es necesario abordar es el llamado «pensamiento Mao Tse-toung» que desarrolla un conjunto de ideas reñidas con el marxismo leninismo. Una de las más importantes es la doctrina de los «Tres mundos», esta es una tesis que niega las contradicciones fundamentales de la época que vivimos a saber: las contradicciones entre socialismo y el capitalismo, entre el trabajo y el capital.

Los revisionistas chinos presentaron al «tercer mundo» como la fuerza motriz de nuestra época, desconociendo que en ese «mundo» hay un conjunto de países con determinados Estados, de esta forma planteaban que una agrupación de estados en una abrumadora mayoría dominados por la burguesía eran la fuerza motriz de la época, y no como consideran los marxistas leninistas, que es el proletariado.

Los marxistas leninistas entendemos necesario ayudar «a los pueblos, al proletariado, a la democracia, la soberanía y las libertades auténticas, y no al Estado en el que dominan los reyes, los sha y las camarillas reaccionarias» (Hoxha, 1978).  La unidad del «tercer mundo» que predica el «pensamiento Mao Tse-toung» implica desconocer la lucha de clases que existen al interior de estos países, es sustituir la óptica de clases por criterios geopolíticos y es pregonar la paz social y la atenuación de los conflictos entre los trabajadores y las burguesías, entre opresores y oprimidos.

En el capitalismo, todos los intentos de unidad realizadas por distintos Estados es una unión «realizada sólo  por arriba, en la cumbre, para salvaguardar las conquistas de la burguesía y defenderse de la revolución. Mientras que la verdadera unión, la unión popular, puede conseguirse principalmente por abajo, teniendo al proletariado al frente» (Hoxha, 1978).

El «pensamiento Mao Tse-toung» también niega el partido leninista, predica un partido sin fronteras y un partido donde puedan existir distintas líneas y fracciones.

En el terreno de la revolución en China, Mao planteó la unidad con «su» burguesía, unidad que entendía necesaria por un tiempo indeterminado, donde la misma desarrollaría el capitalismo sin lo cual para el «pensamiento Mao Tse-toung» es imposible construir el socialismo, tesis que ya enarbolaban los traidores de la II internacional. Tesis muy distinta a la que plantearon Lenin y Stalin de enfrentamiento al capitalismo en todo el frente económico y cuyos resultados están a la vista.

La orientación que se daba «y que se concretó más claramente después de la muerte de Mao, no era el camino del socialismo, sino el de la construcción de un gran Estado burgués, social imperialista… El «pensamiento Mao Tse-toung», en tanto doctrina antimarxista, ha sustituido en internacionalismo proletario por el chovinismo de gran Estado» (Hoxha, 1978).

Todas estas variantes del revisionismo moderno son resultado de la «misma presión externa e interna de la burguesía, del mismo alejamiento de los principios del marxismo-leninismo, del mismo objetivo de oponerse a la revolución y al socialismo y de salvaguardar y consolidar el sistema capitalista» (Hoxha, 1979).

En los sustancial los aspectos del revisionismo que se utilizan para justificar las acciones oportunistas de distintos partidos son los mismos, los puntos de contactos son varios. Y en oposición a los mismos se han fogueado las tendencias consecuentes, revolucionarias, en nuestro tiempo, marxistas leninistas.

El movimiento marxista-leninista

En lucha contra el revisionismo kruschoviano primero se desarrolló el movimiento marxista leninista, movimiento que crece desde dentro del movimiento comunista y que tiene como uno de sus principales exponentes al Partido del Trabajo de Albania con Enver Hoxha a la cabeza y que tuvo en sus primeros pasos al Partido Comunista de China, que luego terminó su degeneración y se constituyó en un partido abiertamente oportunista.

La actitud de Enver Hoxha y el PTA se convirtieron en un bastión para las fuerzas auténticamente marxistas-leninistas, que se desarrollaron en difíciles condiciones y en especial en Albania tuvieron que soportar un doble bloqueo, tanto por la COMECON como por el occidente capitalista,  producto del chantaje de los kruschovistas y que significó un alto costo para ese pueblo.

El duro golpe que significó el colapso del bloque socialista, las derrotas en la Unión Soviética y en Albania no han podido derrotar al movimiento marxista-leninista, por iniciativas de algunos partidos de funda en 1994 en Quito la Conferencia de Partidos y Organizaciones Marxistas Leninistas.

La CIPOML se ha venido desarrollando y creciendo, llevando adelante las tareas internacionalistas y la impulsando la lucha en cada uno de los países que tiene representación. La CIPOML es hoy la organización que mantiene en alto el marxismo-leninismo y heredera de la tradición combativa de Marx, Engels, Lenin y Stalin.