La derrota del Frente Amplio es el fracaso del dogma revisionista

La derrota del Frente Amplio es el fracaso del dogma revisionista

Artículo públicado en la revista Unidad y Lucha

A fines del año 2019 se realizaron en Uruguay las elecciones legislativas y presidenciales, en la misma se disputaban el gobierno el partido progresista del Frente Amplio y un conglomerado de partidos compuesto principalmente por partidos de la derecha tradicional, que para la segunda vuelta conformó la Coalición Multicolor.

El resultado de la primera vuelta de las elecciones, que se realizaron el 27 de octubre de 2019 dio el siguiente porcentaje electoral: Frente Amplio 39,02%, Partido Nacional 28,62%, Partido Colorado 12,34%, Cabildo Abierto 11,04%, otros (entre los que se encuentran los partidos de izquierda extra Frente Amplio) 5,36%, votos anulados 1,83%, votos en blanco 1,79%.

A la segunda vuelta pasaron el candidato presidencial del Frente Amplio, Daniel Martínez (que tiene por origen el Partido Socialista, partido socialdemócrata clásico) y el candidato presidencial del Partido Nacional (partido liberal, católico y hoy también vinculado al lobby evangelista, que tiene sus orígenes en los principios de la vida de la República), Luis Lacalle Pou.

Para la segunda vuelta los tres principales partidos después del Frente Amplio y otros pequeños conformaron la Coalición Multicolor en apoyo a la candidatura a la presidencia de Luís Lacalle Pou, el resultado porcentual de la elección de segunda vuelta que se realizó el 29 de noviembre fue: el Frente Amplio obtuvo un 49,21% y la coalición multicolor obtuvo un 50,79%.

El repunte del Frente Amplio en la segunda recta se debe entre otras cosas a la aparición en escena del ex Comandante Manini Ríos, líder de Cabildo Abierto, partido de origen militar, que consolidó el relato que el progresismo realizaba del avance de la derecha y del fascismo, así y todo no logró revertir la situación adversa. Resta aclarar que las elecciones en Uruguay son de carácter obligatorio, por lo que los resultados enumerados son representativos de la sociedad.

Sin duda la derrota del Frente Amplio luego de gobernar durante quince años el país se enmarca en el fin del ciclo de los gobiernos progresistas. Pero en la heterogeneidad de los partidos que se definen como progresistas y que se agrupan en el Foro de San Pablo, el Frente Amplio uruguayo tiene características particulares que, entendemos, merecen ser analizadas, así como su derrota electoral.

Los gobiernos del Frente Amplio

Uno de los primeros actos del Frente Amplio en el inicio de su primer gobierno en el año 2005 fue firmar una carta de intención con el Fondo Monetario Internacional, hecho que desde un comienzo marcaba el rumbo que iba a seguir. Durante este período y los sucesivos iban a ser comunes los halagos a este y otros organismos financieros internacionales, que fueron recompensados con buenas notas por las calificadoras de riesgo, lo que permitió mantener un ritmo de endeudamiento y en plazos e intereses favorables.

En el terreno productivo se iba a profundizar la concentración y extranjerización de la tierra, se consolidaba la economía del país como productora de commodities que luego serían enviados a los grandes centros manufactureros, en un línea de dislocación de partes del proceso de producción, donde en la división del trabajo mundial a la región se le asigna el rol de productor de materias primas. Este rol se consolidó con la instalación de mega plantas de pasta de celulosa donde se procesa madera para ser enviada a China y luego vendida como papel al mundo.

La política impositiva de los gobiernos del Frente Amplio ha sido la de aumentar las prebendas al capital con la ampliación de las zonas francas, leyes específicas para promover las inversiones, reducción de impuestos a las ganancias entre otras medidas, que tienen por objeto la captación de Inversión Extranjera Directa. Por otro lado la disminución de los ingresos que generó estas reducciones en los impuestos al capital se buscó paliar con el aumento de los impuestos a los salarios, a las jubilaciones y al consumo. Para esto los gobiernos no sólo usaron la legislación existente, sino que profundizaron todo el marco jurídico creando leyes como la Ley de Promoción y Protección de Inversiones, la Ley de Participación Público Privada, La Ley de Tercerizaciones entre otras.

