8 de marzo: día de la mujer trabajadora: ¡Luchemos por salario, trabajo y dignidad!

8 de marzo: día de la mujer trabajadora: ¡Luchemos por salario, trabajo y dignidad!

El origen de esta fecha condensa la lucha de miles de mujeres trabajadoras contra las injusticias del sistema capitalista de fines del siglo XIX y principios del XX, de hecho fue en 1910 que el Congreso Internacional de Mujeres Socialistas fijó el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Sin embargo, a lo largo de los años la burguesía ha logrado apropiarse de la fecha y sacarle el contenido de clase, conmemorando el “Día de la Mujer” a secas.

Esta estrategia de la clase dominante, tiene como objetivo el desarme ideológico y organizativo de la clase trabajadora. Se desdibujan los objetivos de lucha, se lavan las consignas y de esta manera la clase obrera se deja de percibir como sujeto capaz de transformar la realidad.

Llevado a la actualidad tiene varias demostraciones.

Por un lado, discursos que plantean que todas las mujeres deben pelear con una agenda común, negando las diferencias de clase y juntando en una misma consigna intereses objetivamente opuestos, poniendo al “género” como el problema central.

Estas posiciones se reflejan en grupos liberales que han hegemonizado los discursos en torno a la problemática de la mujer en nuestro país, imponiendo planteos como la paridad en ámbitos políticos y gubernamentales, planteada a través de las leyes de cuotas. En el mismo sentido, se impulsa la participación de más mujeres en puestos de dirección de empresas privadas, instituciones gubernamentales y ámbitos académicos, poniendo sobre la mesa el llamado “techo de cristal”.

Por otro lado, en los últimos tiempos se ha tomado como uno de los ejes principales dentro de las movilizaciones de mujeres el tema de la identidad, el género y la orientación sexual. Esto ha tendido a desplazar otras reivindicaciones como la salud sexual y reproductiva de las mujeres o la dependencia económica, pero más grave aún, es que han incluso contribuido a desplazar al sujeto protagonista de la lucha, la mujer trabajadora, por un grupo difícilmente unificable en donde se incluyen también las disidencias y minorías sexuales.

Este discurso en el que se incluyen a todas o a “todes”, se ha tornado en algo políticamente correcto contra lo que los diferentes grupos y organizaciones se niegan a oponerse y ser catalogados de conservadores y discriminatorios.

Todos estos planteos refuerzan la dicotomía entre hombre y mujer, al mismo tiempo que amplían las diferencias internas dentro del movimiento de mujeres en donde cada una se siente identificada con otra según rasgos secundarios, y la categoría de mujer de clase trabajadora queda completamente al margen.

Esta estrategia política no ha buscado otra cosa que dividir a la clase trabajadora, dificultando aún más la identificación de las mujeres trabajadoras con el resto de su clase, impidiendo la unión necesaria para llevar adelante una lucha de transformación real de la sociedad que permita la solución a los grandes problemas de la clase.

Actualmente y en un escenario de ataque a las condiciones de vida de la clase trabajadora, son las mujeres las que sufren en mayor medida la explotación. Al tener los trabajos más precarios, son las primeras en ser despedidas o enviadas al seguro de paro. Asimismo, la tasa de desempleo femenina es mayor a la de los hombres, y sobre ellas recae la mayor parte del trabajo no remunerado (doméstico y de cuidados). Sumado a esto, son las mujeres trabajadoras quienes tienen un peor acceso a los servicios de salud y quienes están más expuestas a situaciones de violencia machista. Esta realidad se vio profundizada en la coyuntura actual debido a la pandemia del coronavirus.

Sin embargo ninguno de estos planteos son puestos sobre la mesa por las organizaciones sociales y sindicales que buscan acaparar la atención en una fecha como el 8 de marzo. El reformismo, expresado en la Intersocial Feminista, se encuentra totalmente embarcado en la acumulación al progresismo a través de la juntada de firmas por la derogación de la LUC, buscando lateralmente vincular consignas abstractas a la situación de las mujeres. Y por otro lado, sectores del feminismo radical, convocan a movilizarse “contra la precarización y el control de la vida”, sin explicitar una consigna en concreto sino dejando a libre interpretación de cada persona la razón por la cual se moviliza.

Desde nuestra perspectiva es necesario exponer los problemas materiales de las mujeres en nuestro país, identificar que el origen de todos ellos tiene relación con el sistema económico y que la organización de las mujeres trabajadoras es objetivamente necesaria y fundamental para el triunfo de toda la clase contra la explotación.

Desde el Partido y con este fin, trabajamos para elevar la organización de las mujeres en los distintos espacios de lucha, para elevar la conciencia de las masas de mujeres, y así, en conjunto con el resto de la clase trabajadora, ganen protagonismo y defiendan sus intereses. Este 8 de marzo convocamos a las mujeres trabajadoras y a la clase trabajadora en su conjunto a ganar la calle y hacer sentir sus reclamos y demandas específicas.

¡Por el Poder Popular y el socialismo!

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