También han tenido un gran impulso en los gobiernos del Frente Amplio las tercerizaciones en el sector privado y muy especialmente en el público, mediante externalización a privados de funciones que tradicionalmente realizaba el Estado. Otro mecanismo que se ha utilizado son las obras a través del formato de Participación Público Privado.

Durante los gobiernos del Frente Amplio entonces, se mantuvieron las políticas que desde la dictadura militar vienen operando un conjunto de cambios en el aparato productivo, en las relaciones laborales, en el sistema financiero e impositivo, acorde a las orientaciones de los principales monopolios imperialistas que en asociación con la burguesía nacional dominan la economía.

Algunos aspectos subalternos de los gobiernos del Frente Amplio fueron el aumento de la presencia del mercado en la educación; la promoción de un sistema de salud que si bien generaliza el acceso se basa en una estructura donde prestadores públicos y privados reciben financiamiento mientras compiten entre ellos, en donde los ricos acceden a una mejor salud que los trabajadores; en materia de seguridad se promovió una política de endurecimiento de penas y fortalecimiento de los aparatos represivos del Estado aumentando el presupuesto del Ministerio del Interior, creando una enorme policía militarizada bajo el nombre de Guardia Republicana, invirtiendo en televigilancia y habilitando al ejército a realizar tareas de vigilancia interna en las fronteras.

Desde el gobierno se ha influenciado fuertemente también a los movimientos sociales sacando del eje de debate las perspectivas los grandes cambios en la sociedad e impulsando lo que llamó la “nueva agenda de derechos”. Así desde distintas instituciones y ONGs se promovieron luchas de carácter liberal y pequeño burgués como la legalización de la marihuana, la consolidación de “sujetos” como el movimiento LGBTQ+, la constitución de la mujer como una “minoría”, toda la agenda social que se promueve en torno a la mujer se basa en las concepciones reaccionarias del posmodernismo y la Teoría Queer como el lenguaje inclusivo, la mujer como un individuo autopercibido, entre otras.

Si bien el gobierno ha tenido que ceder en determinados reclamos históricos como lo hizo parcialmente con el aborto despenalizándolo en determinadas circunstancias, éste con la ayuda del trabajo de zapa del oportunismo ha desarmado ideológicamente a la amplia mayoría del movimiento social, lo que le dio una base para poder presentarse como una opción popular y de izquierda.

El revisionismo en la creación y los gobiernos del Frente Amplio

Para entender el fracaso de los gobiernos del Frente Amplio, es necesario comprender su génesis.

El Frente Amplio nace en 1971 con una fuerte influencia del Partido revisionista que contaba con una importante fuerza, principalmente en el movimiento obrero. Como herramienta nació trunca, por varias razones: la falta de un partido verdaderamente marxista leninista en su conducción, su carácter de clase/ideológico heterogéneo y su programa utopista netamente pequeñoburgués.

Luego de la realización del XVI y XVII Congreso de 1955 y 1958 respectivamente, el Partido Comunista del Uruguay confirmaba su viraje definitivo al campo del revisionismo al aceptar y adaptar a las condiciones nacionales las teorías jruschovistas de la coexistencia pacífica, la aceptación de la vía parlamentaria al socialismo entre otras teorías oportunistas que rechazaban un supuesto pasado “ortodoxo” del partido.

Pero el viraje abiertamente revisionista que significó el giro jruschovista del PC, se apoyaba en un camino que ya había abierto la influencia del Browderismo, corriente impulsada por  Earl Browder, Secretario General del PC USA durante la década del 40 con decisiva penetración en los Partido Comunistas de América Latina,  quien sostenía la necesidad de afianzar la Unidad Nacional a cualquier precio, agregando que los intereses de los comunistas confluían con los de la sociedad en su conjunto por lo que apostaba a amplias alianzas en donde se incluía a la clase obrera junto a explotadores.

De esta forma, toda actividad debía supeditarse a las instituciones y los marcos establecidos en el normal funcionamiento del orden burgués, donde a través del progreso gradual y en tiempo indeterminado, las reformas preestablecidas conducirían al socialismo:

Los comunistas prevén que sus objetivos políticos prácticos serán por un largo tiempo y en todas las cuestiones fundamentales, idénticos a los objetivos de una mayor masa de no comunistas, por tanto nuestros actos políticos se fundirán en movimientos de mayor envergadura.[1]

Así a partir de 1955 el PC revisionista comenzaría con una serie de políticas orientadas a la formación de frentes como un objetivo en sí, abandonando todo tipo de principio programático, lo que lo llevaba a todo tipo de alianzas sin principio en todos sus frentes, con un empeño especial en atraer al Partido Socialista, totalmente alineado a la socialdemocracia al estilo europeo, a quien le daría elogios y todo tipo de cheques en blanco en objetivo de su unidad.

Producto de este viraje, nacía en 1962 el Frente Izquierda de Liberación (FIDEL), que sin lograr la adhesión del PS que construiría su propio frente, lograría la participación de dirigentes provenientes de los partidos tradicionales, incluso del herrerismo (sector históricamente señalado como representante del latifundio) como sería el caso de Ariel Collazo, diputado que se había hecho famoso al dar su voto definitivo a la reforma cambiaria y monetaria de 1959 impulsada por el FMI.

Luego de desatada la crisis económica de los 60s y de la derrota armada del MLN-Tupamaros, se empezarían a dar las condiciones para una mayor unidad de la denominada izquierda uruguaya, cuya demostración más considerable fue la conformación de la Central Única de Trabajadores.

Pese a lo descrito anteriormente, sumado a algunas escisiones en los partidos de la izquierda, el movimiento revolucionario seguía careciendo de una dirección política clara, guiada por una ideología científica, marxista leninista, lo que provocó varias derrotas en un ambiente muy caldeado por gobiernos netamente antipopulares y distintos golpes en la región.

En estas condiciones se llegó al mítico 1971, año en donde el 5 de febrero se lanzaría la declaración constitutiva del Frente Amplio, quien se proponía “agrupar fraternalmente a colorados y blancos, a demócratas cristianos y marxistas, a hombres y mujeres de ideologías, concepciones religiosas y filosofías diferentes, a trabajadores, estudiantes, docentes, sacerdotes y pastores, pequeños y medianos productores, industriales y comerciantes, civiles y militares, intelectuales y artistas, en una palabra, a todos los representantes del trabajo y de la cultura, a los legítimos voceros de la entraña misma de la nacionalidad”[2].

Con un llamado donde casi todo valía al máximo de considerar a curas, pastores e industriales representantes del trabajo, nacía el Frente Amplio.

Para hacerse idea de la heterogeneidad, podemos destacar la presencia del PC revisionista, del Partido Socialista, el Partido Obrero Revolucionario de definición trotskista-posadista, el Partido Demócrata Cristiano, grupos auto determinados herreristas, otros batllistas, los representantes del MLN y también individualidades. Allí se encontraban varios militares con galones encima -no de tropa- entre ellos el Gral. Seregni conocido por dirigir varias represiones hacia los trabajadores y premiado con la candidatura a la Presidencia; Alba Roballo católica y ferviente impulsora de la candidatura Gestido-Pacheco; el empresario vinculado al peronismo Fassano, entre otros.

Sin un partido marxista leninista y con un verdadero cóctel de ideologías pequeñoburguesas, no podía esperarse mucho de su programa.

El 25 de agosto, en víspera de las elecciones el Frente Amplio lanzaría un Documento donde establece las 30 primeras medidas de gobierno.

Allí se establece un programa con muy buenas declaraciones de intenciones, pero como acontece siempre con la pequeña burguesía, al no estar acompañadas de medidas concretas que apunten a un cambio estructural de la infraestructura, al alejarse de la materialidad concreta, esas buenas intenciones terminan siendo utópicas.

En primer lugar, estas medidas que estaban enmarcadas en una economía rural, mayormente exportadora de materias primas y derivados del agro no se planteaban un cambio de rumbo, sino un fortalecimiento del régimen económico existente.

En ese sentido, entre las medidas estaba ausente todo tipo de cambio en la política industrial y por tanto en la dependencia del país hacia las potencias imperialistas debido al atraso existente en la industria, lo que hacía al país dependiente de equipos y de medios de producción. Por otra parte, al priorizar la alianza con la burguesía nacional, el control de la producción no estaba entre sus objetivos, planteando en su lugar medidas de fiscalización, de optimización de recursos, etc., ya implementadas y fracasadas en gobiernos anteriores.

El programa tampoco planteaba la confiscación de los capitales no solo de los capitalistas, sino que tampoco de los banqueros y latifundistas quienes se habían enriquecido con la especulación desmesurada de la época. Esto no solo contradice lo que los marxistas leninistas planteamos como indispensable como medidas para la toma efectiva del poder económico luego de la revolución, sino que también contradice los postulados de liberación nacional abstractos que los revisionistas defienden, ya que si bien se plantea la limitación de su posesión de capitales y medios de producción, su fuente de poder sigue intacta.

Un claro ejemplo de lo que hablamos podría ser el siguiente párrafo:

La efectividad del derecho al trabajo, surgirá de la política agropecuaria, que asegure la permanencia en la tierra de los productores medianos y pequeños y de los trabajadores del campo y el aumento de la producción y la productividad, de la reactivación e intenso desarrollo de la industria, como consecuencia del aumento de la exportación y de la demanda interna, de la ejecución de un plan de obras públicas, así como de la creación de nuevas fuentes de trabajo.[3]

Como marxistas leninistas, sabemos que en la etapa del imperialismo ya no hay lugar para el desarrollo de un capitalismo independiente ya que todos los mercados y zonas de influencias están repartidos por las potencias imperialistas. Tal fue el la experiencia de las luchas de liberación nacional de mediados del Siglo XX (a excepción de la gigantesca en proporción, China), que sin desarrollo económico y sin una dirección clara fueron condenados a la dependencia de una u otra potencia imperialista.

El producto de todos estos factores, con la evolución de los hechos ha demostrado una vez más la imposibilidad del camino desarrollista y bien intencionado y el Frente Amplio no iba a ser una excepción.

Es este el frente electoral, con fuerte influencia en su fundación del PC revisionista, que lograría resumir electoralmente las luchas de los años 90 del siglo pasado y el descontento de grandes sectores de las masas con las políticas neoliberales, ganando el gobierno a fines del 2004 obteniendo mayorías parlamentarias, resultado que repetiría en los siguientes dos períodos.

En el transcurso de los dos primeros gobiernos del Frente Amplio (2005 a 2015) se vivió la coyuntura de altos precios de los commodities y la afluencia de importantes Inversiones Extranjeras Directas, lo que permitió extraordinariamente contar con importantes ingresos que posibilitaron hacer políticas sociales y aumentos presupuestales, disminución del desempleo y aumento del salario real en comparación con la crisis que vivió el país en el 2002.

Es claro que estos números positivos no se debieron a una cambio en las políticas, sino a un período de reestructuración del capital que conllevó importantes inversiones de los monopolios en toda la región y a la tracción de los precios de las materias primas principalmente por China.

El contexto de los dos primeros períodos en que gobernó el Frente Amplio posibilitaron un fortalecimiento del oportunismo, que buscaba a través de distintos planteos justificar el rumbo que tomaba el gobierno del cual formaban parte.

Con una gran creatividad, el revisionista PC de Uruguay, insistió en la tesis de la existencia de dos bloques en disputa, por un lado el del imperialismo acompañado con sus agentes locales también conocido como “bloque del poder” y por otro el bloque “contra hegemónico”  que sería una “expresión de las grandes mayorías nacionales, de todo el pueblo trabajador con centro en la clase obrera como sector más explotado…[que] incluye objetivamente a todos aquellos con intereses contrapuestos al imperialismo, incluso sectores de la burguesía no directamente asociados al capital transnacional” cuyas herramientas políticas fundamentales serían el Frente Amplio y la central sindical (PIT-CNT)[4].  Con estas ideas arrastró tras de sí a gran parte de los partidos y organizaciones reformistas.

Como se puede notar, se mantiene presente la unidad entre las clases trabajadoras y explotadoras con la perspectiva de alcanzar gradualmente la Liberación Nacional negando de hecho la existencia de la lucha de clases en la etapa actual.

Alguien podría creer que hoy existen sectores progresistas dentro de la burguesía uruguaya y que los gobiernos de esta coalición podrían enfrentarse al imperialismo; no es nuestro caso, pero tampoco parece ser el del PCU respecto a los gobiernos que ha defendido e impulsado del que afirma:

Las posibilidades de mayores avances sociales y económicos en nuestro país y de enfrentar la crisis económica mundial, se obstaculizan por algunos rasgos de la política económica que pueden resumirse en: el mantenimiento intocable de las reservas internacionales, la implementación de una política fiscal que no grava la riqueza del gran capital, el pago de deuda, y el sobredimensionamiento de la promoción de la inversión extranjera directa.[5]

Agregando que:

Las señaladas características de la política económica han permitido la aceleración de un proceso de concentración de la riqueza y de extranjerización de la tierra.[6]

(…)

El PBI uruguayo crece a niveles excepcionales y la mayoría de la población ha tenido mejoras en sus condiciones de vida. Pero la distribución de la riqueza resulta regresiva y las debilidades de nuestra economía en la relación internacional son cada vez mayores. El aumento de la riqueza generada y acumulada no se acompaña de incremento análogo del ingreso de los hogares del pueblo trabajador. La parte del plusvalor de la que se apropian las clases dominantes es cada día mayor.[7]

El revisionismo supo reconocer la existencia de un gobierno que mantuvo incambiadas las relaciones de producción, que aumentó los niveles de explotación hacia la clase trabajadora y que no solo se mantuvo sino que profundizó la dependencia con el imperialismo. Reformas sustantivas, que son muy cuestionables, acompañadas de conquistas ficticias para venderselas a los trabajadores y jugosos cargos en organismos del Estado fueron el pilar que los sostuvo dentro de un gobierno claramente antipopular.

Quien no conozca la realidad política de Uruguay en los últimos 15 años, puede pensar que el papel del oportunismo fue un apoyo crítico, fiscalizador y promotor de iniciativas a los gobiernos frenteamplistas. Pero muy lejos de eso, su complicidad con el gobierno fue total: votaron todas sus leyes, intentaron frenar toda expresión de movilización contraria a los intereses del gobierno y desmovilizaron por completo las organizaciones de masas donde tenían capacidad de conducción justificando así rebajas salariales, privatizaciones, etc.

Entre muchos ejemplos es elocuente su política de unidad con la burguesía utilizabdo la consigna generalizada que se lanzó en el movimiento sindical donde el baluarte objetivo máximo de todas sus “luchas” fue la defensa de los puestos de trabajo y el derecho a poder “negociar” con las cámaras empresariales sin reivindicación alguna en beneficio de los trabajadores.

Todo esto admitiendo la nulidad del proceso de cambios que decían impulsar.

Desde cualquier punto de vista racional, no hay lugar para plantearse que un modelo como el descrito y que el mismo PC revisionista admite como limitado, sea la base en la cual se sustenta todo camino de emancipación y construcción socialista, o que alguien piense que pueda apoyarse en estas fuerzas para avanzar hacia el socialismo. Solo quienes se sustentan en dogmas caducos pueden negar la realidad de forma tan clara; sólo quienes pierden por completo toda mira de la necesidad de la Revolución Proletaria y tienen el objetivo claro y jurado de combatir al marxismo leninismo, para convertirse en el apéndice de la burguesía, puede defender y llamar a la unidad nacional de forma tan descarada.

El tercer gobierno del Frente Amplio y la derrota electoral

El Frente Amplio gana su tercer gobierno en noviembre de 2014, en el mismo se estabilizan los precios de los commodities, se reduce el ingreso de IED, se termina el período de bonanza extraordinario, la vuelta a la normalidad pone en el primer plano las contradicciones inmanentes al sistema. En el tercer gobierno del Frente Amplio es un quiebre con los anteriores, el espacio fiscal se achica y se tiende a ajustar sobre los trabajadores, subiendo los impuestos a los sueldos, se suben las tarifas de las empresas públicas para aumentar la recaudación, se recorta el gasto público de educación y salud. A pesar de estas medidas el déficit fiscal aumenta. También crece el desempleo, se golpean los salarios a los que desde el gobierno se plantea desindexar, aumenta la precariedad y la informalidad.

Nuestro Partido planteaba sobre esto en mayo de 2019:

Los últimos datos oficiales confirman que el periodo de bonanza económica ha terminado definitivamente. En 2018 el PBI del Uruguay creció 1,6 %, y en los 4 años completados del actual gobierno (2015 a 2018) el promedio de crecimiento fue de 1,57%, notoria diferencia con respecto al promedio de los dos primeros gobiernos del Frente Amplio donde el PBI creció en promedio 5,4% cada año.

La disminución de la cantidad de valor generada por el capitalismo uruguayo pone límite a la política de conciliación de clases promovida por el Frente Amplio desde el gobierno. Lo que también se refleja en los datos:

El poder de compra de los salarios que entre 2005 y 2014 creció a un promedio de 4,25% cada año, desde 2015 en adelante lo hizo a razón de 1,56% y en concreto en 2018 creció solo 0,18%, a lo que si agregamos los 60 mil puestos de trabajos perdidos en el actual periodo tenemos que la masa salarial total del país ha bajado considerablemente.

Desde el lado del capital, la tasa de ganancia viene cayendo sostenidamente desde el 2013 a la fecha. Mientras que entre 2007 y 2015 los capitalistas reinvertían en el país el 11% de su propia ganancia, es decir además de reponer la materia prima y la amortización del propio capital ya invertido, invertían esas ganancias extras, en 2017 y 2018 ese número pasó a ser negativo, lo que significa que el capital en Uruguay no está invirtiendo ni siquiera para reproducir el propio ciclo económico, mucho menos para reproducirlo ampliamente.

Estamos nuevamente frente a los límites que tiene el desarrollo capitalista en un país dependiente del imperialismo.

Esta antesala de una crisis es una situación regional, en que el capital busca recuperar la tasa de ganancia como ocurre siempre en el ciclo económico: destrucción de fuerzas productivas (cierre de empresas, absorción de los más chicos por los más grandes), y baja general del costo de la mano obra.

Las consecuencias directas son una mayor concentración del capital y empeoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores.

El Estado, con su carácter de clase, es funcional a las necesidades del capital en periodos de crisis.

En ese sentido en Argentina y Brasil, donde el progresismo ha sido relevado del gobierno, ya se aplica un fuerte ajuste del capital contra la clase trabajadora.

Si en Uruguay el mismo no se aplica aun de manera abierta es debido a que nuestro país se encuentra en año electoral, y medidas abiertamente agresivas hacia el pueblo harían desbarrancar cualquier chance del Frente Amplio de aspirar a renovarse en el gobierno.

Sin embargo el gobierno del Frente Amplio viene aplicando un ajuste solapadamente, con diversas medidas que luego desde el discurso oficial se invisibilizan, contando para esto con una fuerte complicidad de los dirigentes sindicales y estudiantiles sin los cuales sería imposible que el gobierno pueda aplicar las medidas.[8]

Este agravamiento de la situación económica y el desgaste que sufrió el gobierno del Frente Amplio repercutieron en un aumento en los grados de movilización de varios sectores populares, en partícular la lucha por el presupuesto para la educación pública sumó a miles de jóvenes y docentes, luchas en defensa del medio ambiente, entre otras, abrieron posibilidades para que los marxistas leninistas crezcamos en medio de la movilización.

En este sentido es que se abre una coyuntura favorable para el crecimiento de las opciones revolucionarias, pero lo llamativo del resultado electoral es que la izquierda que podemos llamar revolucionaria, o al menos que no se ha plegado orgánicamente al Frente Amplio y que sigue levantando las banderas de la revolución sufrió un retroceso importante.  Pese al aumento de la movilización del movimiento social, de los grados de descontento de las masas, el Frente Amplio no sufrió pérdida de apoyo electoral por “izquierda”.

Para nosotros es de una importancia estratégica el lograr grados de unidad en el plano electoral, sindical, etc., entre los sectores de la izquierda que estén fuera del marco del Frente Amplio. Con esa premisa, los espacios que ya existen y tienen ya un camino recorrido y un acumulado que no se puede ignorar, tienen que ser tenidos en cuenta y valorados.

Dicho esto creemos que es necesario dar un debate fraterno, honesto y claro, para estudiar las razones de los retrocesos, estancamientos y poco crecimiento del espectro de estás fuerzas.

Sobre esto nuestro Partido planteaba en diciembre de 2019:

En los tres principales partidos de esta izquierda, el 26 de marzo, el PCR y el PT[9] se expresan fuertemente algunas desviaciones que es necesario analizar y en donde quizás den las razones del estancamiento o retroceso de estos partidos.

El 26 de marzo tiene una práctica que tiende a aislarse de las luchas sociales, la victoria que significó acceder al parlamento en las elecciones pasadas les dio un impulso para fundar una central obrera propia, la Confederación Sindical Gremial del Uruguay (CSGU). La CSGU nace de un impulso de un partido y un núcleo pequeño de militantes, no es el resultado de un proceso de debate y experiencia de masas de trabajadores que concluyan en la necesidad de una organización sindical paralela al PIT-CNT.

A lo largo de los años su condición de Central totalmente marginal ha permanecido incambiada. Hay que sumar que el 26 de Marzo tiene militantes en sindicatos que pertenecen al PIT, esto nos da la idea de que no hay una línea muy definida de cómo trabajar en el movimiento obrero por parte de este partido. Pero la tónica en general de la política que impulsan es a aislarse de las luchas de los trabajadores por expresarse esta en sindicatos que son parte de la central oficialista.

Por el otro lado tanto el PT como el PCR tienen definido trabajar dentro de los sindicatos que son parte de la central oficialista, ambos con una orientación seguidista a las masas, y a las luchas que las mismas dan sin tener en cuenta que estas están orientadas por direcciones oportunistas, que le marcan las perspectivas y el perfil.

El seguidismo de masas los coloca en los hechos como furgón de cola de las direcciones oportunistas, sin poder en muchos casos desarrollar una política propia, quedan pegados a las luchas que las direcciones marcan, y claudican frente a la perspectiva revolucionaria que dicen tener, al negarse a dar una lucha ideológica que ponga sobre la mesa los intereses cardinales del proletariado.

Y si hacen algo que se parezca a esta lucha ideológica, siempre lo hacen con el aval de las direcciones oficiales, siempre en el marco de lo aceptable y nunca denunciando o desenmascarando el rol del oportunismo. Terminan siendo así una oposición aceptable, donde todo su trabajo y esfuerzo no termina resumiendo en un crecimiento de las posiciones consecuentes y clasistas en el movimiento obrero.

Estas orientaciones pueden aproximarnos a la respuesta de por qué en el marco de un contexto favorable estos partidos no pudieron desarrollarse, pero por sobre todo nos da una idea de sobre la base de qué principios tenemos que impulsar nuestro trabajo como Partido en el movimiento social y en particular en el movimiento obrero.[10]

El Frente Amplio en definitiva por falencias y debilidades del partido marxista leninista o por sus capacidades, logra arrastrar tras de sí, sobre un discurso de la necesidad de “parar a la derecha”, a la mayoría de los sectores de izquierda. Pero la derrota le inflige un duro golpe, sus gobiernos no desembocaron en una sociedad mejor o en el socialismo, sino en un gobierno de la derecha tradicional que toma posesión del mismo en un país con una complicada situación económica.

El escenario nuevo

El escenario que se abre, con el oportunismo fuera del gobierno y con la Coalición Multicolor en el mismo, exige a todos los partidos analizar la situación concreta y tomar medidas para adaptarse a la nueva realidad. La mayoría de los partidos de izquierda independientes del Frente Amplio, casi únicamente con la excepción del PCMLU, han optado por plegarse a la agenda que el oportunismo propone.

Sobre la situación actual planteábamos en diciembre del 2019:

No existen indicadores que se lleve adelante por parte del gobierno de Luis Lacalle un fuerte ajuste o un ajuste de “shock”. En gran parte porque el gobierno saliente del FA le adelantó gran parte del trabajo, y por otro, porque viendo lo que ha sucedido en Brasil y Argentina es posible que no quieran seguir los mismos caminos si quieren mantenerse en el gobierno.

La principal preocupación que se ha planteado públicamente ha sido el déficit fiscal, por esto es de esperarse una continuidad en el aumento cero y recortes en el gasto del Estado, en la disminución de los empleados públicos y en el aumento de las tercerizaciones y obras por PPP.

En lo que respecta a la competitividad, ya el gobierno actual ha impulsado la desindexación salarial de amplios sectores, y una devaluación importante que si bien es esperable que continúe, no tendrá un impacto fuerte.

Es decir, no estamos frente un panorama de un gran ajuste, y como consecuencia una resistencia de la clase trabajadora al mismo, donde tenga que existir a pesar de las direcciones oportunistas movilizaciones y luchas.

El rol de las direcciones oportunistas tampoco parece ser que sea el de fomentar la movilización y la lucha en este período, y eso no debería sorprendernos: los partidos que dirigen en este momento los sindicatos y gremios no son oportunistas en los gobiernos del Frente Amplio y revolucionarios en otros, por el contrario, el contenido fundamental de su política permanece incambiada.

Y en el mismo informe más adelante decíamos:

Como Partido tenemos el desafío de ganarnos la confianza de los trabajadores y los sectores populares en los sindicatos, en los gremios, en los barrios y en las elecciones. Tenemos que convertirnos en una alternativa real para dirigir las organizaciones de masas, para gobernar, y el Partido tiene que dar una lucha ideológica para poner al socialismo como una alternativa al capitalismo, como una posibilidad real.

Impulsar las luchas, generar la necesaria experiencia de masas, es una condición para que éstas comprendan gran parte de los postulados que están en nuestra línea, por esto es una orientación del Partido sumarse y participar en las luchas que expresen las necesidades y demandas de los trabajadores y los sectores populares, pero entrar a las misma con una política propia, con una visión marxista leninista.[11]

La pérdida del gobierno por parte del oportunismo le propicia un duro golpe, todos sus pronósticos fueron echados por tierra, se abre un escenario favorable nuevo para que las fuerzas revolucionarias se recompongan, se organicen y se fortalezcan, y nuestro Partido va a aportar decididamente a este proceso. 


[1] Browder, Teheran, Our Path in War and Pace, 1944

[2] Frente Amplio, Declaratoria Constitutiva, febrero de 1971

[3] Frente Amplio, 30 primeras medidas de gobierno, agosto de 1971

[4] PCU, Documento y Resolución General del XXX Congreso, 2013, página 4.

[5] Ídem, página 14.

[6] Ídem, página 15.

[7] Ídem, página 16.

[8] PCMLU, informe CC mayo de 2019.

[9] 26 de Marzo partido que viene de tradición tupamara, Partido Comunista Revolucionario (PCR) partido de orientación maoísta y Partido de los Trabajadores (PT) partido de orientación trotskista.

[10] PCMLU, informe CC diciembre de 2019.

[11] Ídem.

No Comments

Add your comment